- DEL SUEÑO A LA POESÍA -
UNA CARTA VIEJA, MUY VIEJA…
Por: Alejandro Tamariz Campos*
Lo cierto es que lo que yo esperaba, era que
resolvieras todo ese rencor que posiblemente tenías conmigo, y en esas circunstancias
eligieras libremente qué hacer conmigo, una, que no era la persona adecuada
para tu vida, para que pudieras querer aunque sea un poquito, y quedáramos como
amigos, u otra, que me dieras la oportunidad de demostrarte que eres la mujer
de mi vida, que eres mi luz, que a ti te había elegido desde hace mucho tiempo.
En el mejor de los casos, la otra, era hacer el
esfuerzo constante por corregirme, como lo intento, para poder hacerte feliz,
con mis carencias, con mis ventajas, con todo y a pesar de todo, y era entonces
tiempo de empezar a construir la vida, con el material del que están hechos los
sueños, con este dolor que doliendo alivia.
En el escenario más probable, una, era que
definieras que realmente sólo fue un momento de crisis en tu vida, en el que te
agarraste de mi hombro, que sólo buscabas un puerto seguro para reposar un poco
de esas tempestades, y si era así, era entendible que te dieran sentimiento de
culpa lo que había pasado entre nosotros, porque pasó como en un momento de
embriaguez.
Si esto era así, entonces no podíamos ser amigos,
porque yo no quería seguirte viendo o hablando como tales, y porque ya había
pasado lo más duro de la tormenta, porque la calma estaba presente al grado de
que ya no me buscabas tanto, y estabas tranquila con tus amigos, en el cine, en
la feria, etc.
De esta manera yo había cumplido con mi deber de
tratar, aunque sea de esta manera de ayudarte, de que revaloraras tu vida, y de
que comprendieras que tu valor es inmenso, y que eres capaz de hacer muchas
cosas, si pones orden en ti, ya que así tienes ventaja sobre los demás, porque
sé que te has dado cuenta de que eres muy inteligente, y que puedes controlar,
si te lo propones las situaciones que suceden a tu alrededor.
Pero veo que siguen los reclamos, que no me sigues
escuchando, y que hasta tomas revanchas contra mí, como si en realidad yo
hubiese hecho el daño en tu persona, y no sólo forzarte a darte cuenta para que
tu corrigieras, si no que en el método llevé el castigo, y ahora pasará de
juzgador a juzgado. En ningún momento traté de juzgarte, de erigirme en justo
juez y de perdonavidas, por el contrario, traté de hacer hincapié en la
condición humana y en su fragilidad, en la fragilidad particular en la tuya y
en la mía y en la de todos.
Peor veo que siguen esas constantes, y no quiero seguir
provocando más rencor, ni más reclamos, ni más reproches, no contigo, porque te
quiero mucho, más de lo que imaginaba, mucho más de lo que creí amar a alguien.
Y entonces, te aclaro, que si salí con las amigas de
Gis, era porque estaba solo como ostra en mi casa, como un león enjaulado, y de
repente me llama, y creo que era sólo para saludarme, y me dice que esa noche
iba a ir a la casa de alguien, y casi de compromiso me dijo que si quería ir, y
le dije que no; pero después me llegó una profunda soledad, y una ausencia tan
pronunciada que casi era ensordecedor el silencio, que le volví a llamar y le
dije que si estaba en pie la invitación, y me dijo que sí.
De todas maneras era muy improbable que te viera,
daba igual tomarme un tequila con los cuates del barrio que con ellas, y tú
estabas saliendo con tus cuates, cuál era el problema, tampoco estaba saliendo
con Iris, tampoco estaba saliendo con la otra conta, nada más estaba saliendo.
Y ahora ¿con que derecho me reprochas?, tal vez con
la contraprestación de que yo te haya hecho ver que no me escuchabas (quitando
la bocina por ejemplo, impidiendo sistemáticamente que te vea, o que hacías
monólogos y no pláticas), de todas formas ahora ya no importa.
De esta forma, de forma presuntiva determino la OTRA,
la que más me desfavorece, la que hace que sigas tu camino sin un lastre de
tratar de entenderme, de si quiera tratar de entender esta locura, sin
sacrificio alguno.
Y te libero de todo compromiso, de todo convenio, de
toda promesa, de este SUEÑO DE AMOR, de esta utopía que me est desgarrando por
dentro, y ahora vas a ver la fortaleza de un búfalo.
Te dejo libre de este pobre diablo que se erige en
instructor, así de mal anda esto, pero aclaro que soy un hombre, y por lo tanto
perfectible, no soy guía, no soy gurú, ni avatar de nadie, sino simplemente
alguien que cumple con su deber, en el anonimato, en el silencio, el eterno
viajero que no es reconocido ni con monumentos ni con días festivos, el loco.
De todas maneras fueron sólo pospuestos los tiempos
para que esto sucediera, y ahora te escribo, para que no me reclames también
que no te he escrito (casi como las que me has escrito tú), aunque sea con este
escrito de los otros no tan agradables.
Y me voy, para que encuentres alguien que cumpla tus
expectativas, y espero que estés consciente de lo que pierdes, y de lo que
ganas, que conmigo no pierdes gran cosa como lo que perdiste con Julio, que mi
nombre es mucho más que un pinche mes del año, que mi nombre no se pronuncia
fácilmente, porque en su trasfondo lleva su complejidad, como la complejidad mía.
Y no tengas cuidado, que ahora sí no van a existir
ni llamadas, ni ruegos, ni disculpas que hagan girar la rueda, ya sólo va a ser
el Julio el que te llame, y en el que pienses, porque yo no te voy a buscar, ya
no.
Que quede constancia en este acto, que el dolor sea
sólo para mí, y que la felicidad te llegue en cursos bien dirigidos, en
acciones menos dolosas, en promesas aunque sea, pero que llegue.
Que quede esto sin rencores, y sin final el cuento,
y que a cada quien le toque su parte en la justicia de la historia, y que algún
día aceptes que también contribuiste a que pasara, que tu egoísmo jugó un papel
importante, de la misma forma que el mío, de la misma forma que mi arrogancia,
y que el error nos enseñe lo que no se debe hacer, con alguien que se ama, y
con alguien que no se ama.
Te amo Hilda y te amaré por siempre, pero lejos, muy
lejos.
Ya no me llames por favor.
ALEXANDROS.
AGOSTO DE 2006
Vale por la historia, que nos enseña a entender que las cosas no son como uno quiere, si no como debe de ser. Pongo a su consideración, esta carta personal, hoy que he tenido una pérdida igual, de una mujer que es el amor de mi vida, y ahora que la he perdido, me doy cuenta que no he aprendido nada.
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