En el interior de mi profunda piel,
desgarrando músculos heridos
y cortando huesos frágiles,
aún existe algo hermoso
acercándose al philos de mi corazón
y al arché de mi cariño.
Algo pequeño y brilloso
que con el paso del abrumador tiempo
se apaga
una diminuta partícula de energía
rescatada de entre mi cansancio
se extingue,
así como todo lo existente
tangible e intangible
así como el amor que siento por ti
¡Basta de ilusiones!
…todo termina,
como aquella gota de agua
necesitada para la subsistencia
Metafóricamente mi cuerpo vive,
todos lo ven así
pero ¿cómo sobrevive alguien sin fuerza,
sin espíritu, sin fe, sin esperanzas,
sin anhelos y sin sueños?
Ansiosamente espero a ver
que la partícula se agote,
para descansar el cuerpo y
alimentar el alma.
Alma vacía que pronto en los bajos
de la tierra será llamada
por atroces momentos de un mundo apocalíptico
llamado infierno
pero ¿quién le puso así?
El infierno no arde…
congela tu vida
ya pasada en penitencia
Te carcome el espíritu
y te deja llagas de fría soledad.
En mi pecho, algo dejó de latir
mi larga nariz ya no percibe el aire
y de mi boca ya no salen susurros,
mis ojos sólo observan algo oscuro,
y mi cuerpo se halla recostado en ese mundo.
¡Ni una palabra más!
la partícula se agotó
esa esperanza fuerza y energía
se fue desvaneciendo
hasta
desaparecer
de mi
vida.
Más de la obra de Amaranta Dafne P. Hernández:








