Incendio de ancianos: destino de todos
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                                                                                                                 Masca la Iguana
                                                                                           Incendio de ancianos: destino de todos

Luis Fernando Paredes Porras*

                                                                                                                                                                                De la vejez sólo temo a la indefensión
                                                                                                                                                                                       Luis Fernando Paredes Porras

     A diferencia del Ave Fénix, los 17 ancianos de Mexicali que murieron por el incendio del asilo “Hermoso Atardecer”  y que hoy se presume fue provocado,  no resurgirán de sus cenizas, pero sí encienden una realidad que crece como un fuego avivado por fuertes vientos: es peligroso envejecer.


      Las condiciones en que vivían los 44 ancianos, de los cuales sólo 11 tienen registro de contar con familiares, eran ya de por sí deplorables, evidenciando la realidad de decenas de asilos en el país. El que 33 de ellos hayan sido abandonados por sus círculos familiares y sociales habla de la violencia que este sector de la sociedad vive, y se viene lo peor pues dentro de unas décadas tendremos millones de ancianas y ancianos proclives a ser víctimas de todo tipo de violencia emanada de todas partes. Es peligroso envejecer.


       Trato profesionalmente con ancianos a partir de producir el programa de radio y televisión “Préstame tu Recuerdo”  y el programa de radio “Corazón Danzonero” y he aprendido que  llevan una brasa en el pecho que clama por contagiar su luz y calor, resultado de la vida. Pero hemos aprendido a ser más crueles con nosotros al colocar el envejecimiento con todas sus circunstancias, como una etapa a la que se debe postergar llegar, porque no hemos creado proyectos sociales ni personales para la vejez. Nos da miedo envejecer y ello  provoca todo tipo de expresiones con las que buscamos exorcizar el demonio de la senectud.


      Acaban de ser las elecciones el 7 de julio y atestiguamos que los políticos usan a los viejos para tratar de conmover y para engañarlos o condicionarlos  obteniendo su simpatía, su miedo y su voto. Algunos se preparan para elecciones próximas como es el caso de Gabriela Castañeda Badillo Presidenta del DIF de Pachuca, a quien las redes sociales de inmediato “la quemaron” y ahora se le conoce como #LadyBolera por regalar un cajón de aseo acompañado de una despensa a un anciano y publicar en las redes con orgullo que  entregó un “proyecto productivo”. Ser viejo es un acto heroico de sobrevivencia cuando se es carnada fácil de todos.


       Y hablando de carnadas en la familia estamos viviendo el drama de tener un viejo con algo de patrimonio, el cual sobrevivió a  una serie de infartos y la hipótesis de que el incendio en “Hermosos Atardecer” tuvo premeditación, alevosía y ventaja se vincula con la hipótesis de que la indolencia de un familiar buscaba la muerte del pariente desde hace tiempo. En todas las familias hay historias de violencia hacia los ancianos y en muchas hay historias de amor como con mi  amigo  querido Abel Pérez Rojas quien hace poco tiempo aceptó ser el tutor de su anciano padre a quien los hermanos acordaron  colocaron en un asilo particular creando una nueva dinámica familiar donde incluso, han comenzado a sanar heridas. Mi querido amigo está feliz con su responsabilidad y ha crecido como ser humano a partir de ello regalándonos bellas reflexiones desde su columna sabersinfin.


       Otra amiga amadísima  de casi 70 años me confió hace tres, que sus visitas amorosas al asilo para convivir con sus residentes de Tuxtepec era porque estaba haciendo méritos para cuando ella llegara a su nueva casa. Su lección me sigue impresionando.


      Dice la iguana que si llega a vieja será un garrobo anaranjado de larga cola y muchas mañas para subirse  y mantenerse sobre la copa de los árboles de la ribera del arroyo Moctezuma, tomar el sol, realizar su meditación sobre su devenir prehistórico y que si bien me va y sigo vivo, me seguirá contando, en el supuesto del que el arroyo pestilente siga existiendo para ese entonces, cómo se le hace para envejecer y ser sensual, le contesto que eso ya lo sé, que lo que debo aprender es a envejecer. Me mira, creo que me sonríe y corre a platicar con el garrobo que acaba de caer de la rama salpicándonos de las insalubres aguas del arroyo; la miro nadar hasta llegar a tierra firme donde el garrobo mueve la cabeza digno, soberbio. Al mirarla nadar y correr creo que la lección primera es que comience a hacer ejercicio si no quiero  ser violento con mi propia vejez, para entre otras cosas, poder caminar rápido en caso de un incendio, alejarme de malas compañías y tener la fuerza para compartir la brasa que irá creciendo en mi pecho.

 

*Educador mexicano, productor de medios de comunicaciòn para el desarrollo, dirige sabersinfin sureste.

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