Jesucristo y Rigo Tovar: par de querendones
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Masca la iguana

 

A pesar de todo sigo siendo un querendón…

Rigoberto Tovar

  • Comimos a un restaurante donde te ponen una peluca y las paredes están llenas de los nombres de las canciones de Rigo en un ambiente marítimo.
  • No pude conocer la playa Costa Azul, ni ver la escultura de la sirenita ni asistí al museo de Rigo Tovar en el parque Olímpico.
  • Sentí que no había estado en Matamoros, la ciudad del hombre que afirmaba que era amor. 

 

Luis Fernando Paredes Porras

Rigo Tovar se parecía a Jesucristo. En 1946 el 29 de marzo nació Rigoberto, por eso en Matamoros Tamaulipas le realizan como desde hace varios años, un homenaje a pie de su escultura. La presencia de sus familiares dan toque especial a las mañanitas y muchas radiodifusoras emiten sus canciones manteniendo con ello vivo en el recuerdo colectivo a un grande de la música tropical mexicana.

Le nombraron en sus mejores tiempos “el Jim Morrinson mexicano” y recibió en el escenario prendas íntimas de mujeres que se derretían por él. Sus lentes, sus greñas y su brinco que dicen llegó alcanzar una altura un metro con 40 cm, eran parte del espectáculo visual. El día que lo velaban, en el año 2005, a una década de que se retirar de los escenarios algunas de “sus mujeres” dieron el espectáculo final.

Rigo se parece a Jesucristo. Una escultura, un museo, una avenida y un boulevard costero bautizado en próximos días,  llevan su nombre, me refiero a Rigo Tovar, es decir, en Matamoros lo quieren y lo quieren en serio.

Hijo de Homobono Tovar Cisneros y Sarita García Barrón tuvo las dos nacionalidades, la estadounidense por su madre que fue texana, de ahí que los migrantes vieran en Rigo Tovar un símbolo fronterizo, además de haber nacido en la polémica ciudad frontera con Brownsville, de haber vivido a metros del río Bravo junto con sus hermanos Héctor, Ilsa, Silvano, Eldam, Edelia, Heraclio, Marco Antonio, Everardo y José Ángel.

Antonio Sosa escribió para el diario el sol de Tulancingo: Si bien, se encuentra en la red que se reconoce a Mike Laure como el pionero de la cumbia – rock, Rigoberto musicalmente aportó la innovación de introducir guitarras eléctricas, bajo eléctrico, efectos de “sampleo”, órganos moog, batería eléctrica, instrumentos acústicos regionales, guitarras españolas y derivados folclóricos junto a cuerdas clásicas variadas.

Rosaura Dávila, cronista de Matamoros cuenta que la identificación de Rigoberto con el pueblo se debió a que trabajó como albañil, redactor de etiquetas, barman, limpiador de letrinas en un campamento de boy scouts retirados, cuidador de camellos en un zoológico y como botarga. Rigo nada más hablaba español, inglés, el italiano, el quechúa y el francés.

 

Rigo Tovar nada más llegó a vender más de 30 millones de copias y repletó bailes en todo el país, por lo que se le concedió el nombre de El Ídolo de México y El Ídolo de las Multitudes donde gritaban “Rigo es amor”. En 1979 rompió un récord de asistencia para un solo artista, en un concierto en las márgenes del río Santa Catarina, en Monterrey, donde reunió a más de 400 mil personas, más gente que la que juntó el papa Juan Pablo II, según medios de esa época.

 

Como pedagogo y promotor de los derechos de la infancia fui invitado a Matamoros hace dos años y medio por mi amiga Leticia Salazar, quien era la alcaldesa, una agenda de trabajo a favor de la participación de niñas y niños de esa ciudad fronteriza; comimos a un restaurante donde para la fotografía, te ponen una peluca y las paredes están llenas de los nombres de las canciones de Rigo en un ambiente marítimo. No pude conocer la playa Costa Azul, así bautizada durante su administración, antes playa Bagdad, que no pude ver la escultura de la sirenita colocada ni pude asistir al museo de Rigo Tovar en el parque Olímpico. Sentí que no había estado en Matamoros, la ciuidad del hombre que afirmaba que era amor.  Matamoros, quizá un día regrese…porque nunca lo podré olvidar.

Dice la iguana que Rigo Tovar pasó una vida de pasiones y terminó su existencia en condiciones impresionantemente impredecibles en sus mejores momentos, como Jesús, cuando predicaba y al final le esperó una pasión terrible que lo convirtiera en el cristo.

Yo le subo al volumen “no que no” y “oh que gusto de volverte a ver” pensando que ya se acerca la semana santa y muchos irán a la playa Costa Azul, que no conocí. Pienso en lo afortunado que soy con mi sirena y sirenito y en lo que me reclama la iguana todos los días y por lo cual le digo “perdóname mi amor por ser tan guapo”.

La verdosa se ríe dejando de mascar y me perdona, porque como Jesús y Rigo Tovar, ella también es amor. Y así todos, que somos amor, debemos reconocer que “a pesar de todo, seguimos siendo querendones”.

 

 

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