al despuntar el alba,
con el silencio, el viento,
y el olor de los montes
y el de las barrancas,
que bajan de las montañas altas;
se desplazan serenos
con movimientos lentos,
por esas calles desiertas
de ese pueblo solo y quieto;
ellos llevan el mensaje
de los dioses encantados,
que con el paso del tiempo
ahora han sido ya olvidados.
Son seres extravagantes,
míticos y grotescos,
venidos de las montañas,
pisando las piedras blancas
por empinadas veredas.
Son maestros del cultivo
del maíz en los taludes,
y fervientes cazadores
entre cañadas y montes;
además:
son los dueños y señores
de la milpa, y el "tlacolol"(2).
Sus movimientos son lentos,
rítmicos y armoniosos,
dan sorpresa y alegría
a los que en el pueblo habitan;
su extraño y misterioso atuendo:
un sombrero ancho de palma
lleno de muchos suspiros,
como luna llena en calma
luna llena y distinguida;
con máscara burda y florida
que cubre toda su cara,
con el alma aún del árbol
de donde ella fue arrancada;
su cuerpo cubierto todo
de costales y mezcales,
con marañas y con lianas
de la región más cercana;
y en su mano derecha:
sujeta un "chirrión"(3) de piel seca
del color de los amates,
que lanza con toda fuerza
y retumba en su pareja.
Pero ellos nunca están solos:
un tigre de enormes dientes
con lengua roja aturdida,
vigila, ronda y atisba,
con movimientos ligeros
y una cuerda suspendida,
para proteger fielmente
a su danza preferida;
pero todos extasiados
bailan muy embelesados,
al ritmo de un son "pitero"
y un diminuto tambor,
que al desplegar sus lamentos
le dan vida al corazón.
(1) Danza de Mochitlán, Estado de Guerrero, México. Fiesta patronal: 26 de julio, representa a "personas que no tenían tierra de labranza, se iban al cerro a seleccionar algún paraje que les gustara; desmontaban, quemaban y sembraban el maíz, utilizando instrumentos rústicos para el cultivo, y recogían la cosecha que les permitía subsistir". Jiménez Campos Marcos, Mochitlán: historia, tradición y cultura, Grupo Edición, S.A. de C.V., diciembre, 2007, México, D.F., 1a. edición. p.80
(2) Tlacolol. Se le denomina así, "al terreno desmontado, quemado y preparado para la siembra". Op.cit.p.80
(3) Látigo
Erasmo Nava Espíritu. Mochitlán, Guerrero, 1950. Poeta y Licenciado en Economía (IPN). Ha publicado los libros Oración a los humanos y otros poemas, 2002 y Cuando los Dioses hablan y otros poemas (de lo cotidiano a lo trascendente), 2007. Es miembro de la Sociedad de los Poetas del Viento, la Tierra y el Agua, de la Ciudad de México; pertenece a la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y fue incluido en las antologías Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana y Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana del Siglo XXI, ambas en 2009 (compiladas por Leo Zelada, Lord Byron Ediciones y Visión Libros, Madrid, España). Sus poemas han aparecido en revistas literarias digitales y en portales culturales de Internet.








