EL DISCURSO
Por: William Ramírez*
El discurso que he preparado está en ti inspirado.
Empezaré diciendo que sin ti me siento desmotivado ya
que tú eres la inspiración que tanto yo había anhelado. Quiero continuar
diciéndote que me siento apenado por haberte gritado, sé que me vi como un
estupido pero ni modo, ya lo hecho no tiene remedio, sólo me queda aferrarme a
la idea que: “errar es de humanos y el rectificar es de hombres”.
¿Sabes? no es difícil pedir disculpas a alguien como tú que tiene un gran corazón.
Lamento mucho el suceso pues de veras que temo que ya
no te gusten mis versos, ya que me alimento con eso, de que tú los leas.
Te he notado bastante distinta y creo que eso
significa que para ti me convertí en lo que siempre fui… NADA
Te seguiré escribiendo pues eso me mantiene con
aliento de seguir en este camino difícil de construir, pero se que en el
transcurso de mi viaje dejaré partes de
mi equipaje, pues el cansancio me obligará a olvidar muchas cosas que llegué a
valorar.
¿Qué puedo decir? ¡De ti tengo mucho que decir!
Como que gracias a ti hoy escribo lo que me nace decir.
Gracias a ti conocí el valor de una sonrisa.
Gracias a ti conocí los secretos que ocultan las miradas.
Gracias a ti se que me falta mucho por andar pero que el camino algo me ha de enseñar.
Gracias a ti recordé que el amor es algo que nace y no se hace.
Me enseñaste mucho mi Estrellita Fugaz, por eso nunca te podré olvidar.
*William Ramírez escribe desde El Salvador, es amante de la poesía y ejerce en el campo de la informática
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