La marca (Poema)
Minuto a Minuto

25 junio 2020

 

Duele, mucho que duele.

Es el hierro candente

quemando la conciencia;

con su gemelo, el arrepentimiento.

El molde en que se funden, es la culpa,

la pócima de acíbar que te dieron

a beber en la noche primaria,

antes de que supieras que había un sol,

que al alumbrar por tu vereda

te indicaría por donde ir.

 

Los duendes iracundos que te dieron la pócima

no tuvieron paciencia, 

no esperaron

a que amistaras con el sol.

Además, se creyeron

más sabios que esa estrella:

¡Qué sol ni que el carajo!, te gritaron.

Tendrás que someterte.

Nos debes obediencia:

Si te decimos que la luz es negra,

No nos contradirás

Y acatarás

Cualquier designio y cualquier orden.

 

Bastará con que escuches

este vocablo: ¡Sandio!

para que pienses: ese soy.

 

No lo acepté del todo: me rebelo;

pero en los sueños malos hay un grito

y un improperio aterrador:

¡Estúpido!

Tú, no naciste para decidir;

te programamos para obedecer.

 

No obedezco. Pero eso

genera en mi cerebro

un espantoso ritornelo:

¡Culpable! Eres culpable

de no ponerte de rodillas,

de andar buscando entre las flores

la que te proporcione más aroma;

de querer construirte

un mundo a tu medida;

de exponer ante el ente

que tiene mil oídos,

y mil ojos también

tu queja y tu reproche

contra los que te dieron

el aire que respiras.

 

Así dicen. Lo que escucho

cuando me encuentro a merced suya

en el espacio de los sueños.

 

Allí queda, quemante,

la marca que imprimieron

con el hierro candente.

 

A ver si un día aparece

el bálsamo que calme

el crepitar del fuego malo.

 

Ricardo Montes de Oca, The italian cofee,Puebla Pue, 6-5-07