Reflexiones en torno al poemario Píldora Roja de Abel Pérez Rojas
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12 de julio de 2018

Para el historiador Eric Hobsbawn, partiendo del conocido ensayo de Walther Benjamin sobre la obra de arte en la era de la reproducción mecánica, la tecnología de finales del siglo XX ha contribuido a una transformación no solo del arte, sino también de toda la percepción que se tiene de éste y de sus maneras de representar lo social. Para Hobsbawn la tecnología ha vuelto al arte omnipresente y cualquier intento nostálgico de conciliar el modelo tradicional de artista, confiado aún a su propia inspiración personal, con el actual surgido de la reproducción mecánica en el cual media más la técnica que la pericia manual y priva más lo colectivo que lo individual, esta irremisiblemente condenado al fracaso, además de implicar una profunda deshumanización. En efecto, el arte actual se desarrolla en el entorno del capitalismo tardío, que como Jürgen Habernas había advertido, se legitima casi exclusivamente en la ciencia y la técnica como ideologías. Es por esto que asistimos a subastas de grandes galerías de Nueva York en las que se ofrecen imposibles obras de arte conceptual a miles de dólares; a la formación de grandes oligopolios editoriales que alienan al escritor; o bien, a cómo la actual industria musical (digitalizada) ha vuelto el producto musical en un bien desechable.

En este entorno complicado para el arte, la poesía ha quedado relegada al consumo de públicos minoritarios, pero la poesía debe de hacernos pensar también sobre qué es lo que nos legó el siglo XX en términos de estética. Y uno de los rasgos que caracterizó a esta época fue el del arte comprometido y de contenido social. El cual dio lugar a un gran debate sobre el papel del artista en la sociedad así como del sentido del arte. Un debate, que pese a las condiciones políticas, sociales y económicas en las que vivimos, en esta segunda década del siglo XXI, está lejos de ser resuelto.

La poesía social fue uno de los entuertos de esta tendencia. La poesía social vendría siendo aquella que “reproduce o propone modos concretos de organización del sistema social, desde una perspectiva colectivista o individual, siempre que, en este último caso, el individuo aparezca afectado por el funcionamiento de ese sistema. Habremos de insistir en lo último, porque la poesía social más abundante no es la colectivista, con sujeto poético engullido por el grupo social al que representa, sino la individual.” Y si nos atenemos a esta definición de Ángel L. Prieto de Paula de manera no absoluta sino solo tentativa, podemos desprender que la mayor contradicción que tiene la noción misma de poesía social es la de abarcar lo social desde la subjetividad del yo poético. Y en cuanto a su inicio, esta tendencia ha dado lugar a muchas discusiones sobre sus posibles predecesores, pero “oficialmente”, su aparición en nuestra lengua se remonta a la postguerra española con la publicación de la obra de autores como Blas de Otero, José Luis Hidalgo, Dámaso Alonso, José Agustín Goytisolo entre otros.

En este siglo de capitalismo salvaje globalizado, predominio técnico y de desnacionalización rampante, el debate en torno a la poesía social no se ha dirimido aún. Y entre las propuestas recientes en esta línea podemos destacar el poemario Píldora Roja (2013) de Abel Pérez Rojas (1970. Tehuacán, Puebla).

El título del libro remite a la ya famosa escena de la película The Matrix (1999) de Larry y Andy Wachowski, en la que el héroe Neo debe tomar una de las dos píldoras que le ofrece Morfeo, de las cuales, la roja, es la que lo hará despertar de una ilusión creada por una computadora, pues el ser humano yace dominado por las propias máquinas que él creó. Así el libro de Pérez Rojas trata de ser, de manera análoga, una especie de píldora roja que busca despertar al lector del sopor simbólico e ideológico en el que lo ha sumido la compleja realidad actual. Y esto lo trata de lograr a través del ejercicio poético, porque la poesía es un discurso capaz de trastocar el lenguaje ordinario y al trastocar éste, trastoca también la conciencia.

Píldora Roja consta de 33 poemas y está dividido en cuatro partes que llevan de título: 1) Del Contacto; 2) De Maia; 3) Del Sí; y 4) De La Ingesta.

En la primera hay los consabidos prólogos y un poema: Di Que Sí que funciona a manera de prólogo poético. Aquí el autor nos da la razón tanto del título como de la obra. Traigo del inframundo huestes convertidas: / haraganes convencidos por la liturgia del trabajo,/ herejes revitalizados en sus doctrinas,/mercenarios juramentados en la lealtad/ y furias arrepentidas de su labor./ Heme aquí, hablando al oído, tratando de que ingieras la píldora roja:/ ¿Quieres ser de los nuestros? El poeta se inscribe en un grupo social imaginario o más bien, en el imaginario de un grupo social que ha encontrado la redención. Ha despertado del sopor en que la civilización moderna los ha postrado. Y que como los personajes del film The Matrix, han despertado de una civilización cuyos artefactos culturales se han vuelto contra ella.

La segunda parte del libro lleva el título De Maia. Y ¿qué es Maia? En la mitología griega fue la mayor de las siete hijas de Atlas y Pléyone. También es la tercera estrella más brillante del cúmulo abierto estelar de Las Pléyades, ubicada en la constelación de Tauro por lo que se le conoce también como 20 Tauri. En términos geográficos Maia es una ciudad perteneciente a la zona metropolitana de Oporto en Portugal. En el universo literario de J J R Tolkien, Maia era un espíritu inferior dentro de la legión de unos seres que el autor llama ainur. En la tradición hinduista, Maia corresponde a lo que no es otra cosa que ilusión, apariencias o ensoñación. Y es a esto último a lo que el autor refiere. En el primer poema, Oveja Descarriada, podemos leer en los últimos versos: ¿Dónde están los corazones?/ ¿Por cuánto empeñamos el alma?/ ¡Niego secarme en un tris!/ ¡Me niego a morir como manada! Aquí Pérez Roja toca el punto medular de la poesía social que es la redefinición de la relación entre individuo y sociedad. La poesía aparece como la máxima expresión de la subjetividad. Subjetividad que asumió El Quijote en la novela de Miguel de Cervantes, a través del ejercicio de la imaginación. Oveja Descarriada es un pequeño manifiesto en el que el bardo opone el yo poético a la despersonalización que le impone la sociedad de masas. Una sociedad que resuelve sus dilemas culturales a través de los medios masivos de información y de la política de masas. También hay en esta segunda parte poemas como Pájaro De Cuenta, en el que lamenta la perdición del ser querido que ha seguido el camino de lo inauténtico, de lo amoral. La obligada separación de caminos. O como No Descansan, en donde hace visibles a todas aquellas mujeres proletarias abandonadas, que en la calle luchan por su subsistencia; o bien, en Muertos De Hambre, que está para recordarnos que en éste, nuestro país, gloria del modelo neoliberal, existe el hambre. Sus versos de inicio son verdaderamente provocadores: El hambre de sexo puede más que el decoro/porque éste es valor de la mente/y aquella es necesidad de las entrañas: / lo de abajo ganando a lo pensante. Desmitificación de la supuesta universalidad que tiene la adicción al sexo. Idea que tiene más de burguesa que de componente de una realidad social. Merece también atención Rebelión En El Torrente en el cual, el autor cuestiona otro mito como el del amor a primera vista. Espacio éste en el que la serenidad y la inteligencia ceden a la tiranía de las hormonas. Además de manera inesperada osa hacer un juego tipográfico, como aquellos que caracterizaron la poesía dadaísta de los años veinte.

Al llegar la feniletilamina,
la señora que aturde,
derrumba criterios,
los sanos juicios quedan atrás,
porque la carambola es real:
el cerebro se aturde,
a
  b
   d
     i
      c
       a
y deja paso a la incertidumbre,
¿puede amarse a alguien
A tres segundos de cocerle?

La segunda parte, Del Sí, corresponde a la respuesta afirmativa que le damos a Morfeo. Aceptamos la píldora roja. En Herejes En El Edén, el poeta huye de un medio donde solo hay ruido que aturde y “prisa de lo corriente”. Y busca aquel lugar donde habita el inconformismo y el debate, donde la palabra se libera y ésta se hace liberadora, utopía a la que todos deberíamos aspirar. En sus versos finales nos dice: ¡tú perteneces aquí!, /aquí, donde Lisias y Demóstenes conviven,/ aquí donde logógrafos y oradores pactan,/ aquí, donde el debate no se huye,/ pero se sostiene a cal y canto,/ ¡aquí!, ¡aquí!, !aquí y ahora!,. Resulta especialmente interesante el poema ¡Levántate! con evocaciones al evangelio. El poeta juega a las posibilidades históricas, a las relecturas inesperadas y divergentes. Nos invita a proyectarnos en la figura de Lázaro resucitado por Jesús; como si todos fuéramos un Lázaro en potencia: “Levántate y anda”, le dijo el Maestro a Lázaro. Y caminó, no por obra externa, sí, porque en el fondo siguió la voz… su voz… su propia voz que lo impulsó. /¡Levántate! ¡Levántate!¡Levántate! ¿Acaso no te percatas que ya estás de pie? El sentido político de la rememoración de este paisaje del evangelio es evidente. Es una invitación a que el individuo asuma su propia autonomía y como tantas cosas en la matrix, la muerte es una ilusión, pues la ideología nos hace creer que estamos muertos. Interesante poema que nos hace recordar las sátiras contenidas en el libro Apócrifos del gran Karel Capek. Cabe destacar otros dos poemas: Tifón De Lodo y Vasallaje Del Siglo XXI. Quizá los más comprometidos en el poemario. El primero es una reflexión, un lamento sobre el deplorable sistema político del país: Son días de votación, /tan horrendas como en casi todos lados, /más reglas, /palabras, palabras y más palabras, / con poderes fácticos que mecen la cuna, /siempre los mismos ganadores, /. El texto refleja de manera efectiva el sentimiento de hastío, el asco ante un modelo político que parece no cambiar, que oculta un patente autoritarismo; y lo más importante, desgasta al individuo. Sentimiento compartido por cada vez más ciudadanos. En Vasallaje Del Siglo XXI, el autor inserta nuestro sistema político en el juego de la hegemonía global. Resulta muy revelador el último verso: vasallaje del siglo XXI/ la libertad protege las verdaderas cadenas. En este mundo de ilusión en el que vivimos, la libertad se ha vuelto un legitimador de los poderes económicos y políticos que nos rigen. Dar la ilusión de libertad ha resultado ser el mejor recurso de sometimiento al individuo.

En la última parte, De La Ingesta, que es ese momento en que tomamos la píldora roja, destacan poemas como Neófito Recurrente en donde la voz poética, ante una interlocutora desconocida, gime líneas como: Quiero retirar mis pendones /levantar anclas y afinar rumbo /¿Expiación? / ¿Purgatorio? / ¿Extravío? / ¿Condena? /¡Qué más da, /no seré el primer aprendiz que empiece de nuevo! Y aquí el poeta nos señala que; una vez caído el velo de Maia, hay que empezar de nuevo. Hay que reiniciar el proceso de aprendizaje ya que nos hemos ubicado en la realidad. La píldora roja nos hará siempre, en cada momento, neófitos en el ejercicio de la vida. Resulta también interesante Convicción De Convicto, poema en que el poeta se declara culpable de haber vivido y el que los últimos versos resultan aleccionadores: Me declaro culpable de declararme culpable /de atreverme a enjuiciarme /de no ser más severo en la autocrítica / de buscar la expiación antes de tiempo. Así la autoconciencia se torna en el mayor pecado que el ser humano puede cometer. Enjuiciarnos a nosotros mismos resulta ser el mayor ejercicio de libertad, que quizá podamos ejercer, pues nos adelantamos al juicio de los otros, la sociedad y de la historia. Y en esta última parte también encontramos Reminiscencia Pagana, trabajo repleto de erotismo: Vestir tu piel /hasta que sea una con la mía /dermis que encierra el secreto /misterio de decir y hacer así las cosas. Este poema nos invita a aceptar la fusión con el ser amado, aún contra los convencionalismos morales, de ahí el título. A descubrir esa fusión que se da desde la carne, el yo poético descubre una nueva piel, un nuevo rostro, otro yo. Se descubre diferente de cómo se venía contemplando a sí mismo. Lo interesante de este poema es que Pérez Rojas agrega un aliento metafísico a la idea de carnalidad: deserción que se sella con la muerte, /ahí caminaré contigo en el silencio, /sin el ruido de las formas, / coto donde la piel sobra… De La Ingesta, en contraste con las anteriores partes, se caracteriza por un ejercicio mayor de despliegue de la subjetividad del yo poético. Es como si el bardo nos indicara, que una vez superado el velo de Maia, la matrix, nuestra principal aspiración tendrá que ser el descubrirnos a nosotros mismos desde la conciencia individual.

Píldora Roja de Abel Pérez Rojas es un ejercicio de poesía que salta de lo social a lo subjetivo. Que contribuye al ya muy complejo debate en torno a la poesía social. Nos muestra que dicho debate sigue siendo vigente en el mundo actual. Mundo en el que las estructuras económicas y tecnológicas han alienado el arte. Han contribuido a generar una conciencia conformista en el individuo. Los medios masivos tradicionales, los nuevos medios digitales, el discurso económico globalista, el aparato educativo han dado lugar a la percepción de una realidad frágil, construida por un consenso logrado principalmente por la información, pero que se edifica sobre una realidad material y económica doblemente frágil. Como en el ya citado poema Vasallaje Del Siglo XXI, el orden económico y político mundial privilegian a eso, que Aron Wildawski, llamaba la cultura individualista. El individualismo contemporáneo induce al conformismo, a la desmovilización social, pero presenta la paradoja de que el sujeto se halla inmerso en un ámbito de consumo cultural masificado. La cultura individualista, que en la actualidad desplaza a otros tipos de cultura política, favorece fenómenos como la concentración del ingreso y la renta, siendo este uno de los puntos débiles del actual modelo económico global. En este contexto la poesía social resurge para cuestionar y revisar esa inserción que el individuo tiene dentro de la sociedad. Por esta razón, frente al optimismo neoliberal, la poesía social sigue siendo vigente, porque siempre es necesario revisar la relación que el individuo establece con la comunidad. El crítico Leopoldo de Luis decía que él seguía creyendo en la poesía social, ya que contribuía a situar al hombre en los problemas de su tiempo, y que ésta presentaba también la toma de posición ante esos problemas. Píldora Roja es un florilegio que se inspira en una de las mitologías cinematográficas más difundidas de la actualidad y que al mismo tiempo recoge el legado de poetas sociales como Pablo Neruda, Octavio Paz, César Vallejo, Nicanor Parra y Federico García Lorca. El poeta español Rafael Morales decía que el prosaísmo expresivo, anula el poema y el prosaísmo fue el mayor pecado que cometieron los poetas sociales de su generación. Éste es uno de los méritos del libro de Pérez Rojas, evita el prosaísmo, no hace de lado ni la cita erudita o el tropo poético. El poeta no tiene miedo de no ser tan directo. Evita el panfleto como en el que sí cayó un poeta notable como Efraín Huerta. Habrá que esperar los próximos trabajos del Pérez Rojas para ver qué dirección toma y con qué nuevos recursos expresivos se revista.

Nicholas Gutiérrez Pulido licenciado en Ciencias de la Comunicación, maestro en Comunicación y Diseño Gráfico. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.com
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