Los anatemas no golpean. (Poema)
Minuto a Minuto

 

 

21 de agosto 2020

“¡Que el sol en los caminos del cielo se corrompa!”
Gritaba un día el poeta
desesperado, enardecido,
con voz apocalíptica,
expresando un deseo de pesadilla,
que sería nada más un sueño negro,
porque la realidad no se suprime
con imponentes anatemas
ni punzantes condenas
contra los escorpiones.

Lo comprendió con amarguraza
la mañana pasmada
en que escuchó que el destructor
continuaba ladrando y pisoteado
los escombros de templos,
de mezquitas, de monumentos megalíticos,
y de chozas de esparto,
de madera, y de arcilla.

Lo comprendió, por que en la noche,
en jornadas oníricas
había despedazado
plataformas volantes,
modernas catapultas
vomitantes de hierro,
y caballos de acero (o, ¿eran rinocerontes?)
enloquecidos y rugientes
que escupían por los campos
fuego que derretía
lo mismo roca que metal.

¡¿Cómo es esto? Exclamó
con estupor en la mirada,
en la voz y en el ánimo
el, que soñó
que en el conjuro de los sueños,
erradicaba al destructor.

¿Cómo es esto?, se dijo.
y cayó de rodillas
mirando hacia el levante,
a la puerta del sol,
y vio que el visitante
se elevó indiferente,
y que alumbró indistintamente
lo mismo al destructor
que al destruido.

No le captó ningún rubor,
ni enojo, ni emoción;
ninguna compasión,
curiosidad, al menos,
interés o propósito.

Allá lejos, muy lejos,
percibió los rumores
de lucha encarnizada
de famélicos canes
disputándose entrañas
de muertos insepultos;
contempló hipnotizado
los vuelos circulares,
parsimonios, de los buitres,
e imaginó el aterrizaje,
entre pomposo y suave
de aquellos barrenderos,
aseadores, y ejecutores de trabajo sucio.

Es el realismo, dijo,
en confesión no razonada,
pero con transparencia y nitidez
de mirada infantil
sin el estrago de mentiras.

Es el realismo, repitió
de los que no razonan
de los que actúan por instinto,
de los que no se pierden en dilemas
ni andan lanzando locos anatemas.

¿Qué tan irracional,
o inmoral,
decidió preguntarse,
es el “ojo por ojo”,
cuando el depredador
se ha convertido en máquina
de triturar huesos humanos,
de desgarrar las carnes de inocentes,
de derramar la sangre de indefensos?

Hoy me parece que lo irracional,
(continuó razonando)
es invitar al asesino
a que dialogue, y que detenga
el hacha, preparada
para decapitar.

Razonar, dialogar
con una máquina
que ha sido preparada, programada
para la destrucción,
es entablar con ella
el juego vergonzante
de “A que te mató”
“A que no lo haces”
“A que sí” y tu no alcanzas
sino a decir: “¡Lo hiciste!
eres cruel y malvado”

No encuadra, no se ajusta
a una noción de vida humana
tranquila, alegre y digna,
ese papel, actitud o conducta
del ratoncillo tembloroso,
hipnotizado y resignado
a morir en las fauces
de la serpiente que lo acecha.

Tiempo es de construir
un nuevo paradigma
al meditar sobre los hechos
reales, no imaginarios
que están diciendo a gritos:
¡aquí estamos. ¿Nos ves?!
¿O es necesario que recibas
en la cabeza el martillazo
que te abra la hendidura
por la cual penetramos,
y así, tal vez comprendas
que no somos figuas
de la imaginación,
remató lapidario,
y se propuso ya no hablar
ni simplemente maldecir
contra los carniceros.

Si está al alcance la metralla, formuló,
hay que blandirla;
si solo piedras o garrotes
se nos hacen presentes,
con ellos golpearemos
donde les duela y se retuerzan,
para que dejen de sentirse machos
y presumir virilidad.

Lo de “voltear la otra mejilla”,
ha perdido vigencia,
sin pena de quedarnos
completamente en la indigencia
mientras degustan nuestro mosto,
nuestro trigo,
y se llevan la savia de los hombres,
y deja en desdoro a las mujeres.


Ricardo Montes de Oca, The italian cofee,Puebla Pue, 30-4-07
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