ALFONSO YÁÑEZ DELGADO
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martinez garcilazo.jpgALFONSO YÁÑEZ DELGADO

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

 

 Es un joven de 71 años, de cabeza totalmente blanca, que cuando ríe achina los ojos y suelta una o dos irreverentes maldiciones.
 
Es un hombre dedicado al periodismo y a la Universidad; a la Universidad y al periodismo.  
 
A Puebla.  
 
Porque para él Puebla es la Universidad Pública y el ejercicio del periodismo.
 
Yáñez es  hombre de posiciones claras cuando hacen falta.
 
Es decir, todos los días. 

 

Siempre en el lado de los liberales cuando el debate político entre los extremistas de izquierda y de derecha amenazó la convivencia social en Puebla.
 
Siempre en el lado de la racionalidad y de la libertad cuando la siniestra jerarquía ensotanada abría sus fauces para lanzar anatemas en contra de la Universidad.    
 
Siempre en el  lado de la juventud, de la irreverencia y de la belleza: desde aquella Puebla de la década de los treintas del veinte, hasta ésta de la primera década del veintiuno.   
 
Desde su columna (Alfonso el estagirita) ha visto pasar generaciones de políticos inmorales, incapaces, lamentables, patéticos y memorables (a veces hay equívocas razones).
 
Desde su columna ha hecho la relación de los hechos de los hombres y mujeres de Puebla;  del poder  y de la pobreza; de la excepcional grandeza y de la ubicua miseria humana.
 
Y desde al Archivo Histórico Universitario, desde la casa de la memoria de la Universidad, realiza un labor ejemplar –la gaceta, las colecciones bibliográficas, las actividades archivísticas-   para preservar y cultivar la historia de la Universidad que, en gran medida, es la historia de la Puebla contemporánea.
 
La de Alfonso Yánez, como director del Archivo Histórico Universitario, es una lucha, digna del mayor reconocimiento, contra el alzheimer social que destruye las comunidades humanas anulando las identidades culturales.     
 
Pero hay otra dimensión de Alfonso Yáñez.
 
El maestro de sabiduría. No de técnicas periodísticas, ni de redacción. El maestro de vida.  
 
El que siempre ha dicho que los hombres en la vida  tienen como deber y como mérito de justicia la felicidad diaria.
 
El que siempre ha dicho que es inaceptable el latrocinio y que la única virtud deseable es el trabajo en libertad personal soberana.      
 
Alfonso Yánez, el permanente adolescente –puer aeternis- ríe y maldice divertido.  Ayer en El Nivel, hoy, tal vez en El Correo.
 
Yáñez, mi maestro, es memoria viva y festiva.  Y compromiso valeroso. Y cálida amistad y generoso magisterio.

* Roberto Martínez Garcilazo es director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, México.

 

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