27 de noviembre de 2014
La brutalidad ha llegado a un límite extremo. Los acontecimientos que envuelven la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero, nos demuestran que el estado, en contubernio con la delincuencia organizada, lleva al tope sus acciones delincuenciales y nos da más elementos para darnos cuenta de las atrocidades que se llevan a cabo y que la mayoría de las veces ni advertimos siquiera. Es el estado, sí, pero también lo son todas las corrientes políticas: PRI, PAN, PRD, Nueva Alianza, Partido Verde, Morena quienes nos han llevado a un escenario ridículo de violencia y confrontación. Son todos ellos, los de la clase política, los que nos han orillado al hartazgo total.
A esto sumamos los recientes anuncios y polémicas declaraciones tanto del presidente de la república como de la primera dama (primera dama: que eufemismo más “elocuente”) sobre la propiedad multimillonaria que declaran es patrimonio familiar en forma de pago por los años de arduo trabajo en la empresa Televisa por parte de esta “primera dama” de la nación. Ella juzga que las acusaciones en su contra son un insulto a su familia… vaya ridiculez total en el marco de la situación socio-política-económica que actualmente azota, desangra, asesina a la nación entera. Y el tema, la parte central y medular, no es la famosa “casa blanca” sino el abuso descarado y brutal que ha ejercido la clase política a lo largo de tantas décadas sobre nuestro país. Más aún en la terrible coyuntura que sufrimos por causa de la mala política y la opresión ejercida contra las clases más pobres, vulnerables y marginadas del territorio nacional.
¿Qué sigue? Pues bien, yo sé que la gran mayoría de los ciudadanos no nos lanzamos a las calles a hacer disturbios, aunque tengamos muchas ganas y motivos para hacerlo, pero podemos empezar por emprender protestas, acciones radicales y urgentes, tales como:
1.- Ya no apoyar al famoso y multimillonario “Teletón”: Es verdad que como sociedad debemos apoyar y ayudar a grupos vulnerables como enfermos terminales, ancianos, menores y adultos con discapacidad, pero el descaro de Televisa y otras empresas va más allá de la pantalla “altruista” que ostentan y éste famoso “teletón” representa otra forma ingeniosa más de robo a gran escala que como mexicanos ya no podemos seguir permitiendo.
2.- Dejar de seguir tan fervientemente a “nuestra selección” de fútbol: es un negocio multimillonarios y el botín se lo reparten las 2 grandes televisoras mexicanas, las nefastas Televisa y TV Azteca. Ellos y solamente ellos son los grandes beneficiados con el fanatismo desenfrenado de la afición mexicana que vuelca todas sus esperanzas y deseos de superación en mediocres juegos de balón pie por parte del “tricolor”.
3.- Parar de contribuir con la ridícula y saqueadora misión “eclesiástica”: es un cáncer que venimos arrastrando desde la conquista española. No es de ningún beneficio, al contrario, la empresa católica en nuestro país merma cada vez más las oportunidades de ser una nación fuerte en todos los sentidos sociales. Nos priva de una visión como país que pueda conducirnos a mejoras sustanciales en materia económica, cultural, intelectual. La iglesia católica forma una mancuerna perfecta con el estado para mantener a la población atada,
secuestrada, privada de una independencia mental urgente. La brutalidad que ejerce sobre sus feligreses y sobre todos los habitantes en México es de dimensiones alarmantes. Debemos detener el atraso que esto representa. Dejemos de hacer caso a ojos cerrados a los padres y sacerdotes de toda jerarquía de la iglesia y creamos más en nuestro criterio y en nuestra capacidad de reflexión, de crítica, pero una crítica fundada en una mejor educación.
4.- No votar: ya no seamos parte de la maquinaria nefasta del gobierno llamada “instituto electoral”. No sirve de nada. Es un cambio de oligarquía política por otra. Todos los partidos políticos están organizados para recibir millonarias cantidades de dinero cada año para continuar con su existencia parásita robando recursos enormes a la nación, recursos que son obtenidos gracias al trabajo de millones de mexicanos y que ellos solamente reciben a manos llenas directo de la boca del gran engranaje político nacional que regurgita la riqueza robada.
5.- Educarse a conciencia: tomemos las riendas de nuestras vidas verdaderamente. Démonos cuenta de la gran ignorancia en la que estamos hundidos. Eduquémonos y eduquemos a los demás. Leamos, aprendamos, comuniquemos y seamos partícipes activos de una real transformación que nos lleve por caminos diferentes, caminos que no redunden en la desinformación, la ignorancia, el conformismo y la apatía. Al estado y a la religión les conviene de sobremanera tener al pueblo ignorante y agachado, hincado, derrotado.
Protestemos pues de estas y otras maneras, hagamos saber a los que nos dirigen que ya estamos hartos y cansados de sus estupideces y sus malas decisiones, que se den cuenta que ya despertamos y que no queremos seguir contribuyendo a sus ineficaces políticas de estado. Dejemos ver que nos tienen aburridos y enojados. Ni un voto más para nadie. No más sumisión ante la iglesia retrógrada. No más fanatismo desmedido por el fútbol y las televisoras. No más contribución a teletones y “reality shows” que enajenan al país.
Eduquémonos, comprendamos, eduquemos y luchemos.
Lalo Mandragore
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