Una lágrima y un recuerdo… verdes
Minuto a Minuto

 

 

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       Llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo. Charlotte Brontë (1816-1855) Novelista inglesa.

 Luis Fernando Paredes Porras / Masca la Iguana

Me enteré a través de mi amigo Alejandro Gonzáles Luengas que el grupo musical “Miramar” fue quien dio a conocer la famosa canción de “una lágrima y un recuerdo”; ¿a poco no los conoces? me dijo asombrado después de que me revelara que el entrevistador, ese que se escucha en una grabación a personajes de Suchiquiltongo de hace 20 años, era nada menos que Valentín Vázquez Figueroa, uno de los tecladista del grupo  del pueblo de Río Grande, Oaxaca.

Puse la canción de inmediato y le vinieron los recuerdos a Alejandro, más no las lágrimas, porque no quiere; luego comenzó otra canción: “Aquel inmenso amor, aquellas caricias las has olvidado, con tu separación y tu hipocresía al fango lo has echado… dime que te he hecho yo, sácame de esta duda, pues si muero de amor el mundo lo sabrá, que ha sido por tu culpa…”

Alejandro me asegura no recordar la última vez que lloró, como que no quiere o no sabe, hace el intento pero como que la virgen le habla. En mi caso, lloro con frecuencia, de hecho hasta me gusta. Llega el recuerdo a la mente de Alejandro y reconoce que lloró por el madrazo en la cara que el palo del tendedero le propinó al estar cumpliendo sus labores de esposo, cuando vivía aquí en la colonia Santa Fe, Barrio Educador, hace apenas unos meses,  ahí sí, con el madrazo no sólo pudo llorar, sino que supo y quiso.

La lágrima es una secreción de la glándula lacrimal que se vierte por los ojos como consecuencia de una emoción intensa, por irritación del ojo, por congestión nasal - o por un madrazo-  y al caer toma forma de gota.

Me recuerdo de otra canción ícono del último tercio del siglo pasado, la cantó Kling Clave:

“Cuando te perdí, no me conforme  con la realidad, un presentimiento en mi pensamiento
me dio la verdad.  La humilde casita que fue nuestro nido muy triste quedó. Sólo tu perfume quedó en el recuerdo de aquel grande amor. Tu procedimiento me hizo padecer, dejando en mi pecho una herida cruel, y al verte rendida por otra ilusión de celos y angustia mataste mi amor. Dicen que los hombres no deben llorar por una mujer que ha pagado mal, pero yo no pude contener mi llanto, cerrando los ojos me puse a llorar…”

Alejandro dice que Valentín está en su pueblo, en Suchiquiltongo, en los Valles Centrales de Oaxaca, dejó de tocar después de varios intentos por formar un grupo. En el trienio pasado fue quien cuidaba el museo comunitario. En la época de gloria del grupo Miramar, Valentín se desapareció de su tierra debido a las intensas giras. Hoy Alejandro se acordó de él, le dedicó un recuerdo, más no una lágrima.

Puse nuevamente la canción en alto volumen porque la tonadita está pegajosa: “una lágrima y un recuerdo, de por vida llevaré, por tu culpa traicionera bella y falsía mujer…” y ambos, Alejandro y yo, nos acordamos, cada quien con lo suyo, pero eso sí, sin lágrimas de por medio.

Dice la iguana que ella la cantaba pero sin Miramar, ya que lo que siempre ha observado es el arroyo Moctezuma…suspende su mascar signo de que le vino el recuerdo que le acicatea su escamosa alma y no llora, nada más porque no puede, pero de que siente las lágrimas verdes, así como las negras de aquella otra canción, las siente. La escucho balbucear y logro entender: “aunque tú, me has dejado en el abandono, aunque tú has muerto todas mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono, en mis sueños te colmo, de bendiciones…”

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