De epitafios y algo más (Artículo)
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15 de agosto de 2022

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Frank Sinatra (1915-1998)

Tres preguntas filosóficas

Son tres las preguntas que los filósofos de todos los tiempos han tratado de responder: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy? Cuestionamientos que han movido a la humanidad desde los inicios de la conciencia y en esa búsqueda de respuestas, han dado origen a la Historia, la Filosofía y a otras ciencias.

El responder ¿hacia dónde voy? Se puede reflexionar desde dos puntos de vista. El primero durante la vida en este plano terrenal y el segundo, después del hecho de vivir, es decir, ¿hacia dónde vamos cuando morimos? Ya decía Séneca: “Es más digno que los hombres aprendan a morir que a matar”.

Las respuestas a esta última pregunta han sido varias, pero en esta entrega, nos referiremos a la preocupación de la gente sobre el recuerdo que se haya tenido de ella en su paso por la vida, por eso se deja en su tumba un texto que intenta honrar al difunto.

Se considera que el olvido constituye la muerte verdadera, completa y definitiva, desde la antigüedad, los griegos lo sabían. De ellos viene el nombre de esa inscripción sepulcral contra del olvido, es decir, el epitafio.

Etimología
La palabra epitafio viene del griego epitaphius compuesto por epi que indica “sobre” y taphos que se refiere a “tumba” con el significado de un texto normalmente inscrito en una lápida o placa sobre su tumba. Tradicionalmente un epitafio está escrito en verso. Se han conocido muchos poetas que han compuesto su propio epitafio.

Muchos epitafios son citas extraídas de los textos sagrados o aforismos, lo que hace pensar a quien lo lee. Otro enfoque es que le hace recordar al lector sobre su propia mortalidad. En algunos se graban los logros, pero casi en todos los nombres del difunto, la fecha de nacimiento y fecha de muerte.

Epitafios famosos
Veamos algunos de los epitafios más famosos de célebres personajes.

Escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), Cemetery of Kings (Cementerio de los Reyes), Ginebra, Suiza: «…Y no tengan miedo».

Poeta inglés John Keats (1795-1821), Cementerio protestante de Roma: «Aquí yace alguien cuyo nombre se escribió en el agua».

Escritor y médico británico Arthur Conan Doyle (1859-1930), Camposanto de la iglesia de Todos los Santos, Hampshire, Inglaterra: “Temple de acero. Rectitud de espada”.

Dramaturgo, actor y poeta Molière (1622-1673), Cementerio de Pere-Lachaise: «Aquí yace Moliere, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien».

Dramaturgo, poeta y actor inglés William Shakespeare (1564-1616), Holy Trinity, Stratford: «Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos».

Escritor estadounidense F. Scott Fitzgerald (1896-1940) y novelista, bailarina y celebridad estadounidense Zelda Fitzgerald (1900-1948), Cementerio Rockville Union: “Y seguimos remando, botes en contra de la corriente, llevados de vuelta incesantemente hacia el pasado”.

Poeta, diplomática, profesora y pedagoga chilena Gabriela Mistral (1889-1957), Montegrande, Chile: «Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo».

Epitafios raros
El “algo más” de esta entrega se refiere a que existen también en el mundo, epitafios muy raros de personas famosas, como estos:

Director de cine, guionista y productor estadounidense Billy Wilder (1906-2002), Cementerio Westwood Village Memorial Park, Los Ángeles, California, Estados Unidos: “Soy escritor, pero nadie es perfecto”.

Escritor y dramaturgo español Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), Cementerio Sacramental de Santa María de Madrid: “Si queréis los mayores elogios, moríos”.
Actor, humorista y escritor estadounidense Groucho Marx (1890- 1977), Cementerio de Eden Memorial Park, valle de San Fernando: «Perdonen que no me levante». Y del mismo actor el epitafio que pensó para su suegra: “RIP, RIP, ¡HURRA!”.

Actor, productor, guionista y comediante mexicano Mario Moreno “Cantinflas” (1911-1993), Panteón Español de la Ciudad de México: “Parece que se ha ido, pero no se ha ido”.

A manera de cierre
Concluyo esta entrega con el epitafio del político y escritor español del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo (1580-1645), Parroquia de San Andrés en Villanueva de los Infantes, España: “Qué mudos pasos traes, ¡oh! muerte fría, pues con callados pies todo lo igualas”.

Como hemos podido apreciar, amable lector, los epitafios van desde los que nos invitan a reflexionar, hasta los de humor, ironía y sarcasmo. No solo poetas, filósofos, políticos, músicos, sino también personas sin fama han compuesto su propio epitafio.

¿Y usted, ya pensó en el suyo?

Twitter @jarymorgado
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