26 de julio de 2014
El pesar oculto,
como un horno cerrado,
quema el corazón
hasta reducirlo en cenizas.
William Shakespeare.
En Dios descansa el hombre.
Pero mi corazón no descansa,
no descansa mi muerte,
el día y la noche no descansan.
Jaime Sabines.
No conozco aún el dolor de infarto,
sin embargo el pecho mucho me duele,
la muerte no ceja, pronto deviene,
dejo de huir, de frente me le planto.
Se distrae, le convido de mi plato,
frío seco, mis huesos lo resienten
labios azules, tirito sonriente,
el espíritu se va sin recato.
El ansia se me sube a la cabeza,
como a un ebrio los ánimos y el celo,
la marejada en la costa no cesa.
Respiro hondo, la frente me besa,
irradio frío desde pies a pelo,
sueño que sueño, el alma no pesa.
Hugo Islas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) radica en Puebla, es amante de la música y las letras.








