- NUESTRA AMÉRICA - No sólo en Arizona hace aire
Gerardo Pérez Muñoz*
“ Tuve hambre y me dieron de comer,
tuve sed y me dieron de beber, fui migrante
y me hospedaron”
Mateo 25,35
tuve sed y me dieron de beber, fui migrante
y me hospedaron”
Mateo 25,35
El pasado miércoles 21 de abril, salió el tren de Arriaga, Chis., llevando a poco más de 350 personas migrantes centroamericanas, la mayoría de Guatemala, muchos de ellos, indígenas Mam, del Departamento de San Marcos, Guatemala. No está de más decir que son personas muy humildes y pobres.
En su paso por el territorio chiapaneco, no sucedió nada, gracias al acompañamiento del Grupo Beta. Cerca de las 20,30 Hrs, y ya en el Estado de Oaxaca, en Chahuites, patrullas de la Policía Federal, entre ellas, la 14041 y la 14047 detuvieron el tren, bajaron a la gente, amenazando con sus M-16, haciendo disparos al aire y echándoles la luz en la cara, en medio de insultos con el pretexto de que habían recibido un aviso de emergencia, cuestión que tendrían que probar.
El resultado fue un asalto en descampado a los migrantes. Separaron a los hombres de las mujeres. A éstas, las llevaron a una parte oscura entre los vagones y una cerca con monte, de tal forma que los vecinos no se pudieran dar cuenta de lo que sucedía. Los siguieron amenazando, cortando cartucho y haciendo nuevos disparos, obligaron a la gente con golpes a ponerse boca abajo sobre la tierra, pateándolos en la cabeza a los que la levantaban. Uno a uno les
ordenaron quitarse la ropa y los zapatos para buscar, afanosamente y por todos lados, el dinero. Todo les robaron. A unas mujeres les metieron las manos en sus partes íntimas para despojarlas de su dinero. Golpearon parejo, lo mismo a hombres que a mujeres; los trataron peor que a delincuentes. Los encañonaron. Las Averiguaciones Previas de los declarantes, manifiestan que fueron víctimas de una gran agresión.

Mientras esta nueva policía, servidores públicos, asaltaban por espacio de hora y media, los maquinistas cenaban tranquilamente a unos cuantos metros del sitio del asalto. Cuando ellos terminaron de cenar, y los policías de asaltar, continuaron su camino en medio de nuevas detonaciones. Vecinos de la población acudieron a ver qué pasaba. Unos refirieron que cuando empezaron a manifestar su indignación contra la policía, ésta repelió a la población. Los responsables de este "operativo", tendrían que explicar porqué, si presumían algún ilícito en el flujo migratorio, no permitieron la intervención de la Policía Preventiva; porqué no se coordinaron con el Instituto Nacional de Migración ni con el Ejército. Pero por encima de todo, aún suponiendo que fuesen delincuentes, jamás podrán justificar estos actos cobardes, racistas y vandálicos contra hombres y mujeres migrantes, en su mayoría indígenas indefensos.
Lo anterior ha sido denunciado por la agrupación Movilidad Humana, responsable del Albergue del Migrante "Hermanos en el Camino" de Ixtepec, Oaxaca quienes no se oponen a las acciones que autoridades de los tres niveles de Gobierno tengan como objetivo la lucha contra la delincuencia.
Como ciudadanos, no permitamos que se pisotee la dignidad y los derechos humanos, sobre todo de las personas migrantes.

Dicho acto fue condenado por Movilidad Humana del Episcopado Mexicano quien ha dado todo su apoyo a las víctimas de este abuso de autoridad. Condena éste y cualquier atropello a la dignidad y a los derechos humanos de cualquier persona y reitera su compromiso de contribuir con las Autoridades Mexicanas para la construcción de un México en paz.
La pastoral social del migrante, se pregunta con justa razón, ¿si hubo o no coordinación entre los maquinistas y los policías federales? Piden que las autoridades federales, intervengan para investigar estos hechos. Mencionan igualmente que el 23 de enero pasado hubo, por parte de la misma policía y también en Chahuites, otro asalto a migrantes.
No podemos seguir con la actitud esquizofrénica de condenar los atropellos en contra de nuestros compatriotas en los Estados Unidos y no condenar lo que sucede con los hermanos migrantes centroamericanos en la frontera sur de nuestro país.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos, ya tiene conocimiento de estos hechos abominables e inhumanos.
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