La flauta mágica
Minuto a Minuto

19 de diciembre de 2015

 

La música es el único camino hacia lo trascendente
Wolfgang Amadeus Mozart

El día de ayer, 5 de diciembre, se cumplieron 221 años de la muerte del que es considerado por muchos como el mayor genio musical de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart. Personaje rebelde e impredecible caracterizado por su agitada biografía personal, así como por las conspiraciones en su contra y su fallecimiento prematuro. Fue uno de los primeros compositores que intentaron vivir al margen del mecenazgo de nobles y religiosos, él decía: “Si el emperador quiere verme, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza”.
 
Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, Austria, fue producto del matrimonio entre Leopold Mozart y Anna Maria Pertl. La madre procedía de una familia acomodada; su padre era un modesto compositor y violinista. Amadeus era el séptimo hijo de este matrimonio, pero de sus seis hermanos sólo había sobrevivido una niña, cinco años mayor que él. Los dos hermanos crecieron en un ambiente en el que la música reinaba permanentemente, ya que el padre era un violinista que ocupaba en la corte del príncipe-arzobispo Segismundo de Salzburgo el puesto de compositor y vicemaestro de capilla.

Mozart comenzó desde muy pequeño a interesarse por los instrumentos musicales y por la composición, a los cinco años ya había compuesto varias obras. En su etapa de adolescente ya figura como músico de la corte de Salzburgo aunque fue en Viena donde alcanzó la fama entre la aristocracia y la realeza. Su temprana muerte a los 35 años, vendría acompañada de una situación económica complicada, a pesar de su fama y de multitud de composiciones (su legado lo componen más de 600 obras), ya que en los años previos a su muerte creó muchas de las sinfonías, óperas y conciertos más conocidos como La flauta mágica, Réquiem o Don Giovanni que influyeron en compositores de la talla de Beethoven.

Ante una situación de salud y económica tan precarias, Mozart, como miembro, se acercó a la francmasonería en 1784 en busca de una ayuda económica que nunca, por orgullo, solicitó de sus amigos, sino por saciar un ansia de universal fraternidad y espiritualidad que Mozart, como muchos católicos austriacos, sacerdotes incluidos, encontró en los símbolos y los ritos masónicos antes que en la esplendor clerical de la Iglesia.

Una simbología que más adelante sabría plasmar musicalmente en la composición de La flauta mágica. El día del estreno de La flauta mágica, el 30 de septiembre de 1791, en Viena, ya no pudo asistir al gran triunfo popular de la más optimista y querida de sus composiciones. Murió en Viena la madrugada del 5 de diciembre de 1791. Asistiendo a su funeral en una nave lateral de la catedral de Salzburgo, un nutrido número de músicos, francmasones y miembros de la nobleza local.

La  célebre ópera de Mozart “La flauta mágica” ha sido objeto de innumerables estudios, las claras alusiones esotéricas motivaron que Goethe escribiera una segunda parte. En esta obra se nos recuerda una iniciación egipcia, plasmando de forma magistral los valores trascendentales del espíritu: el amor, la verdad, la templanza, el altruismo, la bondad, entre otros, quienes debemos como seres humanos trabajar por conquistar para servir a la sociedad.

Amadeus Mozart hizo uso en su obra de las categorías de los símbolos de acuerdo a la clasificación que estableció Dante Alighieri:

a) símbolos literales, como ejemplo un texto escrito o una ecuación matemática;

b) símbolos alegóricos -la paloma símbolo de la paz, la lira de Apolo representando a la música, la guadaña que recuerda a la muerte y al cuerno que simboliza la abundancia;

c) símbolos tropológicos: que tiene un sentido ético-moralizante, como tales una escuadra simbolizando la rectitud, una plomada indicando la disciplina y verticalidad y a la cuchara de albañil que recuerda la necesidad de suavizar asperezas; por último,

d) los símbolos anagógicos -representan una indicación de elevarse por medio de la espiritualización como la escala de Jacob, el caduceo de Hermes-Mercurio que esotéricamente alude a la transmutación de las energías inferiores en el ser humano y al Ojo de Dios que simboliza que nada de cuanto hacemos escapa o está oculto para la Suprema Conciencia.

Sirva este escrito como un modesto homenaje al maestro Wolfgang Amadeus Mozart en el aniversario de su muerte, seguro estará de acuerdo conmigo amable lector.

Imagen: laopera.net

Twitter @jarymorgado
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