Diseñadores industriales aportan su creatividad a la paz
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BOGOTÁ D. C., 14 de diciembre de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Estas iniciativas fueron desarrolladas con excombatientes en el marco de los “Talleres de creatividad itinerante para la construcción de paz y nuevas ciudadanías”, proyecto de egresados de Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Los responsables de ejecutar el proyecto fueron Adriana Castellanos, directora, y los diseñadores Laura Fúquene, Viviana Arango, Robert Vivas y Julián Henao, quienes se enfocaron en la innovación social, área en la que se considera que el diseño es una habilidad que tienen todas las personas y que se da mejor según la estimulación de la creatividad.


En esta ocasión buscaban, precisamente, generar espacios para el fortalecimiento de la creatividad, pero –de fondo– aportar a la construcción de tejido social acompañando el proceso de reintegración a la vida civil de los excombatientes que se encontraban en uno de los ETCR del Cauca.

Lo anterior “teniendo en cuenta que tener fortalecida la capacidad creativa genera mayor valor propio y capacidad de adaptación a realidades complejas”, manifiesta la diseñadora Fúquene, quien recalcó la importancia de reconocer los recursos y saberes del territorio. Esto con el fin de aportar a la construcción de paz, la cual trabajaron con una población diversa: comunidades afro, indígenas, campesinas y excombatientes de diferentes edades.

Entre el diseño y lo social

Para lograr este propósito, se llevaron a cabo tres grandes fases: escuchar, crear y entregar. En la primera se elabora el diagnóstico y se hace la aproximación; en la segunda se implementa el trabajo creativo con la cocreación, y en la última se devuelve a la comunidad el resultado de todo el trabajo construido en equipo.

Para el equipo investigador lo más importante del proyecto no son los productos finales, sino el desarrollo de la propuesta metodológica estipulada.

“En este caso se empezó a identificar el nivel de satisfacción de necesidades humanas fundamentales: cómo las satisfacían en el pasado, antes del Acuerdo de Paz, tanto víctimas como victimarios; cómo las satisfacían en el posacuerdo, es decir actualmente, y cómo les gustaría satisfacerlas”, explican los investigadores.

Las necesidades menos satisfechas y priorizadas por la comunidad fueron: participación, libertad y protección. Tras debatir cómo podían desde el proyecto aportar a su satisfacción, en conjunto con las comunidades, decidieron abordarla desde la seguridad alimentaria. De ahí, ya en la fase de creación, surgió la propuesta de hacer los invernaderos.

“No queríamos que se construyera un solo invernadero en el ETCR, porque algo que distanciaba a los excombatientes de los campesinos y vecinos era que en la implementación de los acuerdos de paz, muchos recursos se concentraron inicialmente en los primeros, entonces los campesinos siempre han quedado en un limbo, porque no son un grupo indígena ni afro, no tienen una condición especial por ley que defienda sus derechos, aunque su ruralidad la requiera”, explica la diseñadora Fúquene.

La violencia no descansa

El resultado más importante fue que efectivamente este tipo de proyectos y metodologías generan espacios de integración. Aunque al inicio algunas personas tenían conflictos o era difícil hablar de ciertos temas, al final se percibía más confianza entre estos grupos.

Sin embargo, en términos materiales, de los tres invernaderos solo uno llegó hasta la fase de cosecha. Debido a la violencia que se empezó a reconocer en este territorio en el marco de los resultados de las elecciones presidenciales de 2018, una persona que formaba parte del proyecto fue asesinada, muchos desertaron y otros fueron desplazados. El miedo a que los atacaran los hizo migrar y abandonar el territorio.

De esta situación, los investigadores concluyen que en un escenario donde coexisten tantos factores y disputa por el territorio se requiere presencia institucional y mucha voluntad política. Es necesario “actuar con la convicción de que nuestro proceso de paz es una oportunidad única y es responsabilidad de todos hacerla viable, buscar la manera de construirla desde nuestras capacidades”.

El proyecto fue apoyado por la Fundación Ciudad de Cali, con su investigadora Orfa Margarita Giraldo, quien fue clave para llegar al territorio.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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