LA PROFECÍA DE QUETZALCÓATL
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erasmo nava.jpgLA PROFECÍA DE QUETZALCÓATL

Por: Erasmo Nava Espíritu*

 

 

Poema cuyos versos se tomaron de la novela: Quetzalcóatl, de José López Portillo y Pacheco, décima edición de Joaquín Porrúa, Editores, enero de 1992, páginas 142, 143, 144 y 145. La estructura del poema y el traslado de prosa a verso, son de Erasmo Nava Espíritu.

 

“Ellos vienen.

Ya llegaron.

Van en muchedumbre,

van como un torrente,

levantan el polvo en torbellinos.

Su bastón de fierro,

su lanza que brilla,

y su espada de fierro curvada,

como olas de agua,

como meras sonajas,

sus camisas de fierro.

Su casco de fierro”.

 

 

“Y algunos vestidos totalmente de hierro,

los hacen hombres de hierro; brillan”.

 

“Puro hierro forma su traje de guerra,

con hierro se visten,

con hierro se cubren la cabeza;

de hierro su arco,

de hierro su escudo,

de hierro su lanza”.

 

“Y sus perros pasan delante.

Pasan delante de ellos.

Vienen jadeando.

La espuma les cae del hocico.

Y sus perros muy grandes,

con orejas plegadas,

con lenguas grandes, colgantes;

con ojos de fuego, de llamas;

con ojos claros, amarillos;

con un vientre restirado,

con vientre ahuacalado,

con vientre acucharado.

Salvajes como demonios,

siempre jadeantes,

siempre con lengua colgante, moteados;

como jaguares moteados”.

 

“Y sus cuerpos están envueltos por todas partes.

Solamente sus rostros están visibles,

enteramente blancos”.

 

“Caras calcáreas lo son,

de cabello amarillo;

algunas, con cabellos negros”.

 

“Su barba es larga y también amarilla.

Tienen barbas amarillas”.

 

“Son hijos del sol.

Son barbados.

Del oriente vienen,

cuando llegan a esta tierra,

son los señores de esta tierra.

Son hombres blancos,

el principio del tiempo… ¡preparaos!.

Ya viene el blanco gemelo del cielo;

ya viene el niño todo blanco;

el blanco árbol santo va a bajar del cielo.

A un grito,

a una legua de su camino,

veréis su anuncio,

¡ay, será el anochecer para nosotros cuando vengan!

Grandes recogedores de maderos,

grandes recogedores de piedras,

los gavilanes blancos de la tierra.

Encienden fuego en la punta de sus manos,

y al mismo tiempo esconden su ponzoña

y sus cuerdas para ahorcar a sus padres.

Recibid a vuestros huéspedes barbados

que conducen la señal de Dios.

¡Vienen a pedir su ofrenda!

Arderá la tierra.

Aparecerán círculos blancos en el cielo,

en el día que ha de llegar.

Ya está viniendo.

Serán esclavas las palabras,

esclavos los árboles,

esclavas las piedras,

esclavos los hombres  cuando vengan.

Llegará, y lo veréis.

Se llenará de tristeza el mundo.

Se estremecerá el ala de esta tierra,

y se estremecerá el centro de esta tierra,

el día que lleguen”.

 

“Y sus ciervos los llevan sobre sus lomos,

teniendo así la altura de los techos”.

 

“Sus filas están formadas por caballos,

los jinetes en sus lomos.

Llevan cascabeles,

vienen con cascabeles;

los cascabeles casi rechinan,

los cascabeles rechinan,

los caballos relinchan,

sudan mucho,

el agua está casi corriendo abajo de ellos.

Y la espuma de su boca gotea al suelo.

Como espuma de jabón gotea.

Y al correr hacen un gran pataleo,

hacen un ruido así,

como si alguien echara piedras.

Al instante se revuelve la tierra donde levantan su pie,

hecha pedazos,

donde levantan su pie,

su pie delantero”.

 

“Todo estalla.

Se ve que truena,

que relampaguea,

se extiende el humo,

el humo se echa.

Vuelve noche por el humo,

el humo se pone ,

sobre toda la tierra,

se mete encima de todo el país,

hasta que huele de azufre,

que roba el seso,

la conciencia”.

 

“Tristísimo estrella adorna el abismo de la noche.

Enmudece de espanto en la casa de la tristeza.

Pavorosa trompeta suena sordamente

en el vestíbulo de la casa de los nobles.

Los muertos no entienden.

Los vivos entenderán.

Todo está como muerto…”

 

“Dejadlo todo!

¡Que lo sea maldito!

¿Qué más queréis hacer?

¡Ya moriremos!”

 

“¡Ya pronto nos aniquilarán!

¡Ya pronto veremos la muerte!”

 

“¿Por qué os quedáis aquí inútilmente?”

 

“Idos, ya no hay más tiempo”.

 

“Eso, eso vendrá, eso llegará”.

 

“Y después empezará un nuevo tiempo.

Pero más allá nada veo, nada oigo”.

“Ellos vendrán”.

 

Ciudad de México, 26 de abril del 2007


*Erasmo Nava Espíritu (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es licenciado en Economía, egresado del Instituto Politécnico Nacional, obtuvo el grado de Maestro en Ciencias en Planificación del Desarrollo Regional, en el Instituto Tecnológico de Oaxaca.  

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