
4 de octubre de 2020
Solté tu mano
como se hace con las palomas
en las ceremonias de despedida,
como sucede cuando por descuido
los globos pasan a formar parte
de los cuerpos flotantes a gran altura.
Solté tu mano,
tal vez porque el agotamiento
pudo más que el convencimiento,
y porque la lluvia
cala inmisericorde
cuando las palabras soslayan
lo que es irremediable.
Solté tu mano
a pesar de mis pesares,
a contracorriente de mis latidos,
de mi titiritear nocturno
y de la sobrecarga de vitaminas.
Solté tu mano
quizá porque la victoria
decantó hacia ti,
y el frío fue tanto,
que los recuerdos se congelaron,
y cayeron hechos trizas en septiembre.
Solté tu mano,
tu cabellera,
tus misteriosos ojos de geisha
y tu aliento almíbar
que alcanzó a decir:
- ¡nada es para siempre!
Te solté para nutrir la esperanza,
para dejar que la libertad haga lo suyo,
para mirar directo al sol
y saber la verdad tras bambalinas.
Solté tu mano
y con ello,
la ruta de evacuación
y el camino de regreso.
Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com








