Masca la Iguana
El panteón del pensamiento
Luis Fernando Paredes Porras
El panteón del pensamiento requiere de enterradores,
pero también de ladrones de tumbas.
Luis Fernando Paredes Porras
En la región de la cuenca del Papaloapan la vida se narra en versos, eso fue lo primero que admiré de sus repentistas y lo que aprendí de Mauro y Julio Domínguez Medina, dos de los grandes versadores que en fracciones de tiempo logran realizar poemas en la métrica de la décima espinela de una calidad exquisita.
Una tarde de diálogo con estos artífices de la palabra les exponía que el duelo, cualquiera que fuera su causa, podía trabajarse desde un taller de creación de poemas, el taller nunca lo dieron pero nació una idea que en ese instante generó un par de décimas espinelas que me fascinan. La frase última, lo que le llaman los repentistas, “el pie forzado” fue “el panteón del pensamiento” única y verdadera región árida donde pasamos a desaparecer con el tiempo.
Un joven versador a quien la tradición le dio un nuevo sentido a su existencia me compartió un bello ejemplo de lo que dice el verso del maestro mauro Domínguez, pues Luis Antonio Rodríguez Pulido nos habla de su abuelo en el lenguaje que se debe usar para revivir a los muertos.
El maestro Mauro nos dice:
Se cree que los familiares
que son llamados por Dios
regresan en el día dos
de noviembre a estos lugares;
aderezamos altares
con comida y alimento,
y de espera un sentimiento
nos mantiene ese día juntos
mientras salen los difuntos
del panteón del pensamiento.
Luis Antonio nos regala la muestra de que no hay nada como la relación afectiva para trascender.
Hoy les hablo de mi Abuelo Tocho, este que está en la foto, el mejor ser del mundo que he conocido, mi Abuelo fue noble con los nietos, con los hijos quien sabe por qué por lo regular los nietos son la segunda oportunidad de los Papás. Siempre atento de Cusito, como me decía.
Dicharachero, rollero, amable y muy comelón. Lo pícaro me lo heredó mi abuelo, esa jiribilla de querer reírme siempre y de que hasta el día de hoy hace que lo recuerde con mucho cariño y con el amor más bueno del mundo.
En esa foto está plasmada mi infancia, cabeza inclinada, pero no de pena ni de que fuese menos, de seguro me reía de lo que le decían a mi primo, el que está cargando mi Abuelo pa’ que volteara a la cámara.
Su Pañuelo, su Guayabera y su bastón hicieron una institución.
Mi infancia no fue muy de juegos, desde que recuerdo trabajaba, pero les agradezco a mis abuelos la alegría de recordar mi niñez llena de amor y bendiciones. Tal vez mis primos puedan decir lo mismo, pero la neta de las netas, yo viví con esos viejos muchos años más que ustedes y aún puedo oler el lomo de mi abuelo cada que lo abrazaba… así de claro tengo a mi abuelo en mi Corazón.
Abuelo te dejo esta rima de las muchas que te he dedicado...
Mi abuelo fue comelón
alegre y aventuroso,
fue el abuelo más gracioso
que ha dado esta región,
lo llevo en el corazón
y de ahí nadie lo quita,
tuve la chance bendita
de ser Nieto de Don Tocho
y sentirme tan jarocho
como lo es hoy Las Peñitas.
Como mi abuelo no ha muerto
tiene en mi pecho un espacio,
aquí le hice un palacio
con bellas flores y un huerto,
si alguno cree que no es cierto
y dice que él ya es ceniza
este que el verso realiza
con tal de hacerlo creer
que si a él se le quiere ver
que se fije en mi sonrisa…
Y si mi abuelo viviera...
seguiría siendo el mismo Tocho de siempre.
Sigo convencido que escribir y hacer poemas ayudan a manejar cualquier duelo y en la cuenca del río Papaloapan, este arte de hacer versos en el aire deberíamos comenzarlo a exportar ahora que el país tanto requiere saber manejar tanta tragedia.
Dice la iguana que ella inventó la poesía, tan es así que ya otro versador, Jaime Yañez afirma que la iguana es la madre del son jarocho. Yo la miro y le aviento un pie forzado: “el panteón de los réptiles”…ella, ágil y suspicaz sentencia “ni que fuera elefante”.








