De soles, y espejos de los soles
Minuto a Minuto

Se formaron en fila interminable.
Se incendiaron en aras del suicidio,
Pero nunca pudieron precisar
Si la muerte vendría
En un segmento de segundo,
O en una inmensidad
De miles de millones
De  giros sobre rutas
No predeterminadas.

Se alinearon en surcos invisibles,
Y emprendieron la ruta.
Se dijeron: formemos otros soles.
Los formaron, pero estos,
Carecieron de brillo y de pujanza.
Así, unos compactos,
Otros sin consistencia:
Masas de emanaciones
Más densas que vapores
Se quedaron rondando
En torno a los primarios
Astros con luz, y con calor.

Supieron, pues, los soles que, algún día
Por propio sino habrían de perecer,
Y se lanzaron en desbocado movimiento
Hacia rumbos  que ni ellos lograron precisar.
Y aunque hubieran querido señalar
El punto de llegada,
No habrían podido hacerlo:
En los espacios infinitos
No existen referencias,
Si acaso la de un sol
En la mirada de otro. Y, nada más.

¿Pero, que estoy diciendo,
Acaso estoy hablando de los soles
Como cuerpos que lucen día con día,
Proporcionan calor, luz y energía
Y esperanzas de vida y de germinación,
A todo lo que tiene el privilegio
De existir como ser
Que nace, crece, y se reproduce?


Pareciera más bien,
Que estoy hablando de nosotros
Quienes vamos andando  los prados,
Caminando a orillas delos ríos,
Escalando montañas,
Explorando los mares,
Y talando los bosques,
Y que por estos hechos
Ya seríamos los soles
Nacidos algún día
No por designio propio
Sino por ordenanzas,
Resultado, derivación o efecto
De la fuerza que cada cuerpo emana,
En ese ámbito vasto
Que unos hombres antiguos
Denominaron Caos,
Primero,  después Orden
Con el seudónimo de, Cosmos.

Concluyo que sí estoy
Estableciendo semejanzas,
Con una diferencia:
Los soles, como astros,
No adquirieron Conciencia
De lo que son, y cómo son.
Por ello mismo, no se preguntaron
De dónde vienen y hacia dónde van,

Y no sufren torturas,
Ni angustias ni aflicciones
Por no saber a dónde van;
No poseen  la obsesión de conocer
De antemano un destino
Que no es, que no existe;
Si acaso el inmediato,
En su forma concreta
Que los conduce a la transformación:
El cambio inevitable,
Al que llamamos muerte.

¿Qué nos hace sufrir?
Una grandiosidad;
La misma que nos dice que aquí estamos
Y nos induce a conocer a designar,
A transformar
Lo que se encuentra fuera de nosotros
Y que nos puede hacer felices.
Pero que en vez de eso,
Nos traslada
A la invención de un mundo fantasmal,
Que como perspectiva, es lo que tememos:
Esa invención es el Infierno.

Así, pues, la Conciencia,
Cuando  marcha directo hacia los hechos,
Nos propicia saber como tratarlos,
Pero si se convierte en un espejo,
Concebirá  una  falsedad
Fuente y generadora de tortura
Cuya culminación, es la locura.

Ricardo Montes de oca,  Puebla, Pue., 6-10-2012