LA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE
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martinez garcilazo.jpgLA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

Es la novela de Milan Kundera. Apareció en español en 1979 y la leímos en el 80 los que en aquellos años éramos cofrades de una secta utópica. Natalia Sedova se llamaba la célula de los catecúmenos inspirados y teníamos menos de veinte años de edad. Mi libro pasó por varias manos. Hoy está prolíficamente subrayado y tachoneado. En la primera página, con lápiz ya muy tenue,  está escrito: Mañana –mi carne está emplazada de futuro- el vértigo tocará mi puerta.  (Sin embargo hoy todo es posible. JCR IV Internacional. Vgr Ahora, aquí, yo…) Y en la segunda: Ahora que el universo está expectorando glóbulos de amnesia siento que por mi pecho circula una trituradora nostalgia. Ramón y Víctor. El prólogo de la novela, mayestático y genial, es de Carlos Fuentes. Cito sin orden:

 

En diciembre de 1968, tres latinoamericanos friolentos descendimos de un tren en la terminal de Praga. Entre París y Munich, Cortazar, García Márquez y yo habíamos hablado mucho de literatura policial y consumido cantidades heroicas de cerveza y salchicha. Al acercarnos a Praga, un silencio espectral nos invitó a compartirlo (…) Kundera nos dio cita en un baño de sauna a orillas del río para contarnos lo que había pasado en Praga. Parece que era uno de los pocos lugares sin orejas en los muros (…) La novela es indispensable al hombre, como el pan, dice Aragón en su prólogo a La Broma. ¿Por qué? Porque en ella se encontrará la clave de lo que el historiador –el mitógrafo vencedor- ignora o disimula (…) Se llama Jaromil y es poeta (…) Durante la segunda guerra, el padre de Jaromil ha perdido la vida en aras de un absoluto concreto: proteger a una persona, salvarla de la delación, la tortura y la muerte. Esa persona era la amante del padre de Jaromil. La madre del poeta, que siente una repugnancia tan absoluta hacia la animalidad física como su marido hacia la animalidad moral, lo engaña no por sensualidad sino por inocencia(…) El lirismo, nos dice Kundera, es una virtud y el hombre se emborracha para confundirse más fácilmente con el universo. La poesía es el territorio donde toda afirmación se vuelve verdad. La revolución también: es la hermana de la poesía.

                El texto de Kundera no sólo está subrayado, también fue enmendado y complementado por sus impacientes e intransigentes lectores que en esa década entregados estábamos –absolutamente- a la poesía y a la revolución. No las sabíamos hermanas, no las sabíamos celosas y posesivas hasta la muerte. No las sabíamos mujeres trágicas envenenadas de envidia una por la otra. Y en triángulo escandaloso –público, delicioso- vivimos días de abismal belleza hasta aquel en que la revolución exigió su cuota de vidas en sacrificio. Como era previsible, los líderes hallaron la manera de escurrir el bulto y –también esto era de verse- tres de nosotros se enlistaron. La fortuna agrió ese funesto encuentro y, despechada, la revolución nos dio la espalda. Como todos los revolucionarios adolescentes nosotros soñábamos con morir entre las llamas; el azar nos negó la condición de héroes y nos arrojó en cambio en brazos  de la poesía. No en vano nuestra revista se llamaba Fe de erratas. Años después lo descubrimos. No en otra parte, aquí está la maravillosa vida.

*Roberto Martínez Garcilazo ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.

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