Medio Oriente. (Poema)
Minuto a Minuto

 

 

 

24 de agosto 2020

Me ha ocurrido en el sueño:
Los cielos se derrumban.
(Esto es estupidez,
pero, así me enseñaron)
se me vienen encima;
(Para que tenga visos de verdad
deben caer estrellas. Y no caen)
Quiero escaparme de ellos y no puedo.
(Corro por todas partes
igual que rata perseguida).
Cómo quedar a salvo
si los cielos
son como planchas aceradas;
son superficies tan amplísimas
que ni siguiera el pensamiento
alcanza su extensión.
Y sin embargo, corro.
¿Acaso hay otra cosa que se pueda intentar?
Me escondo aquí y allá;
debajo de los árboles.
Pero las ramas se desgajan.
Busco puentes que cubran:
los pedazos de cielo
destrozan la estructura…

No existe salvación. Lo sé.
No obstante, continuo,
En carrera, perdido.

En el transcurso de la huida
todavía me pregunto:
¿Qué es lo que pongo en juego
corriendo sin parar,
sabiendo que es inútil
líbrame del asedio?
La vida, me respondió.
Eso está bien. ¿Y qué es la vida?
Lo que quieras que sea. Me contesto.
Y vuelvo a preguntar:
¿Para qué sirve?
Y la respuesta viene:
para lo que la quieras.
O sea, que, si la quiero
para incendiar praderas, ¿puedo hacerlo?

Esa es tu libertad:
la de hacer lo que quieras.
¿Para causar tragedias?
Igualmente.
¿Para odriar al que pasa?
Para odriar. Es tu vida.
¿Y, se es feliz con eso?
Si tu placer consiste en beber sangre,
en hacerla correr como en venero,
quizás pudieras ser feliz.
¿Y, que me dices de los otros?
¿Qué hay con eso?
El dueño de la sangre: ¿Qué dirá?
Tú puedes contestarte
si te imaginas que la sangre
fuera la que circula por tus venas.
Querría yo destrozar al que me hirió.
Ahí está la respuesta.
¡Un momento!
Eso no tiene caso.
Yo quiero asesinar, y no que me asesinen…
Eso podrás hacerlo mientras nadie
decida que este mundo
deberán disfrutarlo
todos los que a él llegan.
Y quien ciego, disponga
de la existencia ajena,
sin importar sus argumentos,
deberá de pagar.

En ese mismo instante,
se completó el derrumbe:
millones de fantasmas
bailaban frente a mí,
flotando silenciosos.
Y dijeron en coro:
la libertad no ronda sola,
con ella anda su hermana,
la gemela,
a la que llaman
responsabilidad.
Si quieres causar daño,
Eres libre de hacerlo.
Pero, cuando te venga la respuesta,
no grites: ¡Terroristas!

Todo tiene su causa. No lo olvides.

El último pedazo
de cielo, dio en el blanco.
Y mi sangre corrió.
Desperté no había sangre
y no creo en los cielos.
Pero concluyo de algún modo,
que la justicia es un principio entre los hombres.
Por eso, desde antiguo
los justicieros enunciaron
con sentencia de roca:
y fue: “El que a hierro mata,
a hierro morirá”.

Quien no desee que las avispas persigan,
que no ande hurgando el avispero.

 
Ricardo Montes de Oca, Profética,Puebla Pue, 2-5-07
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