
26 de mayo de 2017
Ahí estaba ese caballo
como un lucero
de ojos vitrales,
encendiendo la blancura de una garza.
Corría sobre mis venas.
Palparlo, hacerlo mío hasta mi sangre,
y galoparlo
sin vestidura y sin brida.
Es un enigma en la floresta
¡Es un Pegaso sin alas junto a mí, soñando un amor caballeresco!
Es prenda en el espejo del alba,
las aves giraban a mirarlo y sonreían,
su melena descendía, como lluvia de seda.
Solo, él en mi soledad, un caballo lucero
para resplandecer.
Autor: Saúl Aguilar Díaz
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