RUBÉN BONIFAZ NUÑO ES DUEÑO DE UNA SONRISA QUE SÓLO TIENEN LOS ELEGIDOS
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martinez garcilazo.jpgRUBÉN BONIFAZ NUÑO ES DUEÑO DE UNA SONRISA QUE SÓLO TIENEN LOS ELEGIDOS

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

La oración que encabeza este texto es del escritor  René Avilés Fabila.

Está inserta en el último párrafo del texto que leyó ayer, en el MUNAL, en el homenaje organizado por Bellas Artes para el gran poeta de la lengua castellana Rubén Bonifaz Nuño.

La siguiente es una selección de pasajes de su escrito, que fue leído, en un auditorio lleno al máximo, ante los poetas Rubén Bonifaz Nuño, Juan Gelman, Eduardo Lizalde y Sandro Cohen.

 

“(…) Rubén es el amor y el desamor, sus versos calan en el corazón de los amantes e impresionan tanto a sus lectores que los hacen circular por Internet. Amiga a la que amo: no envejezcas./  Que se detenga el tiempo sin tocarte;/ que no te quite el manto/ de la perfecta juventud./ Inmóvil/   junto a tu cuerpo de muchacha dulce/ quedé, al hallarte, el tiempo. Épica de lo cotidiano, la poética de Rúben Bonifaz Nnuño deja constancia de sus penas y de las nuextras. Pocas veces en la literatura en castellano, alguien  ha tomado por nosotros la voz y ha dicho con belleza extrema lo que queríamos decir.

(…) Dios, dicen quienes lo tratan, castigan y premia, según  criterios ajenos al ser humano y ello es fácil de comprobar. A Rubén Bonifaz Nuño le dio belleza física, pero lo hizo tímido con las mujeres (Para los que llegan a las fiestas/ ávidos de tiernas compañías./ Y encuentran parejas impenetrables/ y hermosas muchachas  solas que dan miedo/ – pues uno no sabe bailar,  y es triste;/ los que se arrinconan con un vaso/ de aguardiente oscuro y melancólico,/ y odian hasta el fondo su miseria,/ la envidia que sienten, los deseos), le entregó el mayor de los dones : el fuego de la poesía y a cambio, le dio sufrimientos físicos y algo atroz; la ceguera

(…)Sí, en Rubén entroncan dos hermosas tradiciones, la de los autores prehispánicos y el mundo grecolatino: Nezahualcóyotl y Virgilio. Dos mundos opuestos que en él encontraron una síntesis adecuada. Dueño de una obra perfecta, de extremo rigor formal  exploraciones inéditas y deslumbrantes, la poesía en él es luz de la palabra, relámpago de la inteligencia, sinceridad diáfana; lo demás, penumbra. Respetó el verso clásico pero supo manejarlo dentro de una amplia libertad expresiva, consiguió, de este modo, transformar la poética de nuestro tiempo sin salirse del valor supremo y universal: el amor pasión.

(…) Rubén Bonifaz Nuño se concentró en hacer la obra preciosa, recluido en la UNAM, rodeado de libros, con ella obtuvo los premios y reconocimientos posibles. Su poesía es perfecta, cuidada, insuperable. Por ello le es posible decir: “Mi técnica, mi pleno dominio de la forma, es la que me autoriza a decir lo que quiero. No hay diferencia entre forma y fondo.” Nació poeta. El tiempo y las lecturas, el rigor y la pasión por los clásicos lo confirmaron.

(…) Rousseau dejó sus Confesiones, Chateaubriand Memorias de Ultratumba, Neruda Confieso que he vivido, Torres Bodet Tiempo de arena. ¿Sólo nos interesan sus vidas?¿Qué sabremos de Bonifaz, si apenas nos dio recientemente unas páginas autobiográficas? Ah, pero si la  biografía del poeta son sus poemas, según dijo Evtushenko y lo confirmó de otra manera León Felipe, “Poesía es biografía”, Rubén Bonifaz Nuño ya la escribió en versos prodigiosos. La suya es una obra donde nos ha dicho de sus poemas y aspiraciones, de sus tragedias y éxitos, de sus amores y desamores, que él mira modestos y que son sorprendentes. Incluso sus soberbias traducciones de clásicos griegos y latinos son parte de su vida, muestran que adora a Catulo, Propercio y Homero. Como si fuera un albur de amor, Rubén puso todo su talento, misterioso, enigmático, al servicio de la poesía y la poesía al servicio de las mujeres y del amor. Dijo: “Mi poesía y las mujeres. Las mujeres son el universo, son las criaturas más perfectas, al menos en el universo que conocemos; en ellas se condensa toda la fuerza de la naturaleza y la fuerza del espíritu.” Los resultados asombran: Escribo amargo y fácil,/ y en el día resollante y monótono/ de no tener cabeza sobre el traje,/ ni traje que no apriete,/ ni mujer en que caerse muerto. Me siento honrado y satisfecho de estar aquí, junto al poeta deslumbrante. Siempre he contado con su apoyo y amistad, desde aquel lejano 1969 cuando nos conocimos en el fondo de Cultura Económica, él recogía El ala del tigre y yo Hacia el fin del mundo, ambos publicados en Letras Mexicanas. Vi al gurrero vestido con elegante traje civil, hermoso, de agudo ingenio, dueño de una sonrisa que sólo tienen los elegidos y una cultura de hombre sabio, al hombre admirable y admirado y jamás pensé que fuera a aceptarme como su amigo y dejarme mostrarle mi admiración y amor por sus letras y su persona, como ahora quiero públicamente testimoniarlo. Gracias, Rubén”

Hasta aquí la larga y valiosa cita del escrito de René Avilés Fabila, quien –por cierto- el jueves 6 de noviembre presentó en el Salón Paraninfo de la BUAP, su reciente novela El amor intangible, acompañado de Felipe Galván, Ricardo Cartas y Roberto Martínez Garcilazo.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.

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