Ikebana de caricias y jadeos (Poema)
Minuto a Minuto

Entre un piélago de sabanas de seda y su fluidez

Te acaricio buscando la turgencia de un anturio

Que, avispado, se mantiene erguido y expectante,

Al tiempo que tus dedos ya despiertan un alcatraz,

Que replegado en su natural hibernación,

Extiende lentamente la textura de mis pétalos

Mientras despierta bostezando al insistente

Polícromo ritmo de tus anhelantes e íntimas caricias.

Transmutación de una flor que, dormitando

Entre los pétalos de su crisálida, extiende sus alas

Para asomarse al húmedo coloquio que convoca

Al hedonismo viviendo el sensual paisaje de tu cuerpo

Y la suave y húmeda textura del erguido pedúnculo

Que se yergue irremediable sobre el follaje de un pubis

Que cubre, gentilmente, la intimidad de su espesura.

Turgencia floral que, mutuamente, se germina.

 

 …Y sin mayor expectativa, exquisita y sutilmente, me deslizo

 En el agreste laberinto de tus rizomas y su agreste textura,

Intentando hallar similitud con mis vehementes huellas.

Dialogo táctil que tenue e irremediablemente se sublima

 En un erógeno bálsamo que emana de entrambas flores.

Ikebana de aromas y caricias donde, son tan sólo,

Dos varoniles flores las protagonistas de un escenario

Que busca, irremediablemente, cubrir los deseos

De su otredad al sonoro jadeo de su propia expectativa.

 

En los secretos de un almohadón se haya el nítido vergel

Que sirve de tiesto sutil para dar el toque final a la danza

De una inquietante sinfonía floral embelesada que, extasiada,

Descansa en ósculos que deshidratan su turgencia mutua.

 Juan Carlos Martínez P. "El Monje Hereje"