En tiempos del coronavirus (Crónica)
Minuto a Minuto

 

 

21 de febrero 2021


(O deseando salud para vivir más)


Dentro de las familias se educa explicando con ejemplos y más cuando se enfrentan con una chiquilla preguntona. Recuerdo a mi abuelo Pedro Sesma Flores, explicarme la razón por la que se tenía que decir “salud” para desear salud a una persona cuando estornudaba: “hija, hace muchísimos años hubo una epidemia donde la gente moría cuando estornudaba. Muchos estornudaban y caían muertos. Por esa razón, se empezó a desear la salud”.


Creí que mi abuelo era muy exagerado al explicarme y enseñarme las reglas sociales. Hoy sé que si existió esa epidemia: la gripe española, tal vez no con la característica que describía mi abuelo, pero si una pandemia terrible y mortal.
Durante mi infancia me llamaba la atención cuando llegaban señores vestidos de beige con cascos y botas amarillos, cargando en sus espaldas un tanque para fumigar. Sin previo aviso se presentaban y le indicaban a mi mamá que iban a desinfectar. Prácticamente mi mamá trataba de cubrir lo que podía y los señores entraban y fumigaban todo. Mi madre ese día trabajaba hasta tarde lavando todo. Me decían que los enviaba el gobierno, para que exterminaran el mosquito y no me fuera a enfermar de paludismo, porque era una enfermedad muy fea y que atacaba principalmente a los niños. Razón por la cual me dormían con un pabellón para protegerme.

Fui creciendo y siempre se escucharon noticias de epidemias en otros lados del mundo, en mi pueblo sólo había casos de epidemias de piojos y una ocasión, en la década de los 70´s, me empezó a dar comezón en todo el cuerpo. Me la pasaba rascando, mis hermanos se rascaban, mis papás también, mis abuelitos lo mismo, los vecinos de igual forma. Miraba a toda la gente del pueblo y también se rascaban. Era una epidemia de sarna humana que azotó la región. El seguro social dotó a mi mamá de frascos de “loción para la rasquiña”; era una sustancia pegajosa que olía muy mal. Mi mamá preparaba una sustancia con Árnica y otras hierbas y después nos bañaba en ella.

Ya grande me picó varias veces el mosquito del dengue; provocaba temperatura, dolor de huesos y anulaba el apetito. Eso era similar a correr un maratón y quedar noqueada y deshidratada después de una semana.

Cuando era jovencita había noticias del VIH/sida en todo nuestro país. Fue un golpe duro saber que murieron en esa epidemia dos compañeros de la primaria que quedaron en mi memoria para siempre; Toñito, mi dulce amiguito que siempre escucho mis sueños de niña y Pablo, mejor conocido como “La Paola”, pues de niño dio muestras de sus preferencias y siempre nos hizo reír.
A lo largo de la historia hemos enfrentado y padecido epidemias diversas y nosotros, los habitantes o invasores del planeta, hemos logrado salir adelante. Muchas veces hemos pagado la cuota respectiva. Durante la Conquista es famoso el episodio donde muere Cuitláhuac de la viruela: traída por un negro que vino con Narváez y que según Bernal Díaz “fue la causa de que se pegase e hinchiese toda la tierra dellas, lo cual hubo gran mortandad”. Según registros la viruela acabó con 3.5 millones de indígenas.

Once años después se produjo un brote de sarampión que ocasionó grandes estragos entre la población.

La población indígena se vio atacada simultáneamente por varias enfermedades y los síntomas correspondientes fueron: gripe hemorrágica, icteroespiroquetosis , fiebre amarilla, infecciones virales, paludismo, tifus y tifoidea. Los indios les llamaban Cocoliztles (sinónimo de plaga o epidemia), también llamaban a algunas enfermedades matlazahuatl.

Durante la Nueva España en 1806, se tiene registro de un brote de influenza. Y para los tiempos de la independencia en 1810 hubo vómito prieto. En 1813 se endureció la mano española con independistas mientras eran azotados por la fiebre Petequial; Se supo que entre junio y julio hubo 17,267 entierros en la ciudad de México.

En mi región de clima tropical y en su historia, se han registrados casos como aquél que menciona Adriana Naveda; era la época del movimiento de independencia y estaba apostado en el Fuerte del Chiquigüite el destacamento: La Republica, todos los insurgentes se enfermaron de fiebre amarilla. Todo ese ejercito pereció por la epidemia. Aún me agrada pasear por ese cerro que es el penúltimo de la sierra Madre Oriental. Piso con mucho respeto su suelo porque se cuentan leyendas sobre fantasmas insurgentes que se alumbran con teas en la espesura de la noche.

El Cólera Morbus se originó en la India y se expandió por todo el mundo. Llegó a México en 1832. Tan sólo en Orizaba murió un tercio de la población. La fuente de contagio fue el agua.

Hay registros franceses en partes de guerra durante la intervención, que se quejaban del clima tropical, porque podían enfermar de icteroespiroquetosis, malaria, Paludismo o Disentería. Era preferible subir lo más pronto a tierras más nobles como las de la planicie mexicana.

La peste negra acabó en Europa con 15 millones de personas. A Veracruz llegó en 1920 y el puerto se puso de inmediato en cuarentena cuando se supo de un hombre infectado. Quemaron los mercados y casas de madera, donde se pudieran albergar las ratas infectadas. De esa forma se evitó la propagación por todo el país.

La influenza tuvo varios brotes durante el siglo XX (1947, 1957-58, 1961 y 1970), teniendo variaciones (H1N1, H2N2, H3N2, etc.). En 1990 hubo vacuna para los niños. Y a pesar de los avances en medicina se declara la pandemia nuevamente por virus H1N1 en 2009-10.

Actualmente estoy en una cuarentena interminable en la que estamos siendo castigados sin salir de casa y sin que los más pobres tengan que comer. Sintiéndonos como hace 500 años; vulnerables con miedo a lo desconocido porque no le hemos visto la cara al Covid-19. Creíamos que la ciencia había avanzado y nos damos cuenta que no ha sido suficiente.

Hemos tenido miedo por los “cocoliztles” y nos sentimos indefensos. Nos hemos dado cuenta que no hay que esperar a mañana para vivir… hay que vivir todos los días como si fuese el último.

Hoy la imagen de mi abuelo venerable me recuerda que desde el fondo de mi corazón debo desearles SALUD a todos.

Olivia Sesma Rascón, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin
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