12 de noviembre de 2014
Son muchos los “negocios” que nos prometen que ganaremos muchísimo dinero a cambio de una inversión inicial “mínima” y mucho, sí, mucho tiempo libre para andar consiguiendo gente que quiera entrarle con esa inversión mínima y así hacer una estructura financiera tipo pirámide (aunque esto de ”pirámide” ya a veces no les funciona a los estafadores, es por eso que mejor usan otros nombres como: mesas, estructuras variadas, etc… pueden ponerle “estadio de fútbol” a su estructura pero eso no le quita lo fraudulenta) que lleva a los incautos a caer en un juego donde los realmente beneficiados son los organizadores.
El secreto es el reclutamiento: reclutar y reclutar y reclutar la mayor cantidad de gente posible para así poder subir de nivel (o bajar) y poder cobrar una cantidad importante de dinero, pero, ¿y cuánto dinero deben de tener los organizadores en su cuenta de banco para que a una sola persona le puedan dar su cheque con esa cantidad soñada y “sin hacer esfuerzo”?
Es sencillo: el dinero que recibes viene directamente de lo que invierten otras personas. ¿Cuál es el problema? Que siempre que seas de los primeros en entrar, vas a recibir tus ganancias, pero a medida que la pirámide va creciendo, no hay suficiente gente abajo que sustente a los que están arriba, y los últimos en entrar no reciben ni un peso. O sea que es un negocio de gente lista reclutando gente tonta para que trabaje por ellos como locos consiguiendo más y más gente ilusa y fácil de manipular. Podría estar bien para las personas que tienen demasiado tiempo libre y un buen respaldo financiero, pero ¿qué me dicen de la gente que tiene que trabajar y que no tienen tiempo, debido a sus otras muchas actividades, de andar juntando gente que quiera participar? Y lo peor es que cuando la estafa sale a flote muchas de estas personas quedan endeudadas o, en el mejor de los casos, con la pérdida total de su inversión.
Los fundadores de estas empresas algunas veces huyen cuando ya llenaron sus cofres del tesoro y no pueden cargar más. Como recientemente ocurrió con el fundador y presidente del negocio multinivel “Organo Gold” Bernardo T. Chua quien se retiró sorpresivamente de esta polémica empresa dejando a millones de distribuidores en la quiera. Organo Gold vendía productos alimenticios para mejorar la salud.
El pretexto de dicho “negociazo” es de muy variada naturaleza: compra de productos milagrosos para la cura del cáncer, complementos alimenticios para tener una vida saludable y una figura envidiable, cosméticos, café soluble y hasta oro… sí oro, lingotes de oro (supongo que deben ser miniaturas porque un lingote de oro de 1kg fluctúa alrededor de los $600,000.00 M.N. (seiscientos mil pesos). En fin, el pretexto para la estafa puede ser cualquiera, ya que al parecer, o al menos de lo que yo personalmente me he dado cuenta, los participantes de estas “maravillosas” inversiones se creen lo que sea con tal de ganar dinero fácil y rápido y “por montones”. Pueden decirles que van a comprar: piedras mágicas para curar el sida, polvos milagrosos del mar muerto para acabar con las arrugas, café que cura el cáncer, etc., etc., etc.
Una opción para los problemas financieros de estas personas que, sin duda, amablemente vierten sus ahorros (o lo que piden prestado) para entrar a estas organizaciones piramidales bien podría ser, por ejemplo, alguno de los siguientes conceptos:
- Trabajar
- Invertir su capital en cuestiones seguras como algún negocio serio
- Compra de inmuebles
- Asociarse con otras personas y hacer una inversión seria que en verdad tenga buenas posibilidades de obtener ganancias reales y sólidas.
- Donarlo a causas altruistas
Cualquiera de las opciones anteriores, y otras más, son mucho mejor opción que dar el dinero a gente que únicamente quiere embaucar humanos para que trabajen y trabajen, como hormigas o abejas, y así, los organizadores, pasarla cómodamente mientras su ejército de seres “emprendedores” se dedican a obtener más gente, más cerebros, más dinero.
He sido invitado muchas veces a distintos negocios multinivel y siempre mi respuesta ha sido: no, gracias. Cada quien es libre de hacer lo que quiera con su capital, sin duda, pero mi propuesta es que mejor trabajen, inviertan seriamente y no pongan sus esperanzas en que se pueden hacer ricos de la noche a la mañana y con el mínimo esfuerzo posible.
Por el bien de todos, no caigan en el engaño de la “ley del menor esfuerzo”.
Lalo Mandragore
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