El autor toma a la piedra como símbolo del proceso evolutivo del hombre, en torno a ella nos comparte profundas reflexiones.
LA PIEDRA
Por: Jacinto Hernández Hernández*
Para los creyentes de dogmas y misterios, es efímero y sin las glorias de la Fe; mas para los sabios y privilegiados es el gran portento, portento de belleza, portento de verdad y portento de bondad. Su existencia se remonta, a millones de siglos imposibles de contar, pero antes ya fue agua, ceniza o dúctil gas, ser pensante, hierro, estrella o tierna luz, testigo fiel de las generaciones humanas que se han ido o piedra de honda, del troglodita que regresa. Esta piedra tiene todo: Proviene de la Ciencia Universal y es eterna… En ella se cumplen bellamente las leyes naturales y va hacia su próxima y normal transformación. Ella es la corteza dura del viviente núcleo que nos lleva y vivifica y hace que la Tierra sea hermosa, feraz y prodigiosa. Ella es la base en que se retruecan y fulguran las energías del Sol y de los astros y, hace vida, en el amor de cada primavera, y, paz acurrucada en el invierno. Ella es el emporio de nuestra nutrición y el fogón donde se cuecen los frutos y alimentos de nuestra vida corporal e intelectual. Ella es nuestra casa y nos inspira trabajo, sapiencia, alegría y felicidad. Ella es la materia y fuerza de nuestra condición y la capa honorable que cubre nuestros restos al iniciar evolución. Ella es la obra maestra, en que reinamos encumbrados por designio universal y, sólo los fanáticos y miopes mercantiles, la destruyen y humillan, y hasta en vano la apodan material. Jacinto Hernández Hernández. México. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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