Dios y la ignorancia nunca mueren / Masca la Iguana
Minuto a Minuto

 

 

Sé que Dios nunca muere / y que se conmueve / del que busca su beatitud…

Luis Fernando Paredes Porras 

     En los Valles Centrales de Oaxaca se percibe de facto el vals “Dios nunca muere” como el himno espiritual del pueblo, no así en la cuenca donde pareciera que en ocasiones nos esforzamos en matar a Dios.

     Y es que Dios creo todas las cosas, por ello todas son parte de él, todas son él: los tres reinos son manifestaciones de su amor, tal como lo dice Xóchitl Che, Xóchitl Castro Reyes en sus poemas místicos.

     La gente de la cuenca tenemos la bendición de vivir en un paraíso tropical donde “la mano de Dios” es más que evidente así como también nuestro descuido que, desde hace mucho tiempo ya es indolencia. Increíble, impresionante y vergonzoso es que no tengamos reglamentos que cuiden la ecología de nuestro entorno y el que tengamos que esperar el freno de la ley  para respetar. Caro lo pagaremos. “Pudiste cuidar la obra y preferiste darme la espalda” imagino que diría Dios si fuera antropomórficamente caprichoso, tal como nos encanta pensarlo para mitigar nuestro cargo de consciencia y lavarnos las manos dejándolo a la infalible justicia divina.

      Dios no abandona a los pobres, dice el pueblo y lo sostuvo Macedonio Alcalá - que falleció un día como ayer 24 de agosto de 1869 -  al componer la música del vals Dios nunca muere, del cual nos dice la wiki “fue creado cuando Macedonio Alcalá y su esposa Petronila Palacios pasaban por una situación económica precaria y además el compositor estaba en riesgo de morir. Una versión de la historia señala que su benefactor y amigo Roberto Maqueo, viéndolo en esta situación difícil, le dejó discretamente 12 pesos en plata. Otra versión señala que le visitaron indígenas en Tlacolula para encargarle un vals para la patrona de su pueblo (Santa María de la Asunción), dejándole 12 pesos en plata como paga. En todo caso, se afirma que en cuanto Alcalá recibió el dinero, se incorporó en su cama y trazó en una pared los primeros compases del vals, los cuales transcribió después en un papel para música, con gran esfuerzo de su parte. Llamó a este vals Dios Nunca Muere en gratitud a que había recibido auxilio cuando más lo necesitaba.”

     La letra más conocida la creo Xavier González:

 

Muere el sol en los montes

Con la luz que agoniza,

Pues la vida en su prisa,

Nos conduce a morir.     

 

Estrofa I

 

Pero que importa saber

que voy a tener el mismo final,

porque me queda el consuelo

Que Dios nunca morirá.

  

Estrofa II:

 

Voy a dejar las cosas que amé

La tierra ideal que me vio nacer,

sé que después habré de alcanzar,

La dicha y la paz, Que en Dios hallaré.   

 

Estrofa III:

 

Sé que la vida empieza

En donde se piensa

Que la realidad termina

Sé que Dios nunca muere

Y que se conmueve

Del que busca su beatitud.

  

Estrofa IV:

 

Sé que una nueva luz

Habrá de alcanzar nuestra soledad

Y que todo aquel que llega a morir

Empieza a vivir una eternidad.

 

“Mi arroyo se murió, vivo en un cadáver” me dice triste la verdosa iguana y la veo unir sus patas delanteras para comenzar a orar; “no sabía que rezaras” le digo y me responde con los ojos cerrados dirigiéndose al cielo: “qué poco sabes de Dios”.

 

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