Niños asesinos...¡hijos de la chingada!
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                                                                                                     Masca la Iguana
                                                                                     ¡Niños asesinos,  hijos de la chingada!

 Luis Fernando Paredes Porras

                                                                                                                                                                        Sí, ¡son unos hijos de la chigada”!..
                                                                                                                                                                                    sí y sólo sí
                                                                                                                                                                   nosotros somos unos hijos de la chingada…



      La vida es un juego, de niños, de adultos y de ancianos jugamos; cambian las reglas, pero siempre estamos jugando. Es una necesidad  humana  y las culturas han usado los juegos como medios para educar a sus nuevos integrantes. En México nuestros adolescentes juegan ya a secuestrar, a golpear el rostro con piedras, a asfixiar y  clavar puñales en la espalda para no ser denunciados, y así, jugando mataron a un  niño de seis años a quien con mentiras, unos  adolescentes de 12,  14 y 15 años de ambos sexos, secuestraron, porque el juego implica tener una víctima real.


    La Convención de los Derechos del Niño nos obliga a respetar el derecho a jugar que niñas, niños y adolescentes en el mundo tienen y en México está protegido por la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes que entró en vigor a finales del 2014 y que en unos días más, en  junio contará con su reglamento. La LGDNNA marca un cambio de paradigma en la concepción de los derechos de la infancia en el país destacando las siguientes características:
•    Reconoce a Niñas, Niños y Adolescentes como titulares de derechos.
•    Articula la política en materia de infancia a través de principios rectores y criterios que orientarán a las instituciones de todos los órdenes de gobierno.
•    Establece un régimen de concurrencia para la implementación homogénea de mecanismos, acciones, políticas y programas.
•    Establece las bases para la participación de los sectores privado y social en las acciones de protección y ejercicio de derechos de NNA.
•    Se robustece el principio del interés superior de la niñez al establecer que las acciones que lleven a cabo las autoridades deberán considerar aspectos culturales, morales, afectivos, educativos y de salud de NNA e incorporar sus opiniones.
•    Reconoce a los grupos de NNA en particular vulnerabilidad (con discapacidad e indígenas).
•    Amplía los derechos de NNA en situación de migración.
•    Reconoce 18 derechos y contempla dos grupos específicos.

       Menores de edad asesinos siempre han existido, nunca han faltado  quienes están en conflicto con la ley, son  historias sórdidas, dolor de todos. Algunos han sido procesados y pagado sus condenas en lo que conocimos como Tutelares de Menores, ahora los nombres se han modificado y la LGDNNA tiene disposiciones muy especiales al respecto de menores de edad en conflicto con ella.
    

          Hace unos meses fui a impartir un taller de pintura en piedra a donde popularmente se le sigue conociendo como el Tutelar de San Fernando, en la Delegación de Tlalpan, existente desde los tiempos de Porfirio Díaz, hace décadas, el Lecumberri de los niños.  Después acudí al de la ciudad de Pachuca, la bella airosa y en ambas ocasiones lo que pude platicar me sorprendió más allá de lo previsto. Infancias que fueron robadas por circunstancias que todos hemos ido permitiendo. En Tlalpan no pudimos trabajar, por las características del taller con los adolescentes “más peligrosos”, los de mayores condenas. Después me encontré con el excelente trabajo periodístico “Los muchachos  perdidos” http://www.m-x.com.mx/xml/pdf/249/24.pdf de Humberto Padgett, donde describe:


“Hay miles de adolescentes y jóvenes mexicanos que ya perdimos. No son el mejor ejemplo de las bondades del bono demográfico que llevaría al país a contar con un gran potencial humano. Para ellos no hubo escuela, ni círculo familiar, ni empleo, ni futuro. “Prefiero morir joven y rico que viejo y
jodido... igual que mi papá”, dice una pinta en Sinaloa que sintetiza sin ambages qué es lo que ocurre. Así que estos chavos son para el crimen organizado un ejército absolutamente desechable, pero siempre dispuesto. “Nadie sufrirá por ellos ni estará atento a lo que les pase”, lamenta el sociólogo Héctor Castillo Berthier.
Así que, arrinconados por la miseria y la marginación, o porque simplemente son “malos”, decidieron que el futuro estaba muy lejos e incierto y decidieron tomar por asalto, arrebatar lo suyo. Varios de ellos poseen a sus 15 o 17 años de edad un record delictivo impresionante, de grandes ligas: decenas de ejecuciones, secuestros, robos. Esta es su historia, contada por ellos mismos. Son los muchachos perdidos”

       Los testimonios de los custodios de San Fernando con quienes pude conversar también me impactaron, pues muestran la realidad desde otra óptica. En Pachuca me sorprendió el cómo los políticos descubrieron que era un buen nicho de oportunidad el visibilizarlos, usarlos. Al taller de pintura en piedra le denominé “Belleza Imperfecta” porque describe lo que pensé vería y vi en sus miradas y una piedra, “el perro” sintetiza todo ello.


       De niño  se sintetizaba en la mirada de mis padres todo un sistema de reglas y sanciones cuando  se clavaba con fuerza al verme jugar con brusquedad con otros niños o mis hermanas, la acompañaba la frase: “juego de manos es de villanos”;  hoy los villanos juegan con toda la creatividad que nuestro momento histórico les provee, somos “Homo Ludens” que nos regodeamos, por generalizar, pensando en las masas,  en el instinto y la barbarie.


      Alejandro Jodorowski Prullansky el polémico y versátil Chileno, escribió la obra teatral “el juego que todos jugamos”, la disfruté en escena hace unas décadas y celebré el reconocerme como un ser lúdico.  Actualmente  juego con las palabras  escribiendo, haciendo televisión y produciendo radio entre otros públicos  con y para niños;  he jugado mucho con ellos a dialogar, lo que me llevó  por fortuna, a obtener el segundo lugar en la Bienal Internacional de Radio 2014 en programas infantiles, por eso me duele mucho, me cala,  que nuestra infancia juegue con las palabras de la forma en ahora lo hace,  lo que les lleva a acciones como las sucedidas en Chihuahua donde  niños de 12 años, dos varones adolescentes de 15 y dos niñas de 13 años, secuestraron, torturaron, asesinaron y enterraron  a un vecino de seis años de edad y luego acordaran tratar de vivir normalmente. Este juego comenzó con ideas y palabras que sembramos en su mente. El remordimiento hizo que uno de ellos confesara el crimen, pero cuántos han aprendido a jugar simular,  a vivir como si nada hubiera pasado, o mejor dicho, a jugar a la vida real, juego en el que todos jugamos.


      Cómo nunca en la historia de nuestro país la mayoría de la población es joven, este fenómeno, pese a que se conocía desde los censos poblacionales de 1990, 2000 y 2010   nos ha tomado por sorpresa y nos está llevando a juegos que no conocemos, que no son gratos y que además de avergonzarnos, nos muestran en lo que nos hemos convertido. Padgett narra que le impactó que un adolescente “el M”, después de secuestrar a un niño de 5 años lo hubiera asesinado inyectándole líquido de batería de coche directo al corazón.
 El autor de “Los muchachos perdidos” respondió a pregunta de un entrevistador: “pero estudiar en dónde, trabajar en qué. ¿Integrarse a una formalidad de tres mil pesos mensuales? La perdición a la que nos referimos con el título del libro no es ética ni moral, es un asunto social: muchos no llegarán a prisión porque no optaron por la delincuencia, pero sí por la piratería y el contrabando. Son chavos que envejecerán en algún momento y serán personas que no habrán hecho un ahorro para su retiro, no tendrán seguridad social para atender sus enfermedades crónicas. Estaremos en una situación en donde por cada dos personas que no puedan trabajar, habrá una que sí como habían dicho los demógrafos en los 80: serán viejos perdidos”. Pienso en que del tiempo en que realizó las entrevistas a la fecha, la violencia se ha incrementado en el País, a grado tal que ya es una noticia común el que niñas y niños jueguen a matar, no que sean parte delincuentes, o parte del crimen organizado sino que simplemente jueguen. En otra entrevista en un video, sentenció:  “son unos hijos de la chingada, sí y sólo sí nosotros somos unos hijos de la chingada…”


      Debo reconocer que he cantado a niñas y niños la historia de un secuestro, canción que aprendí hace años y he  usado en los talleres de desarrollo del pensamiento complejo; no es un narco corrido, ni una apología al deseo de ser sicario, la aprendí de Cepillín y se llama el secuestro de la lechuga:


Voy a contarles una historia conocida,
que sucedió allá en la huerta de Don Chón,
ésta es la historia de un tomate enamorado,
que fue muy gordo, colorado y sabrosón.

El jitomate enamoraba  una lechuga
cuando el pepino a la lechuga secuestró,
corriendo el apio vino y dijo al jitomate
¡a tu lechuga el pepino secuestró!

El betabel, la zanahoria y el elote
corrieron todos y le fueron a ayudar,
todos querían encontrar a la lechuga
que aquella tarde la fueron secuestrar.

Muy tarde fue cuando a la lechuga encontraron
pues la encontraron ya tendida en un platón,
en ensalada convertida la dejaron
y el corazón del jitomate se rompió.

 El jitomate a otra huerta se alejaba
y las cebollas lloran viéndolo partir,
ésta es la historia del tomate enamorado
que a su lechuga no más la vio morir.

Aquí termino de contarles esta historia
que sucedió allá en la huerta de Don Chón,
la triste historia de un tomate enamorado
¡que fue muy gordo, colorado y sabrosón!

       Dice la iguana que el maltrato animal nos escandalizó, luego el acosos escolar y de a poco nos acostumbramos a oír de un caso, de otro, de ver un video,  y luego  otro…ella dice que recuerda cuando los niños le tiraban piedras con resorteras, que bastaba estar atenta para huir en el mejor de los casos, pero ahora, nuestros niños y nosotros, jugando al juego que todos jugamos, ni para a dónde correr tenemos. Pienso en el enorme avance que la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes representa para México y en el reto de hacerla valer en una sociedad donde jugamos a la simulación…con víctimas reales.

 

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