La niña de las siete iglesias
Minuto a Minuto

 

 

02 de enero de 2014

Durante muchos años se han contado historias de gente que en algún momento dado se han encontrado con fantasmas nocturnos, son frecuentes los relatos de taxistas y choferes que han vivido experiencias realmente inexplicables. Un caso muy famoso en esta ciudad es el de la aparición de una joven que abordo un taxi ya que su único deseo era visitar siete iglesias para poder descansar en paz.

Siendo una noche como todas, pero en especial, ésta era una noche un poco más fría, más obscura, cerca de la una de la madrugada un taxista regresaba a su casa después de todo un día de arduo trabajo, en la calle ya no había ni alma de gente, pero al pasar frente al cementerio general de la ciudad se percató que una chica le hacia la parada, él siguió pensando que ya estaba muy cansado y que era muy tarde Para hacer otra dejada, se le hiso muy extraño que esta chica estuviera sola a esas horas.

Sin embargo reflexiono y pensando en su sobrina de 17 años que fue violada y asesinada tres años atrás, dijo: “pobre chica no la puedo dejar ahí expuesta a no sé qué miserable”.

Retrocedió su taxi y llego hasta ella, tenía aproximadamente entre 18 y 19 años. Al contemplar su rostro, el taxista sintió un frio intenso y cierto sobresalto, al que no le dio importancia, pues la niña era dueña de un rostro angelical, inspiraba pureza, de piel blanca, muy blanca, cabello sumamente largo, era delgada, facciones finas, ojos grandes azules, pero infinitamente tristes tenía un vestido blanco de encaje y en su cuello colgaba un relicario bellísimo de oro que se veía de época.

El taxista acongojado le preguntó a donde la llevo, y esta chica le respondió “que la llevara a visitar siete iglesias de la ciudad”, las que él quisiera, su voz era suave, muy triste, pero dejaba notar un timbre muy extraño, que le dejo una sensación de miedo y misterio.

Para no hacer tan larga la historia, el taxista la llevó a cada una de las siete iglesias sin replicar, en cada una pasaba cerca de tres minutos y salía con una expresión de serenidad, de tranquilidad pero sin abandonar en sus ojos esa mirada de infinita tristeza.

Al final del paseo, ella le pidió un favor: “Discúlpeme si he abusado mucho de su bondad, mi nombre es Alicia, no tengo dinero para pagarle ahora, sin embargo le dejaré este relicario, y podría hacerme un último favor? Vaya a la colonia jazmines ahí vive mi padre entréguele mi relicario y pídale que le pague su servicio, ah, y dígale que lo quiero y que no se olvide de mí. Déjeme donde me recogió por favor”.

El taxista se sintió como en un trance, en donde actuaba a petición de la chica, y la dejó ahí frente al cementerio. El hombre se fue a su casa, se sentía mareado, le dolía intensamente la cabeza y su cuerpo le ardía por la fiebre que empezaba a tener, su esposa lo atendió de ese repentino mal, duro así casi tres días.

Cuando al final pudo reaccionar y se sintió mejor, recordó su última noche en el taxi, acordó a la niña angelical de las iglesias, y se acordó de su última petición que le hiso sentir un escalofrió intenso que se hizo que se cimbrara de pies a cabeza, aunque él no comprendía nada, pensó: “qué raro fue todo, seguro se fue de su casa o tiene problemas, pero ¿porque en el cementerio? ¿Quién era?, ¡¡ El relicario!! “,….. Sí ahí estaba, sobre su mesita de cama el relicario de Alicia que ahora tenía retos de tierra.

Se paró como un resorte, tomo su taxi y fue a la dirección que le diera la chica, pero o con la intención de cobrar, sino de descubrir, conocer, aclarar la verdad de tras de ese misterio que le inquietaba, que le estremecía, que no quería ni pensar.

Tocó era una casa grande estilo colonial, vieja, entonces abrió un hombre de edad avanzada, alto de aspecto extranjero con unos ojos, si los ojos de Alicia, así de tristes. El taxista le dijo: “Disculpe señor vengo de parte de su hija Alicia, ella solicito mis servicios, me pidió que la llevara visitar siete iglesias, así lo hice y me dejo su relicario como prenda para que usted me pagara”. El hombre a ver la joya rompió en llanto incontrolable, hiso pasar al taxista y le mostro un retrato, el de Alicia idéntica a la de hace tres noches.

¿Ella es mi hija Alicia, le dijo el hombre, “Si ella, con ese mismo vestido”.

“No puede ser, hace tres noches cumplió siete años de muerta, murió en un accidente automovilístico y ese relicario que le dio fue enterrado con ella, y ese mismo vestido su favorito… Hija, perdón debí hacerte una misa, debí haberme acordado de ti, debí….”

El hombre lloro como un niño, lloro y lloro el taxista estaba pálido, pasmado de la impresión “había convivido con una muera” eso lo explicaba todo.

Volviendo de su estupor, le dijo al padre de Alicia: “señor yo la vi, yo hablé y conviví con ella, me dijo que lo amaba, que lo amaba mucho y que no se volviera a olvidar de ella, creo que eso le dolió bastante”.

Se dice que el padre de Alicia recompenso al taxista, por el noble gesto de llevar a su hija ya fallecida a visitar las siete iglesias y expresarle el mensaje dado por su hija, que en esas fechas se cumplía un aniversario más de su muerte.

David FloresDavid Flores es conductor de radio e investigador del fenómeno paranormal y sobrenatural. Radica en Puebla, Puebla, México.

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