UNA CARTA VIEJA, MUY VIEJA... Y ME VOY... QUÉ LÁSTIMA PERO ADIÓS...
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alejandro tamariz campos.jpg- DEL SUEÑO A LA POESÍA -

UNA CARTA VIEJA, MUY VIEJA…

Y ME VOY…

 QUÉ LÁSTIMA PERO ADIÓS…

Por: Alejandro Tamariz Campos*

 Realmente, no sé si te acuerdes, de la última vez que nos vimos en la 11, te decía que era mejor que acabara todo, pero te preguntaba si me darías una oportunidad, y me dijiste que sí, que ibas a intentar poner en orden tus sentimientos, y que no querías que se acabara.

 

Lo cierto es que lo que yo esperaba, era que resolvieras todo ese rencor que posiblemente tenías conmigo, y en esas circunstancias eligieras libremente qué hacer conmigo, una, que no era la persona adecuada para tu vida, para que pudieras querer aunque sea un poquito, y quedáramos como amigos, u otra, que me dieras la oportunidad de demostrarte que eres la mujer de mi vida, que eres mi luz, que a ti te había elegido desde hace mucho tiempo.

 

En el mejor de los casos, la otra, era hacer el esfuerzo constante por corregirme, como lo intento, para poder hacerte feliz, con mis carencias, con mis ventajas, con todo y a pesar de todo, y era entonces tiempo de empezar a construir la vida, con el material del que están hechos los sueños, con este dolor que doliendo alivia.

 

En el escenario más probable, una, era que definieras que realmente sólo fue un momento de crisis en tu vida, en el que te agarraste de mi hombro, que sólo buscabas un puerto seguro para reposar un poco de esas tempestades, y si era así, era entendible que te dieran sentimiento de culpa lo que había pasado entre nosotros, porque pasó como en un momento de embriaguez.

 

Si esto era así, entonces no podíamos ser amigos, porque yo no quería seguirte viendo o hablando como tales, y porque ya había pasado lo más duro de la tormenta, porque la calma estaba presente al grado de que ya no me buscabas tanto, y estabas tranquila con tus amigos, en el cine, en la feria, etc.

 

De esta manera yo había cumplido con mi deber de tratar, aunque sea de esta manera de ayudarte, de que revaloraras tu vida, y de que comprendieras que tu valor es inmenso, y que eres capaz de hacer muchas cosas, si pones orden en ti, ya que así tienes ventaja sobre los demás, porque sé que te has dado cuenta de que eres muy inteligente, y que puedes controlar, si te lo propones las situaciones que suceden a tu alrededor.

 

Pero veo que siguen los reclamos, que no me sigues escuchando, y que hasta tomas revanchas contra mí, como si en realidad yo hubiese hecho el daño en tu persona, y no sólo forzarte a darte cuenta para que tu corrigieras, si no que en el método llevé el castigo, y ahora pasará de juzgador a juzgado. En ningún momento traté de juzgarte, de erigirme en justo juez y de perdonavidas, por el contrario, traté de hacer hincapié en la condición humana y en su fragilidad, en la fragilidad particular en la tuya y en la mía y en la de todos.

 

Peor veo que siguen esas constantes, y no quiero seguir provocando más rencor, ni más reclamos, ni más reproches, no contigo, porque te quiero mucho, más de lo que imaginaba, mucho más de lo que creí amar a alguien.

 

Y entonces, te aclaro, que si salí con las amigas de Gis, era porque estaba solo como ostra en mi casa, como un león enjaulado, y de repente me llama, y creo que era sólo para saludarme, y me dice que esa noche iba a ir a la casa de alguien, y casi de compromiso me dijo que si quería ir, y le dije que no; pero después me llegó una profunda soledad, y una ausencia tan pronunciada que casi era ensordecedor el silencio, que le volví a llamar y le dije que si estaba en pie la invitación, y me dijo que sí.

 

De todas maneras era muy improbable que te viera, daba igual tomarme un tequila con los cuates del barrio que con ellas, y tú estabas saliendo con tus cuates, cuál era el problema, tampoco estaba saliendo con Iris, tampoco estaba saliendo con la otra conta, nada más estaba saliendo.

 

Y ahora ¿con que derecho me reprochas?, tal vez con la contraprestación de que yo te haya hecho ver que no me escuchabas (quitando la bocina por ejemplo, impidiendo sistemáticamente que te vea, o que hacías monólogos y no pláticas), de todas formas ahora ya no importa.

 

De esta forma, de forma presuntiva determino la OTRA, la que más me desfavorece, la que hace que sigas tu camino sin un lastre de tratar de entenderme, de si quiera tratar de entender esta locura, sin sacrificio alguno.

 

Y te libero de todo compromiso, de todo convenio, de toda promesa, de este SUEÑO DE AMOR, de esta utopía que me est desgarrando por dentro, y ahora vas a ver la fortaleza de un búfalo.

 

Te dejo libre de este pobre diablo que se erige en instructor, así de mal anda esto, pero aclaro que soy un hombre, y por lo tanto perfectible, no soy guía, no soy gurú, ni avatar de nadie, sino simplemente alguien que cumple con su deber, en el anonimato, en el silencio, el eterno viajero que no es reconocido ni con monumentos ni con días festivos, el loco.

 

De todas maneras fueron sólo pospuestos los tiempos para que esto sucediera, y ahora te escribo, para que no me reclames también que no te he escrito (casi como las que me has escrito tú), aunque sea con este escrito de los otros no tan agradables.

 

Y me voy, para que encuentres alguien que cumpla tus expectativas, y espero que estés consciente de lo que pierdes, y de lo que ganas, que conmigo no pierdes gran cosa como lo que perdiste con Julio, que mi nombre es mucho más que un pinche mes del año, que mi nombre no se pronuncia fácilmente, porque en su trasfondo lleva su complejidad, como la complejidad mía.

 

Y no tengas cuidado, que ahora sí no van a existir ni llamadas, ni ruegos, ni disculpas que hagan girar la rueda, ya sólo va a ser el Julio el que te llame, y en el que pienses, porque yo no te voy a buscar, ya no.

 

Que quede constancia en este acto, que el dolor sea sólo para mí, y que la felicidad te llegue en cursos bien dirigidos, en acciones menos dolosas, en promesas aunque sea, pero que llegue.

 

Que quede esto sin rencores, y sin final el cuento, y que a cada quien le toque su parte en la justicia de la historia, y que algún día aceptes que también contribuiste a que pasara, que tu egoísmo jugó un papel importante, de la misma forma que el mío, de la misma forma que mi arrogancia, y que el error nos enseñe lo que no se debe hacer, con alguien que se ama, y con alguien que no se ama.

 

 

Te amo Hilda y te amaré por siempre, pero lejos, muy lejos.

 

Ya no me llames por favor.

 

 

ALEXANDROS.

AGOSTO DE 2006

 

 

Vale por la historia, que nos enseña a entender que las cosas no son como uno quiere, si no como debe de ser. Pongo a su consideración, esta carta personal, hoy que he tenido una pérdida igual, de una mujer que es el amor de mi vida, y ahora que la he perdido, me doy cuenta que no he aprendido nada.

 

* Alejandro Tamariz Campos egresado de la Facultad de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.

 

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