Más Allá de la Navidad
Minuto a Minuto

26 de diciembre de 2014

- La Historia Jamás Contada -

La época del año más reconocible, pero a la vez menos comprendida en términos psicosociales en la llamada “cultura occidental” –Europa y sus antiguas colonias americanas-, es sin duda la Navidad. En parte por la mitología oficial, que ha hecho prácticamente obligatorio celebrar, reunidos en familia, el nacimiento –de ahí el nombre- de un “salvador de la Humanidad” en condiciones climáticas, geográficas e históricas por demás fantásticas como, incidentalmente, corresponde a un mito. Pero incluso la autenticidad autoral del conocido relato queda en entredicho por la existencia de antecedentes registrados por la Antropología y la Historia –no el INAH, obviamente-. (Al igual que muchas otras celebraciones cristianas, como la Candelaria –colectivo de “vela”, velerío-, que ya describía el viajero Herodoto de Halicarnaso en su Segundo Libro de la Historia, dedicado a la musa Euterpe, como costumbre egipcia. Sólo que vivió en el siglo IV antes de Cristo.)

Pero aun siendo ése el motivo declarado, las celebraciones decembrinas cumplen otro tipo de funciones, tanto individuales (existenciales) como POLÍTICAS, de control social. Entre las primeras está reafirmar al sujeto como miembro aceptado o reconocido por la sociedad –su sociedad-, una especie de re-iniciación o confirmación simbólica anual en ella, donde muchos de los que no vio en el año, están solemnemente presentes para departir con él o ella. Por eso, la falta de –cuando menos- una reunión como ésta a la cual acudir, resulta devastadora para su autoestima al confirmar objetiva, no imaginariamente su marginación de los otros, acentuando así la sensación de soledad y desamparo provocada por el retraimiento de sus conocidos –acquaintances- en sus círculos privados. (En este sentido la Navidad es, cuando menos, un arma de doble filo.)

depresion-navidadSon también ocasiones para desahogarse y compartir intimidades de todo tipo, algo como una exigua compensación de la indiferencia mutua prevaleciente el resto del año. Y muchas otras cosas que van pintando un cuadro conocido: una reunión social no sólo laica sino informal, no protocolaria entre personas, para escándalo de los puritanos que quisieran se dedicase exclusivamente al culto del héroe o semidiós -mitad dios, mitad humano-, otro concepto ancestral tomado “prestado”.

Su función política podría resumirse lapidariamente así: “o te alineas ideológicamente o quedas excluido del grupo”, tal como lo desarrolla extensamente en su libro LA DESCOLONIZACIÓN DEL NIÑO el psicoanalista francés Gérard Mendel a propósito del “condicionamiento a la Autoridad” y el principio sobre el que opera, que es el temor al abandono.

Por eso es apenas cuestionable que la tradicional celebración navideña haya dejado paso a una reunión puramente social, sin pretensiones metafísicas, más una ocasión de reafirmarse recíprocamente en la propia individualidad, que continuar como un dispositivo reforzador de la ideología gregaria, corporativa, donde todos a una se someten a la tiranía de un mito o, más propiamente, de quienes se dicen sus guardianes en la Tierra.

En todo caso, las diversas formas en que se vive esta celebración, constituyen un aspecto más de la multiculturalidad propia de las sociedades urbanas desarrolladas.

Fernando Acosta_ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.