GERARDO RAMOS BRITO (RETRATO A UNA TINTA)
Minuto a Minuto

martinez garcilazo.jpgGERARDO RAMOS BRITO

(RETRATO A UNA TINTA)

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

1.

Por voluntad propia –siempre ha sido hombre soberano y dueño de sí- Ramos Brito ha dejado de ser subsecretario de cultura.

Ayer en una reunión de trabajo se despidió de los directivos de la Secretaría.

Yo lo miraba hablar.

En algún momento dijo que ahora sus cuadros tenían más luz que antes.

Yo sé porqué.

El espíritu lucha por su sobrevivencia cuando se siente amenazado.

Es el triunfo de la vida.

Max Weber escribió, en su tiempo, al referirse a la verdad, que la política es el pacto con el diablo.

Hoy, yo agrego que también con la oscuridad.

Nada que hacer tiene el artista en los siniestros castillos.

Recupera el espíritu a uno de sus celebrantes.

 

 

2.

Serena y calida elegancia es la suya.

Su figura delgada y su natural cordialidad -proverbial como lo es su buen gusto para elegir la ropa que se pone: la corbata de la textura y el color preciso, la camisa de algodón, el traje de lino.

Sonríe el pintor con la cálida fraternidad del artista que mira el mundo desde la amorosa aceptación del prodigio de la vida. 

Es hombre de sensibilidad, de luz y de color.

Pedro Palou García tiene razón al remitir el goce estético de la contemplación de Ramos Brito al Zen.

Sí. La suya es obra donde los colores cantan, florecen en el silencioso campo del lienzo y nos rodean de luz y de vastedad y maravilla.

La belleza de su mundo se despliega ante nosotros: fragmentos de mundos, formidables astillas, insólitas ventanas, puertas que nos llevan hacia  el barro original.

La aurora sagrada, la terrible noche o la áurea gloria de un día insospechadamente nuestro.

Ramos Brito ha recorrido y creado y mirado la luz de París, Madrid, Londres, Copenhague, Roma, Munich, Berlín, Florencia y Viena, Barcelona, Holanda, Francia, Suiza, Italia, Alemania.

Anaranjados, tierras, morados y ocres, azules los árboles y las fuentes del sueño, rojo es el tiempo y el fuego, anaranjados los gatos, y de luz el corazón que destella en el misterioso fucsia del día.

Blanco es el sueño, como blanco es el árbol de la vida.

Oscuras raíces y luminosos manantiales.

Llueven corazones y el camino a casa está sembrado de flores.

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