La ceguera de Salomón
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La ceguera de Salomón
 
Yamil "León"


Iniciemos sabiendo que Salomón tiene veinte años y es ciego de nacimiento. Vive con sus padres, Hugo, párroco de una iglesia católica, y Sofía, vendedora de productos de belleza a escondidas. Desde hace mucho tiempo, los tres han vivido en la parte trasera de la iglesia. Salomón jamás ha salido de la casa, ni siquiera ha entrado a misa. Así las cosas, el joven creció desconociendo todo vínculo con la realidad. Desde pequeño recibió una férrea educación, elaborada enteramente por las obsesivas y ridículas ideas de su padre. Curioso seria, decir que no conoce siquiera el significado de la palabra Biblia, mucho menos su contenido. Salomón, para sus padres, es algo más que un hijo; más bien es un experimento.



--Salo, debe de ser mejor que todos nosotros. Deberíamos estar agradecidos de que el señor lo haya mandado a nuestras vidas. El hecho de que no pueda ver, es un don divino, ya quisiera yo poder evitar ver toda esta inmundicia a la que tenemos que enfrentarnos día con día. Él, tiene que seguir permaneciendo fuera de todo pecado. Creo que no tiene caso que conozca el mensaje de Dios, eso es para nosotros; los impuros. Sólo basta con hacerle saber que algún día sus ojos se abrirán y podrá ver aquello infinito y maravilloso —Decía el padre a su mujer.

En otras palabras, Salomón, no conocía nada más allá de un sinfín de audio libros de teología y diccionarios elaborados por su padre. Ejemplo: Política: Dícese de una clase de planta sin hojas. Mujer: Pájaro de vivos colores y pequeño tamaño que se alimenta del néctar que aspira de las flores con su pico. Mar: Figura geométrica de cuatro lados. Libertad: Animal invertebrado de color grisáceo común en Sudamérica. Sudamérica: Superficie plana por la que se camina, puede estar constituida por diversos materiales.

Bien, pues así ha sido la vida de Salomón hasta hace unas

semanas. Digo, hace unas semanas por que yo aparecí en su vida. ¿Quién soy yo? Eso no importa, sólo digamos que un buen día (bueno en realidad un mal día) cuando mi abuela falleció; acompañé a mi madre a la iglesia. Nosotros somos la clase de personas que va a esos lugares sólo cuando alguien muere o cuando las incomodas invitaciones a bautizos, bodas y esa clase de cosas nos hacen sentir comprometidos. De acuerdo, dejaré de hablar de mí y me enfocare en el caso que nos ocupa. Durante aquella misa, vi a demasiadas personas llorando sinérgicamente. Uno comenzaba y el resto de los presentes le seguía. Aunque claro, había aquellos apáticos que no dejaban de observar el correr de sus relojes. Mientras yo me preguntaba, por que se tenía que seguir el mismo procedimiento post mortem para todos los difuntos católicos, una silueta se asomaba tímidamente en el fondo de aquellos misterios pasillos de las grandes iglesias. Cuando de pronto, todos se hallaban hincados y con los ojos cerrados, decidí acercarme a aquella silueta incapaz de hacerse notar del todo. Al llegar, me di con la sorpresa de que un muchacho, de mi edad, se encontraba riendo pícaramente.

--¿Qué pasa contigo? Este no es un buen momento para andar riéndose por ahí. —Dije severo.

--¿Qué no lo notas? Es muy gracioso, mi papá dice cosas muy extrañas—Contestaba el chico entre risa y risa.

--¿Gracioso? Tu si que estas chiflado. ¿Qué puede tener de gracioso el hecho de que una persona muera?—Preguntaba indignado.

--¿Morir? ¿Qué no sabes? Morir es eso a lo que saben las paletas de caramelo—Decía él.

--Vaya, veo que el olor de las veladoras te está afectando la cabeza.— Le dije.

--¿Veladoras? ¿Qué es una veladora?—Preguntaba el chico desconcertado.

--Bah, olvidado, y…dime ¿Tienes un nombre, o tampoco sabes lo que eso significa?—Le preguntaba, ya casi dándome por vencido.

--¿Nombre? ¡Ha, claro! Soy Salomón. ¿Y tu?—Contestaba el simpático muchacho.

--Vaya, al fin una buena respuesta amigo. Dejemos lo de mi nombre para después. Ahora tengo que irme, mi madre ha de estar

buscándome. —Expresaba yo presuroso.

Pasaron los días y poco a poco yo iba entendiendo a mi amigo. Me resulta realmente increíble el saber que su vida ha sido sólo un patético intento de redención-ofrenda, de un padre sumergido en ideas extremadamente conservadoras y putrefactas concepciones totalizadoras. Vaya, el tipo parecía haber sido sacado de aquella Oceanía, que George Orwell plasmó de manera magistral en la gran, 1984.

El problema ahora recae en que, Salomón, ahora además de ciego; es mudo. Pero esta vez no por algún defecto biológico, si no más bien creo que ha decidido que, el adoptar el silencio, es la forma mas acertada de encontrar aquellas respuestas, que, durante años han permanecido inmovilizadas por una impalpable camisa de fuerza llamada infamia. En este momento creo que lo más correcto seria empezar a elaborar mis conjeturas.

Es media noche, tratemos pues de imaginar a este simpático sujeto, recostado sobre el suelo (bueno, Sudamérica) El lugar es su habitación, de las paredes con pintura descascarada, se sosteniente una docena de imágenes santas. En cuanto a lo demás, ventilador agonizante, un reproductor de cd’s, una mesilla renga y sobre de ella un matamoscas (después explicare por que) y con la mano izquierda sostiene un libro de historia universal en sistema Braille. Bien, teniendo esto en mente, pasemos a preguntarnos ¿Por qué Salo ha decidido sumergirse en la mas radical descomunicación de su mundillo vuelto caos? Las respuestas a esta pregunta podrían ser demasiadas, pero he decidido exponer únicamente tres; las mas verosímiles.

En primer lugar, Salomón, se concibe a si mismo, como un infrahumano. Como un ser cobarde que al darse cuenta de que la realidad es menos ridícula que las ideas de su padre ha decidido descubrir el otro significado de la palabra muerte; no la que sabe a paleta; si no la que no sabe nada; absolutamente a nada. Pero claro, morirá en el intento por descubrirlo.

La segunda opción esta más apegada a las malas interpretaciones. ¿De que? Pues del libro antes mencionado que logré hacer llegar a sus manos (no sin antes pasar por un sinfín de peripecias). Quizá el libro desató en él, la idea errónea de que todo tiene que ser malo; de que la guerra está por venir y de que las moscas son unas execrables espías del infierno. Entonces la solución, (según su mala interpretación) seria armarse con un matamoscas y creerse un justiciero de la edad del Feudalismo. Con esto, seguramente terminaría por creer que, en realidad; él es la mosca. Terminaría en el suicido.

Finalmente la tercera mis opciones, es pensar que Salomón es un gran mentiroso. Que así como posee la facultad de permanecer hundido en las penumbras de su silencio; así también podría haber mentido todo este tiempo; haciéndonos creer que está ciego. Cuando en realidad sólo le gusta jugar al voyeur, observando bustos prominentes desde aquel lugar en la iglesia donde le conocí. ¿Pero entonces por que permanecer tanto tiempo en la sumisión? Quizá sólo con pensar en esto, esté perdiendo mi tiempo. Quizá en este momento, Salomón esté confesándole a su padre que su madre ha estado vendiendo extraños objetos que hacen a las mujeres más bonitas. “Mujer: Pájaro de vivos colores y pequeño tamaño que se alimenta del néctar que aspira de las flores con su pico.”

Yamil "León"
 

* Luis Fernando Paredes Porras es director del proyecto Las 1001 Voces y Colectivo a favor de la infancia , el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.

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