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¡A CALLAR Y A VOTAR!
Por: Roberto Martínez Garcilazo*
8 de junio 2009
Ahora resulta que la iglesia católica –la única monarquía absoluta que actualmente existe en el mundo- tiene vocación democrática y está preocupadísima por la creciente efectividad de la campaña ciudadana que promueve, para el próximo 5 de julio, el insólito ejercicio el voto nulo como repudio a un sistema político degradado.
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Resulta ahora que los príncipes de la iglesia imperial universal y monolítica en México (Sandoval y Rivera) son patrióticos promotores del voto de la plebe.
Parafraseando uno de los textos –presuntamente sagrado- de esa iglesia, con ánimo pedagógico, escribo: de cierto os digo que por los promotores del voto, la naturaleza del sistema conoceréis
La polémica sobre el voto nulo nos ha revelado que el fundamento del sistema político –y de la vida de privilegios económicos de la clase política y de los gobernantes- es la docilidad de los millones de anónimos y miserables electores.
Llama la atención quienes son ahora los súbitos y nacionalistas promotores del voto: los jerarcas de la iglesia católica, los jerarcas de la iglesia cristiana, los consejeros del IFE, los lideres partidistas, algunos -por cierto que ni en defensa propia actúan- diputados y senadores, y ciertos articulistas y columnistas.
Estamos frente a un fenómeno inédito de la vida política nacional reciente; ante un poderoso movimiento ciudadano que promueve la anulación del voto como protesta en contra de la corrupción e ineficiencia de la clase política y de los gobernantes.
Del torrente de textos que durante estos días recientes han circulado en la prensa nacional rescato los siguientes fragmentos.
Sergio Aguayo Quezada escribe en su artículo titulado “La náusea” (Reforma, miércoles 27 de mayo del 2009) lo siguiente: Porque la corrupción política me provoca una nausea incontrolable he decidido anular mi voto. Es una decisión surgida del convencimiento de que estamos ante una degradación política sistémica (…) los partidos son un oligopolio que monopoliza los accesos a la vida pública (…) son una burocracia decidida a reservarse cargos públicos con salarios extravagantes y exigencias mínimas (…) Ni los partidos, ni los árbitros electorales son capaces, como instituciones, de reformarse a sí mismos; iría en contra de sus intereses. Cualquier cambio requerirá de la presión social y una forma concreta de enviarles un mensaje de protesta es la anulación del voto.
Diego Valadés, “Votar no/ no votar” (Proceso 1701, domingo 7 de junio del 2009): Yo no voy a anular mi voto, mi voto lo anularon los partidos (…) tampoco puede haber democracia con un elenco de partidos que actúan como franquicia electoral o movidos por una visión patrimonialista del poder (…) Yo votaré no: no más mediocridad; no mas claudicación del Estado Laico; no más abatimiento de las instituciones. No más postración cívica.
Denise Dresser, “Aspirar a más” (Proceso 1701, domingo 7 de junio del 2009): Los políticos saben que han logrado erigir un muro infranqueable en torno a su alcázar; tienen una situación inusual y privilegiada que quieren perder (…) Siento que si tacho la boleta a favor de cualquier persona –en estas condiciones- acabaré contribuyendo a legitimar un sistema que actúa cotidianamente al margen de la ciudadanía (…) es un sistema político que no asume la representación como punto de partida, como cimiento fundacional (…) El problema es que los partidos insisten en que nos representan adecuadamente cuando no es así (…) Porque, como ha escrito José Antonio Crespo, votar por el partido menos malo equivale a comprar la fruta menos podrida.
Jacobo Zabludovsky en su escrito “Mi voto ¿nulo?” (El Universal, lunes 8 de junio del 2009): Una elección en que no se decide la Presidencia de la República, que generalmente atrae poca atención y votantes, se ha colocado en forma súbita como tema de discusiones, polémicas, conversaciones y hasta pleitos familiares. El voto ha cobrado importancia gracias a la presencia abrumadora de ciudadanos que se oponen a depositarlo en las condiciones legales vigentes. Las consideran injustas, contrarias a la esencia de la democracia que es el derecho de elegir a sus gobernantes. El corsé explotó y la voluntad asusta a los dueños del mecanismo. Su impunidad y arrogancia los hizo olvidar que Lucifer no se fue al infierno por malo, sino por soberbio. Ahora son llamados a juicio mediante un procedimiento inesperado: el voto nulo (…) Los poderes políticos y fácticos sienten pasos en la azotea. Presienten que más que un voto anulado es una especie de inesperado plebiscito. No hay manera de anular el voto nulo (…) Viene una contraofensiva. La gaceta religiosa dijo que la anulación es una actitud antidemocrática. Que debemos votar por candidatos. Representantes de sindicatos afines, líderes charros, gremios empresariales, intelectuales domésticos y artistas exclusivos expresarán su asco al voto nulo. Desde las telenovelas hasta los juegos de futbol se usarán para convencer al público del peligro de la anulación que pone en riesgo a la patria (…) Y no se deje equivocar: anular es votar, no para matar a la democracia, sino para fortalecerla. Para anular lo que la agrede.
Tiempos son estos de desmesura emocional y vulgar arrogancia.
¿Cómo es posible que los beneficiarios de los privilegios del sistema político se atrevan a reconvenir y sermonear a los ciudadanos que los critican?
Los políticos profesionales –civiles y religiosos- beneficiarios de un sistema erigido sobre la precariedad del pueblo (no olvidar que todavía es una categoría constitucional), sobre su pobreza, su rezago educativo, su desempleo y su falta de horizonte de esperanza de redención, se atreven a exigirle docilidad y silencio: ¡A callar y a votar!
José Woldenberg, entrevistado por Álvaro Delgado (Proceso 1700, 31 de mayo del 2009) definió –de manera despectiva y arrogante- a los activistas del noto nulo con la siguiente expresión: “Una masa unida por el no a lo existente e incapaz de trazar rutas alternativas”
Sin duda: el voto nulo no es un mecanismo de transformación del sistema político; es en cambio, un signo que debe atenderse con ánimo hermenéutico. No es una estrategia política, es una reacción pasional, en contra de los corruptores de la nación, que puede devenir en programa de acción.
Lectora, lector, que hasta aquí me sigues: recuerdo ahora una nota de Soledad Gallego Díaz, la publicó El País el pasado 10 de mayo del 2009, sobre la situación política argentina. En esa se decía que los argentinos percibían como el segundo problema nacional, después de la inseguridad, la corrupción de su clase política. ¿Los mexicanos habremos llegado a la misma conclusión?
(Para callar y obedecer y no para discurrir y opinar en los altos asuntos del gobierno nacieron los súbditos de Su Majestad, decía –entre otras disposiciones- el bando público fijado en las calles de la Nueva España, el 26 de junio de 1767, por el Virrey, marqués de Croix. En este documento infame se amenazaba, con la ejecución, a los vasallos desobedientes que no respetaran las siempre justas resoluciones de su soberano. El título de este articulo es una paráfrasis de esa imperativa y Real reconvención, hoy actualizada por una intolerante casta de privilegiados)
*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.
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