LA PUEBLA NEGRA Y LA PUEBLA LIBRE
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martinez garcilazo.jpgLA PUEBLA NEGRA Y LA PUEBLA LIBRE

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

Lunes 23 de marzo del 2009

 

Vivimos los días del pardo pragmatismo político. Ni rojo, ni azul, ni amarillo: todos los políticos son pardos. En búsqueda frenética del beneficio personal, los agentes políticos hacen a un lado –es que estorba mucho- las ideologías características de sus organizaciones y se lanzan en pos de sus pecuniarios objetivos individuales.

 

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Vivimos días de crisis de referentes y de identidades simbólicas. Se asemejan cada vez más los discursos y las conductas de los agentes políticos. Los principios y los programas de acción son literatura en proceso de extinción. La congruencia de palabras y actos, pieza de museo.

 

La política es actividad de élites, no del pueblo (No olvidemos que Pueblo es una categoría política consagrada por la Constitución Mexicana). Los gobiernos y el sistema de partidos actúan de manera autónoma al pueblo. Los intereses de las burocracias políticas son inversamente proporcionales del pueblo.

 

¿Existirá relación causal con el abstencionismo electoral y el bajo rendimiento escolar de los pobres de México?

 

Lo pregunto porque Noam Chomsky en su libro “Ilusiones necesarias: control del pensamiento en las sociedades democráticas” explica que ese control del pensamiento de los electores es imprescindible para el ejercicio del poder político por parte de las élites y, además, que ese control opera por medio de tres estrategias: 1. Privación de las condiciones objetivas que favorecen el pensamiento crítico (educación, salud y empleo). 2. Inhibición y/o supresión del pensamiento crítico por medio de la violencia estatal. 3. Cooptación financiera de los agentes creadores de pensamiento público (periodistas, políticos, escritores y líderes del mundo del espectáculo) para que elaboren y difundan las versiones del mundo convenientes al ejercicio del poder.

 

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Estamos a unos meses del centenario de la Revolución Mexicana y es obligado  preguntarnos sobre su vigencia u obsolescencia.

 

¿Hemos superado la desigualdad y la iniquidad de las estructuras sociales que propiciaron el levantamiento armado?  O, por lo contario ¿Se mantienen esas condiciones desfavorables para la vida plena del pueblo?  

 

No pretendo argumentar a favor de la insurrección armada de los pobres en contra de los poderosos, antes bien, afirmo que la vía electoral es el instrumento idóneo para la reforma social en beneficio de las mayorías de México.

 

¿Pero qué pasará si las opciones partidistas se desdibujan y, súbitamente,  se asemejan en sus discursos y prácticas políticas?

 

La penalización del aborto no es una petición de la sociedad –como planteó cierto dirigente político del PRI- es una demanda histórica que la derecha clerical enarbola a nivel mundial. Ahora en Puebla esta demanda ha sido obsecuentemente satisfecha. 

 

Recuerdo que el programa de acción del PRI dice “Reconocemos que los derechos de las mujeres están por encima de cualquier disposición gubernamental, costumbre, tradición, o creencia…” sin embargo el 12-m ocurrió lo contrario a lo que la congruencia y la identidad política –del partido y de su electorado-  pedía.

 

Pienso en la siniestra y anacrónica y, paradójicamente- exitosa empresa trasnacional llamada iglesia católica y recuerdo y cito este pasaje de Manuel Vicent: “Si en su momento la iglesia condenó la vacuna de la viruela, la instalación del pararrayos, la anestesia, la transfusión de sangre y el parto sin dolor tampoco hay que sorprenderse de que se oponga frontalmente, ahora, a la investigación con las células madre … Ninguna amenaza de los antiguos dioses, ningún anatema de los modernos servidores del templo, pese a tener a Prometeo encadenado o a haber mandado a Giordano Bruno a la hoguera, han logrado detener el impulso del cerebro humano, que le lleva a abrirse camino en la oscuridad. A lo largo de la historia los poderes sagrados han hecho que todos los avances de la medicina tuvieran siempre un carácter furtivo. Jugándose la excomunión Vesalio, en el siglo XVI, se vio obligado a robar cadáveres de los cementerios para estudiar la anatomía humana, hasta que un juez de Padua le proporcionó a escondidas cuerpos de criminales recién ajusticiados”.

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Sólo unas semanas transcurrieron desde aquella lapidaria sentencia de Bartlett –El PRI es el cabús del PAN- para que sus palabras se actualizaran y adquirieran estatus de axioma. Después del 12-m, los promotores de la reforma constitucional tendrán ahora que modificar legislaciones secundarias como el código civil, el código penal, la ley estatal de salud y la ley estatal de educación; además de reorientar ciertos programas de política pública. Tienen ahora la tarea de convertir la doctrina de la iglesia en política de gobierno.  Por esto, hay homenajes que infaman. No debió ser que quien, el 12-m, denostó el legado político del presidente Juárez (Estado Laico; Separación de la Iglesia y el Estado), haya velado –simbólicamente- su honor durante  la ceremonia oficial del sábado pasado.

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Lectora, lector, se expende durante estos días, en los puestos de periódicos un libro de Raúl Moncada llamado “Charlas de café con los hermanos Serdán”. Si me fuera permitida la licencia poética, diría que los Hermanos Serdán pasean por las esquinas de la Puebla que amaron y por la que murieron. Las siguientes son palabras de las páginas 20 y 21 del libro:

- Pero también has de saber que la ciudad de Puebla no sólo está poblada de déspotas y cobardes, sino que también hay en ella, hombres de corazón, hombres libres. Afirma Aquiles.

–Es decir, acota Carmen Serdán, no sólo existe la Puebla negra, sino también la Puebla libre. Como le gusta decir a Ignacio Ibarra Mazari.

 – ¿Y a qué atribuyen ustedes el rechazo o la indiferencia de la clase media poblana para sumarse a la causa de Madero? Pregunta Moncada...

-Pues de acuerdo con mi modo de pensar, esa indiferencia de la clase moderada de Puebla hacia “el ignominioso vasallaje a que nos han sometido”, se debe, como ya dije antes, a la cobardía y al conformismo de una clase que prefiere soportar “los incalificables abusos, que a diarios se cometen por quienes forman el círculo mefistofélico que rodea al general Díaz”, que dar su apoyo a quienes pretendemos acabar con esos abusos, ese vasallaje y esa falta de moralidad. Otro impedimento más que espanta a los timoratos para afiliarse al Maderismo es su temor de que la agitación política provocada por el movimiento antirreleccionista  pueda desembocar en una revolución. Palabra que asusta a los apocados porque la interpretan como caos político, barbarie del populacho, ambición de caudillos sanguinarios, y, sobre todo, porque significa tomar el poder mediante la violencia.

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Termino con esta irrecusable proposición de Chomsky: La fabricación de ilusiones necesarias para la gestión social es tan vieja como la historia.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla. 

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