La escultura “Preludio al brinco” se inaugura en Tuxtepec
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  • ·         La ciudad se percibe a la vista, distinta, con la identidad que Dávila “le está dando” entre gritos, jalones, empujones y brinquitos.

Luis Fernando Paredes Porras

Será el  sereno, pero Fernando Bautista Dávila Presidente Municipal de Tuxtepec, Oaxaca,  cómo todos, ha tenido sus momentos positivos, negativos e interesantes, los cuales resaltan perfectamente identificables  en estos primeros 99 días de su gobierno de dos años al frente de la segunda ciudad en importancia de Oaxaca y la primera en la Cuenca del Papaloapan. La escultura del conejo  tenso, presto a brincar colocada a la entrada de la ciudad proveniente de la caseta del puente caracol simboliza muchas cosas, muchos brincos.

Dávila anunció esta mañana del 9 de abril que se han mandado a realizar más esculturas para puntos estratégicos de la ciudad, símbolos de los elementos identitarios de este pueblo multicultural, políglota y neonatamente intercultural. A mí me gusta la idea, me emociona el hecho, la noticia y sus posibles consecuencias positivas, negativas e interesantes.

Dávila asegura que Tuxtepec tiene una identidad clara, frente a una corriente grande de habitantes que ha venido negándolo, y para demostrarlo pinto el palacio de gobierno y el kiosco, ahora pone cientos de palmeras y la primera escultura; es decir, Dávila, por las razones que sean, le está dando símbolos de identidad a esta ciudad caótica a donde se desprecia el río llamándole entre risas “cacaloapan” y se escucha aún decir “trsitepec” entre calores intensos, chaquistes, olores diversos por sus céntricas calles llenas de ambulantes y que en cualquier momento se hundirán, las calles,  - porque los ambulantes está demostrado que los soportan fuertes pilares-.

Nuestra ciudad de los tacos al pastor desde un peso con cincuenta centavos, allá en la esquina de 20 noviembre y bulevard Benito Juárez y de a dos pesos por todos lados, la de los pollos rostizados o a la leña por doquier, la de la fuente de las mariposas – aporte polémico de Antonio Sacre que la hizo sin que lo demás respaldara una buena intención en ello -; Tuxtepec la de los tricicleteros, la de los tamales, la de los asesinados casi diario a los que nos hemos ido acostumbrando, la de los arroyos llenos de nuestros excrementos y que antes rebozan llenos de vida, esta nuestra ciudad –que gime entre los estirones de quienes quieren que siga siendo un pueblo donde ellos griten y manden y por otro lado una población que la ha venido a re evolucionar de a poco-. La gobernada hoy por vez primera por un indígena que no deja de sonreír pese a que se le ha acusado de espionaje por parte de la prensa y que apaga fuegos con los comerciantes horas antes de su informe de los 100 días; que logró volcar sin querer, a la población en apoyo de sus bomberos;  que sonríe y avanza…a brincos chinantecos para bien y para mal, lo cual es interesante.

La iguana anda celosa, pero también contenta, pues desde hace miles de años comparte estas tierras con los conejos venidos de otras planicies y cerros, me dice que ella quiere su escultura en el arroyo, que ahí están vivas, coleando y mascando cual milenarias esculturas al sol mañanero tuxtepecano. La miro y pienso que de saltar, ya hubiera cambiado su condición de vida de forma positiva, negativa o interesante.

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