Cinismo
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Un cínico es un hombre que, cuando huele flores, busca un ataúd alrededor.

 

Henry-Louis Mencken

 

En la actualidad cuando calificamos a una persona como cínica no estamos siendo halagadores. El propio diccionario de la Real Academia Española define el cinismo como la “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables” o, en su segunda acepción, como una “impudencia, obscenidad descarada”. En muchas ocasiones el término cinismo es utilizado como sinónimo de hipocresía. Lo cual se encuentra muy lejos de su sentido original ya que el pensamiento real de los antiguos cínicos no tiene nada que ver con esto.

 

En su origen el cinismo parte de una Doctrina filosófica fundada por Antístenes (444 a.C–365 a.C) que se caracteriza por el rechazo de los convencionalismos sociales y de la moral comúnmente admitida. Esta filosofía desciende de las enseñanzas socráticas y podría haber abrazado un acceso directo a la felicidad, inexistente en la filosofía de esa época ya que partían de la divisa “Olvídate de los bienes materiales, ten más tiempo libre”.

 

Antístenes fue pupilo de Sócrates y rival de Platón. Sus ideas filosóficas dieron pie al cinismo y se hicieron conocidas a través de Diógenes de Sinope, Diógenes el Cínico o “el perro”, un discípulo suyo que vivió como un mendigo en las calles de Atenas, convirtiendo la inopia en una virtud. Se dice que vivía en un tonel y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres honestos”.

 

Diógenes se vio obligado a abandonar Sinope, porque su padre y él mismo, se dedicaron a invalidar monedas, estropeándolas con un punzón. A raíz de todo esto su padre fue encarcelado y Diógenes tuvo que huir, o bien fue exiliado, no se sabe con certeza. Invalidar los valores y cambiarlos por otros fue uno de los retos que asumieron los cínicos y que persiguieron con insistencia.

 

Las teorías de Antístenes eran breves y concisas y sus enseñanzas se concentraban en la literatura ética. Para Antístenes la única manera de alcanzar la felicidad pasaba por abordar de forma rigurosa un drástico cambio de actitud. Decía que el camino más corto hacia la felicidad es convertirse en una persona cínica y para seguir el camino de los cínicos, es necesario abandonar las convenciones sociales y vivir de acuerdo con la naturaleza.

 

Antístenes inculcaba el no vestir ropa de moda –él llevaba únicamente una capa y un báculo, que se convirtieron en el uniforme de la escuela–; no se debe acudir a fiestas

 

ostentosas e, incluso, se debe renunciar a tener una vivienda fija. A través de este sencillo camino hacia la felicidad, los cínicos lograron ganar mucho tiempo libre, lo que les permitió vivir la buena vida o, tal como lo entendía Antístenes, “ver las cosas dignas de ver y oír las cosas que vale la pena escuchar”. Esta ética la llevaban los cínicos hasta su muerte.

 

Antístenes llevó sus ideas a la práctica, se mezcló con las clases populares y se dedicó a predicar con el ejemplo, entre sus numerosas creencias estaba el rechazo de la riqueza y el lujo, necesario para abrazar la búsqueda de sabiduría y virtud. Pero lo que condenó a Antístenes fueron sus métodos ya que mientras Platón fundaba su Academia, en donde impartió sus enseñanzas filosóficas a un gran número de discípulos -vinculando lo que se piensa y lo que se hace-. Antístenes llevó sus ideas a la práctica: se mezcló con las clases populares, de las que extrajo a sus discípulos, y se dedicó a predicar con el ejemplo, abogando por tomar el camino más corto hacia la felicidad y la virtud.

 

Algunos principios de la actitud cínica fueron, en primer lugar, la concepción individualista de la libertad que pregonaba Diógenes y que estaba presente anteriormente en Antístenes. En segundo lugar, una fuerte carga anti-política expresada en el rechazo de Diógenes a la participación política, la democracia y los derechos ciudadanos. Por último, como tercer aspecto, cabe señalar la reivindicación de la parresia, esto es, el hablar franco, el decir las verdades asumiendo los riesgos que eso implica.

 

El cinismo actual, esto es, la mentira a sabiendas y la defensa de lo indefendible con pleno descaro, dista mucho de la actitud cínica originaria que tuvo en Antístenes o Diógenes que fue su máximo exponente. Diógenes utilizaba la burla, la ironía y la insolencia como un desafío a la cultura imperante y al poderoso.

 

Resulta difícil comprender cómo una actitud contestataria y rebelde en el pasado se transforma, hoy en día, en el perfil común de cualquier defensor del statu quo.

 

Juzgue usted.

 

 

Jorge A. Rodríguez y Morgado

Twitter @jarymorgado

 

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