Celos del hermano mayor (Artículo)
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29 de agosto de 2022

Conoser Bien

Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.
Miguel de Cervantes

Son muchos los versículos en el Libro de la Ley (Biblia) en los cuales se menciona a esa emoción, producto de muchos conflictos en la sociedad, conocida con el nombre de “celo”. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:3, leemos: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?

Según la Real Academia Española la palabra celo proviene del latín zelus = ardor, celo, y este del griego zein = hervir. Dándole el Diccionario varias acepciones, entre ellas: 1. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. 2. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona. 3. Envidia del bien ajeno, o recelo de que el propio o pretendido llegue a ser alcanzado por otra persona… 7. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.

La mayoría de nosotros hemos experimentado celos en algún momento. Pero ¿qué son los celos? Los celos son una emoción, es inseguridad, miedo, preocupación y ansiedad con relación a una pérdida anticipada de “algo” que consideramos de gran valor personal y sobre todo se refiere a una relación humana.

Los celos son una reacción a la amenaza percibida a consecuencia de la presencia de algún “rival”. La percepción de peligro originada por un supuesto rival tiende a ser ilusoria, lo que no significa que tenga que pasarse por alto, ni descalificarse.

Los celos se desarrollan en general como consecuencia de experiencias de abandono y de privación vividas en la infancia. La persona celosa mantiene una dinámica destructiva y busca controlar todo lo que le pudiera quitarle ese “algo”.

Entre las causas que dan lugar a los celos están: La inseguridad personal; el temor a resultar desprestigiado; la debilidad de alguna relación; el sentirse excluido y dejado de lado.

Casi todos los tratados de las pasiones escritos en la primera mitad del siglo XIX compartían la idea de que los celos eran universales en la naturaleza y en la cultura.

Antes del siglo XX, los celos se discutían en el contexto de un drama familiar que afectaba sobre todo a los hermanos durante la infancia. El psiquiatra Moreau de Tours citaba el caso de un niño de tres años que apuñaló a su hermano de veinte meses con un cuchillo de cocina. El médico Descuret también se hacía eco de la historia de un niño de 12 años que derritió la cera de una vela en la boca y la nariz de su hermana¹.

En 1888, un niño de diez años cortó la garganta de su hermano con una navaja de afeitar, y 50 años antes, en 1838, una niña de doce años envenenó a su hermana por la misma razón -celos.

En un principio se creyó que los celos solo aparecían en las relaciones entre hermanos. Esta naturaleza tragicómica de los celos se puede observar en los dramas del siglo XVII, en el "El curioso impertinente" de Cervantes o el "Otelo" de Shakespeare.

Los relatos de los celos entre hermanos también se encuentran presentes en la Biblia, tal como la historia de José, el hijo favorito de Jacob, quien fue vendido como esclavo por sus hermanos.

La relación enfermiza de los celos entre hermanos se puede ver en el libro del Génesis, del Antiguo Testamento, Caín es el hijo primogénito de Adán y Eva. Después Eva dio a luz a Abel.

En el capítulo 4 del Génesis se escribe lo siguiente: “Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba el suelo. Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo; también Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas. El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda; Caín se enfureció y andaba abatido. El Señor dijo a Caín: ¿Por qué te enfureces y andas abatido? ¿No estarías animado si obraras bien?; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta y te codicia, aunque tú podrás dominarlo… Caín dijo a su hermano Abel: Vamos al campo. Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató… El Señor dijo a Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano? Respondió Caín: «No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano? El Señor le replicó: ¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde el suelo. Por eso te maldice ese suelo que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano”. (Gn. 4, 1-11).

De este pasaje de la Biblia se ha designado como “Complejo de Caín” a los celos desmesurados y al odio que puede sentir un hermano mayor hacia su hermano menor, pudiendo llegar, a que, en ausencia de los padres, causar daños físicos a su hermano pequeño, como lo hemos visto en líneas arriba.

Quien hizo esta observación, sobre el complejo de Caín, fue el psicólogo Charles Baudouin, pues, notó los celos que invadían a los primogénitos cuando se integraba un nuevo hijo a la familia.

Tal vez, hoy en día, amable lector, no sea frecuente que los celos entre hermanos culminen de forma letal, pero sí es posible que causen daños emocionales y deterioren las relaciones familiares, por lo que es sumamente recomendable evitarlos.

Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com