Una simple plática
Minuto a Minuto

Una simple plática

Pensamiento

Ángel Solís*

Como todo lo bueno en mi vida, llegaste en el momento preciso sin que alguien lo planeara. Llegaste en el momento más crítico de mi existencia.

Llegaste sin avisar, con decisión y atrevimiento. Llámalo destino, azar, coincidencia…


Nadie me había hablado como tú: siempre emerge de tu boca la palabra que necesito, la palabra que acaricia mis oídos y me alivia.

Te ganaste mi confianza demasiado rápido. Sabes más cosas de mí que yo mismo.

¿Cómo lograste entrar en mi subconsciente?

Entras en mi vida y ahora en mis sueños. Volamos juntos a un mundo que compartimos con nuestras locuras. ¿Y si te abrazo con mis alas? Me aferraré a ti para que ambos flotemos. ¿Si de miedo lloramos? Yo me comeré tus lágrimas y tú convertirás las mías en diamantes.

Nos demostraremos de qué estamos hechos. Yo de luz, de agua y de pasión. Tú de plumas, fuego y una cucharada de azúcar.
Cuando conversamos surge la magia: ¿cómo es posible que pensemos exactamente lo mismo?

Tus palabras me alivian y me alivianan, me hacen flotar y me envían a lo más profundo y obscuro de mí ser. Tú cuestionas mi manera de ser, a través de tus preguntas encuentro respuestas que me hacen ver con un velo de colores la realidad muchas veces gris. Lo que parecía inerte se convierte en vida a través de ti.

A través de ti me conozco cada vez más y recuerdo todo lo que soy.

Cuando platicamos-esas largas y deliciosas charlas- nos sentimos hombre y mujer. Me haces sentir todo un hombre, protector, fuerte, sensual… Pero también me siento un niño jugando, riendo, sin preocupaciones… Y tú te sientes una mujer deseada, frágil, sexy… Y una niña a la vez tierna, juguetona, coqueta.

Me encanta ese flirteo retórico que llevamos a cabo por las noches. Ese flirteo que nos hace sentir deseados, sensuales, eróticos y amorosos. Esa coquetería implícita en cada una de nuestras bromas. Ese acariciar nuestro ego mutuamente.

Todo eso y más con una simple charla a través de un haz cuadrado luz.

Si todo eso nos sucede a distancia, a veces me pregunto: ¿Qué pasaría si nos encontráramos un día por la calle?... Yo creo que el mismo universo estallaría entre nosotros con un beso tibio que callara nuestra plática.