Valsequillo: En busca de los pasos perdidos
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16 de diciembre de 2014

Valsequillo no es sólo una represa extremadamente contaminada, esencialmente es un laboratorio extraordinario. Nombrado Humedal de Importancia Internacional, o sitio Ramsar, una denominación que proviene de la ciudad iraní donde se realizó la primera declaratoria sobre humedales en 1971, patrocinado por Unesco, la región se encuentra amenazada por la presión urbana y la indiferencia de autoridades y comunidad. Desde la primera reunión en Ramsar, Irán, al momento actual, se han declarado algunos miles de estos peculiares sitios alrededor del mundo y, cuya importancia ecológica, es fundamental para las regiones donde se encuentran. Valsequillo fue declarado Humedal de Importancia Internacional por sus características de nicho ecológico donde ha sido posible encontrar evidencias fósiles y geológicas que extienden la importancia regional como uno de los laboratorios naturales relevantes, no sólo por la biodiversidad alojada en la región, que lo convierten en un sitio esencial para investigar el intercambio de poblaciones de fauna y flora entre norte y Sudamérica, también adquiere una especial importancia por sus características fosilíferas y potencial de investigación paleoclimática, es decir, el estudio de los climas prevalecientes en el pasado.

Los climas en la región, de hecho en la Mesa central de México fueron afectados por al menos cuatro periodos glaciares mayores y veinte procesos de avance retroceso de las masas heladas asentadas en Canadá y Estados Unidos. Los climas templados con regímenes pluviales mayores a los actuales y fluctuaciones frías que prevalecieron durante un periodo geológico denominado Pleistoceno, favorecieron el desarrollo de una gran población de animales y plantas.

Desde que el muy famoso y extraordinario paleontólogo norteamericano Edward Drinker Cope, había descrito a finales del siglo XIX restos de mammuthus americanus, proveniente de Valsequillo, se habían sucedido notables trabajos que daban cuenta de la riqueza fosilífera de la región. A estos hallazgos, se sumaron las descripciones de los geólogos alemanes Johannes Felix y Hans Lenk quienes realizaron notables descripciones de restos de mamut y de otros fósiles provenientes de la región de San Juan Raya al suroeste de Tehuacán. Por los años 30 del siglo pasado, el paleontólogo alemán Wilhelm Freudenberg señaló claramente la importancia de Valsequillo como un sitio de formidable importancia paleontológica.

La represa de Valsequillo comenzó su construcción a finales de los años 30 y, se inauguró en noviembre de 1946. Años antes, Juan Armenta Camacho un hombre de curiosidad insaciable, formado como autodidacto, dedicó parte de su tiempo y sus magros recursos a explorar desde las faldas de la Malinche al extremo sur de Valsequillo. En agosto de 1960, la revista Life publicó algunos de los hallazgos de Juan Armenta que despertaron un inmediato interés (y envidia), debido fundamentalmente al anuncio de indicios de convivencia humana con fauna del Pleistoceno, periodo que favoreció la formación de puentes naturales y, en consecuencia, facilitó la migración animal y humana de Eurasia a América por el estrecho de Bering. Armenta había anunciado que en diferentes sitios, encontró evidencias claras de herramientas de caza, es decir, puntas de flecha, raspadores y percutores asociados con restos de mastodonte, un primo hermano de los mamutes.

En particular destacaba un fragmento de pelvis de mamut que sugería grabados con figuras de animales. La búsqueda de evidencias en Norteamérica relacionadas con los primeros pobladores, ha sido una fuente constante de controversias y exploraciones importantes, sin embargo, no ha sido posible establecer de manera indiscutible las rutas y las fechas de la llegada humana al continente. De hecho es un problema clásico de la arqueología americana aun no resuelto. En 1962 un grupo de expertos norteamericanos encabezados por la doctora Cynthia Irwin Williams cómo jefa arqueóloga, el mexicano Juan Armenta Camacho en paleontología, Virginia Steen McIntyre, geoquímica, Clayton E. Ray, paleontología, Harold E. Malde y otros expertos provenientes de diversas instituciones.

Las excavaciones previas realizadas por Armenta e Irwin Williams, establecieron cuatro sitos de interés en los cuales Armenta, había hallado evidencias de restos fósiles asociados con elementos culturales. Los sitios del más viejo al más reciente fueron excavadas cerca de la población de Tetela: El Horno, que es una isleta en ocasiones cubierta por las aguas de la represa, El Mirador, en la falda sur del volcán Toluquillo, Tecaocoxco y esencialmente Hueyatlaco. En éste último sitio, se encontraron importantes restos y dos clases de herramientas de caza diseñadas para servir como puntas de proyectil, unas muy simples, con algún tallado básico y otras más complejas talladas de manera más elaborada, es decir, herramientas bifaciales, talladas por las dos caras. Para completar el estudio, era necesario fechar los hallazgos. He aquí el primer capítulo de una larga y desafortunada controversia, no exenta de celos profesionales, malas jugadas, traiciones y desgracias personales para muchos de los participantes. Aquí vale una advertencia para aquellos que creen que el mundo de la ciencia es ajeno a las pasiones humanas más vulgares. No es así, en el trabajo científico, cómo en todas las actividades humanas, existe la envidia, los celos, la pobreza moral, la corrupción y lo más desafortunado: aferrarse a dogmas que suelen aparecer, e incluso fundamentar tendencias científicas de larga duración.

En efecto, la historia de la ciencia es rica en casos de dogmas, que deben ser superados a costa de grandes inversiones de talento y tiempo. Así, al tratar de fechar los restos, no se encontraron evidencias de carbón, conchas o madera necesarios para aplicar el método de 14C, el más empleado para fines arqueológicos. Los huesos de diversos animales, se habían permineralizado, eran literalmente restos de sílice y no había material orgánico disponible. Irwin-Williams y Armenta propusieron una antigüedad de 22 mil años, lo cual era significativamente importante, ya que los patriarcas de la arqueología de Norteamérica, sostenían que el hombre en el continente no tenía una antigüedad mayor de 12 mil años. En 1966, y ante la urgencia de datar Hueyatlaco, se Virginia Steen McIntyre, experta en Tefrocronología, técnica que permite fechamientos mediante trazas radiactivas en cenizas volcánicas, y el geólogo Hal Malde, con el fin de fechar con técnicas diferentes al 14 C, los restos de Hueyatlaco fueron investigados. En el transcurso de estos hechos, los trabajos de Juan Armenta Camacho habían despertado algunos celos entre los mafiosos arqueólogos del centro.

En el debate, Irwin Williams y Armenta fueron acusados de incompetencia, de sembrar las herramientas entre los restos y otras lindezas que se acostumbran en estos casos. A Juan Armenta se le decomisaron los hallazgos reunidos durante más de 30 años y se le prohibió continuar con sus exploraciones. Sin embargo, ocurrió que, cómo dijo Unamuno al general franquista Milán Astray: “Vencieron porque tenían la fuerza pero no convencieron porque les faltaba la inteligencia”. Armenta que había fundado el departamento de Antropología de la Universidad de Puebla, fue despedido sin ninguna consideración y también le decomisaron los hallazgos que había sido la base del departamento. Curiosamente, la mafia del centro organizó fastuosas excavaciones, a unos cuantos metros de los sitios de Irwin-Williams y Armenta pero, claro está, no hallaron nada importante.

En 1968 Barney Szabo, geoquímico del US Geological Survey trató de aplicar un novedoso método de fechamiento basado en trazas de series de Uranio. Los resultados fueron obtenidos de Caulapan un sitio muy importante al noroeste de Hueyatlaco, pero no del sitio de real interés. Las dataciones de Szabo arrojaron: 22,000+-2000 años, fechas que coincidían con las obtenidas mediante 14C que arrojaron 21,850+-850 años, ambas fechas de Caulapan.
El problema y de hecho una de las grandes controversias arqueológicas, ha sido la correlación entre las fechas importantes para la arqueología, y los resultados de la geología. Los fechamientos tefrocronológicos de Virginia Steen-McIntyre arrojaron fechas totalmente en desacuerdo con otros datos. McIntyre proporcionó resultados asombrosos de 180 mil años y otras fechas de 245,000 +-40,000 años. Para los resultados y la corriente general de los expertos en prehistoria americana, estas fechas son “imposibles” para asociarlas con los cazadores primitivos y fósiles animales, aun las fechas de Armenta y Irwin-Williams, resultaron muy discutibles para la mafia y los capos (¡Cómo!, dirían, ¿México, cuna de algunos de los primeros cazadores americanos? ¡No, No!

Es el territorio de Estados Unidos…sí señor…es Clovis y Folsom en Texas…el este de Estados Unidos, el territorio del Yukón…pero ¿México?!!! ¿Más antiguo que “nuestros sitios” eso no…no, ¡La edad máxima es de 12,000 años para los cazadores primitivos americanos! Los señores guardianes del dogma, quienes culiatornillados a sus muelles sillones, dictaron, señalaron, y condenaron al ostracismo a muchos de los participantes apoyados por algunos arqueólogos mexicanos…(¡Válganos Dios…!) Muchos años después, durante algunas charlas con el maestro Juan Armenta Camacho, se negaba hablar del tema y no era para menos. Justo cuando era citado por The National Geographic Society y en todos los trabajos formales sobre la prehistoria americana, se vio orillado a trabajar en una fotocopiadora en el venerable Café Aguirre. Años después el gobernador de aquellos años, Alfredo Toxqui, lo rescató y lo incorporó al Museo Regional Casa de Alfeñique, incluso se publicó una monografía, hoy clásica: “Vestigios de labor humana en huesos de animales extintos de Valsequillo, Puebla, México” Virginia Steen McIntyre, por su parte, ha sostenido sus fechas, ha mostrado una y otra vez que debe revisarse los análisis de ceniza asociadas.

Lo ocurrido a Virginia Steen-McIntyre es un caso realmente trágico. Perdió su trabajo como profesora e investigadora, descalificada y arrojada como una leprosa. Actualmente trabaja como jardinera en un lejano pueblecito en Colorado, muchos editores se han negado a aceptar sus trabajos. Pero ella continúa con su labor y con sus investigaciones de manera independiente. El caso ha puesto en claro que en la ciencia también hay sujetos sin escrúpulos, corruptos y con muy bajo sentido ético. Virginia podría estar equivocada, pero es el día en que nadie se ha tomado la molestia de probarlo de manera contundente. Recientemente se han anunciado notables hallazgos en Mesa Verde en Chile, en Argentina, en México que revelan que el hombre ya cazaba y recogía raíces y frutos en fechas tan remotas como 27,000 años; se cree que aparecerán otros sitios con una antigüedad mucho mayor. En el futuro nuevos aportes, nuevas técnicas pondrán a cada uno en su lugar. Algunos de los arqueólogos que participaron en el “juicio sumario” desaparecieron y ya vagan en el desierto del olvido, otros, los pioneros son parte, en efecto, de la historia…

La fauna y flora fósil de Valsequillo es un claro indicador de las fluctuaciones y cambios climáticos que acontecieron en todo el centro de México durante el Pleistoceno. A lo largo de cien años de trabajo paleontológico, se han hallado fósiles de Gliptodonte (Glyptotherium floridanum. (Análogo a un armadillo), perezoso gigante (Eremotherium laurillardi), camello (Camelops hesternus), caballo (Eqqus mexicanus), bisonte (Bison latrifons), mastodonte (Mammut americanum), mamut (Mammut columbi), león americano (Panthera leo atrox), tigre dientes de sable (Smilodon fatalis), gonfoterio (Cuvieronius tropicus) (primo del mastodonte y mamut).

Por otra parte, la región, inclusa la ciudad de Puebla, durante el Pleistoceno surgieron numerosos volcanes monogénicos, es decir, pequeños volcanes que sólo se manifiestan durante su origen y permanecen sin actividad. La región está festoneada de estas prominencias como el caso de La Paz, Sanctorum, Loma Bella, Loreto, Amalucan, Tepoxochitl y otros muchos que hacen un total regional de 22 volcanes. La actividad volcánica muy intensa, también se manifestó en el Popocatépetl (una erupción gigante hace 23 mil años) y esencialmente en La Malinche con erupciones importantes hace 7.500 años, 6 mil años y la última fase activa hace 3.100 años. El surgimiento de volcanes jóvenes y las grandes erupciones de los grandes volcanes Popocatépetl, Malinche, Pico de Orizaba, los lagos cráter de Aljojuca, Alchichica, La Preciosa, Xalapzco y otros, participaron de los intensos cambios de suelo, vegetación, lagunas y orografía regional y causaron probablemente, migraciones de flora y fauna, lo cual constituye un tema de investigación que arrojará luz sobre la evolución de la biodiversidad y la dinámica física del medio..

alejandro rivera perezAlejandro Rivera Domínguez (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es director de la Estación de Satélites Kosmos Puebla.

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