
10 de febrero de 2021
No permitiré
que mi poesía se consuma
siendo flores en el camino
ni pirotos elaborados;
no permitiré
que se agote en la superficialidad
de la mirada cómoda
que desde la tibieza
de una frazada llora
por el amor que se ha ido.
No permitiré que sea número
en el anonimato,
pétalo al pie descalzo,
mejilla ante la bofetada
ni apatía en la pandemia.
No permitiré
que mi poesía reste,
duerma,
atolondre al indómito
ni complazca al titiritero.
No permitiré
que mis letras se pierdan en el tiempo,
que se conviertan en germen de amnesia,
que sean carentes de combustible
ni que sirvan para la disculpa del negligente.
No permitiré que callen mi voz
la autocensura,
mi venta y renta de consciencia
ni mi transportación
al mundo rosa:
de la apariencia,
de los buenos modales,
de las concertacesiones,
de lo socialmente aceptado,
de lo que dictan desde los púlpitos,
ni desde de los atriles políticos.
No permitiré
que mi poesía calle,
porque si calla,
será solo para depurarse,
para tomar más fuerza.
No me permitiré la renuncia:
a la misión,
a la utopía,
a la vocación,
al talento,
a la fe.
No permitiré irme sin luchar
y si dejo de hacerlo,
sea solo porque fluiré
al encuentro de lo que sigue
y poder transitar en paz.
Versión con texto:


Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com






