Sabela de Tezanos: poemas de "El momento infinito"
Minuto a Minuto

 

 

 
21 de febrero de 2021

 

 IV

Y luego vuelvo atrás.
La melodía vive en los oídos
breve y perfecta
como un soberbio guiño
o pacto inalterable
con algún día, ayer
tránsito recurrente
familiar.

Nunca más
a lo largo de la vida
la volví a escuchar
y pareció morir
con los objetos múltiples
que perdimos allá
pero viaja tendida
entre la brisa
y me asaltan, cantando,
sus infalibles notas.

Se derrama otra vez
sobre la alfombra
la falda de lunares
la música en el ruedo
la muñeca girando
en el compás.

Yo tengo 5, tal vez 7 años,
y me gusta ese naipe
que cuelga de la mano
de la pequeña, mínima gitana
misteriosa y atípica también
eterna militante
contra todas las barbies
del futuro.

9 de corazones
un dorado aro solo
entre el cabello
un pañuelito rojo
en la cabeza.

Y cierra y abre
aquellos ojos fijos
dos cuentas de un regalo
que bosteza.

La infancia fascinada
mecida entre paredes
con salida al zaguán
y balcón a la calle
Charrúa o Carapé
con o sin descendientes
y una vereda
de árboles que sangran
al calor del verano
cuando estoy escondida.

Nada importa después
ocho cuadras abajo
entre las mismas calles
y hacia el mar
de otro sur
americano
donde lengua y memoria
no son mías
ni  las de mis ancestros.

Pero he aquí la historia.

Todo menos aquella
dice no
si respondo
de dónde vengo o soy.

Los que vivieron antes
huellas blandas hundidas
en leyendas
desiguales batallas
cubiertas por baldosas
todos aquellos otros
que nombraban así
guaná o yaguareté.

La lengua derramada
mueve todo el paisaje
y cruje la ciudad
desde los nombres.

De quién es este suelo
del recuerdo
y quién tiene el recuerdo
permitido.

Telón de fondo, hogar
luz atrapada de domingo lívido
ante la Sinfonía del Nuevo Mundo.

Dvórak en el antiguo pasadiscos
recovecos umbríos de la casa
sin embargo amparados
de todo lo extinguido
en el nombre de un tiempo por venir.

VI

La desesperación vuelta temor
amarga cuerda floja
celda sola otra vez.

Pero de pronto
el juego de la cruz
interceptado:
un amor repentino,
un alfabeto nuevo.


XXIII

Mirar así a los ojos
todo el tiempo vivido
recuperado en ellos
los hilos, los caminos,
las calles, las ciudades,
los nombres y las lenguas.
El sentido.

De una piel a la otra
transcurrió el universo
y se reinventa entero
como antiguo detalle olvidado.

Qué me trajo hasta aquí
desde tan lejos
luego de atravesar soles y siglos
entre el humo, las tumbas
y las incertidumbres
con las palabras siluetas como parias,
sobrellevando tantos desconciertos
y muros desde las niñas que no fui
se cansan de contar las estrellas en el río
crecido como mar
y se entregan
con el rostro cubierto de líquenes
que la luna protege
como si hubiera culpa, hubiera qué,
y entonces ya es la calma detrás de otro fragor.

Yo estoy allí volcada hasta las plantas,
ya me arrastra el rumor de la corriente
y la inminencia de la inundación
la estatua de dos ángeles trenzados
debajo del farol y justo anoche
a unos pasos de aquí
al cuidado del río desquiciado
los náufragos de toda soledad
se pusieron a salvo en nuestros brazos
a causa de la insólita marea.

Con infinita calma
se detuvieron en esa salvación
vuelta un espejo ciego
que brindaba otra vez una razón copiosa
para rozar el brillo de las piedras oscuras.

Los íntimos extraños.
Los que reconocen desde la eternidad.
Y la ciudad despierta allá adelante.
El auto avanza, las copas de los árboles hundidos
demoran la corriente
sus ramas extendidas hasta la humanidad
los techos anegados como mantos
rodeando nuestros pies.

Superficie que arrastra sigilosa
el clamor de la vida bajo el agua
y la quietud del mundo sumergido.

Murmuran las antiguas ciudades sepultadas.
Las ciudades de mí, donde no estuve.
La creciente me alcanza
me deslizo en su seda
las formas del amor
se empeñan contra mí
estrepitosas
sabias y predecibles
inconciliables con peligro alguno.

Y de nuevo:
¿cómo diré quién soy y desde dónde escribo,
si resbalan el verbo y el ritmo de la lengua?
Todo puede volver a ser nombrado
la piedra en su secreto
el pasto y su rumor,
el antiguo, el porfiado laberinto,
los ecos de la voz en el temor
la madeja, la aguja,
la cumbre, la nostalgia,
el año y el milenio:
el tiempo entero, como un recién nacido.

 

 

Sabela de Tezanos (Montevideo, Uruguay)

Poeta y narradora. Licenciada en Filosofía, Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de la República (Udelar). Diploma en Gestión Cultural, Universidad Católica de Córdoba (UCCOR), Argentina.
Docente en Facultad de Psicología, Udelar.
Maestranda en Ciencias Humanas, Opción Estudios Latinoamericanos, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar.

Sus textos de narrativa (Fin del comienzo, Crónicas recurrentes, Gratuidad, Frío circular, A probar, El libro de Alicia) y prosa poética han sido incluidos en antologías en Uruguay y el exterior.
Ha escrito prólogos, textos de exposiciones y catálogos y notas en la prensa cultural local. Durante años se dedicó a musicalizar espacios en radios uruguayas y a la crítica musical (93.9 FM Emisora del Palacio, Océano FM, Radiomundo, 810 AM El Espectador, Sala Zitarrosa).

Por su trabajo literario inédito obtuvo premios nacionales y reconocimientos en 1989 (Palabras sin nombre), 1991 (Los desprendimientos), 2000 (Fin del comienzo), 2001 (El libro de Alicia), 2004 (Pliegues en el silencio), 2012 (Selección de poemas en Concurso Zonapoema), 2014 y 2016 (Proyectos de exposición documental y de libro de fotografías sobre las ruinas mayas de Javier Hinojosa –México–, intervenidas por 25 escritores en Uruguay). En 2020, su libro El momento infinito obtiene el Primer Premio en la categoría Obra Édita en los Premios a las Letras del Ministerio de Educación y Cultura, MEC.

Coordinó espacios culturales y talleres de escritura (Fugar con juego), y participó en ciclos culturales y congresos nacionales e internacionales (Primer Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres, Café literario del Centro Cultural de España en Montevideo, Feria del Libro de Buenos Aires, Ferias Internacionales del libro de Montevideo y del interior del país, FILBA –Buenos Aires—, Coloquio “Polémicas vigentes: Arguedas-Cortázar”, CCE “Vallejo siempre”, etc.), y en homenajes (a Ernesto Cardenal, Idea Vilariño, Mario Benedetti, Amanda Berenguer, Marosa Di Giorgio, Orfila Bardesio) y presentaciones de libros.

Publicaciones de poesía
Palabras sin nombre. Signos, 1989.
Los desprendimientos. Vintén Ed., 1991.
Jugar con fuego. Ed. Imaginarias, 1995.
Pliegues en el silencio. Artefato, 2004
El momento infinito. Civiles iletrados, 2018.

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