04 de marzo
La voz, dijo el Primer llamado,
Es el eco del alma.
Que no es cierto. La voz,
Es el fantasma de los golpes,
De las caricias, de los gritos,
De los susurros, las miradas;
De los halagos y dictados
De los mundo primarios,
Expresó con vehemencia
El segundo llamado.
El tercero, se quedó pensativo.
Semblanteó a cada uno,
Bebió un sorbo de aromático té;
Se atusó con dos dedos
Las entrecanas barbas,
Se arrellanó en los almohadones,
Carraspeó, y desgranó
Con parsimonia, su opinión:
Pareciera que sí,
Que los dos se reflejan
En el decir de cada uno.
Pero, yo mismo, me pregunto.
¿Cuál es la explicación
A las esencias
De los “Ecos del alma”,
Pues la voz, es algo más que un eco:
Es la furia que rasga los celajes
En las tardes de otoño
Cuando al alma la invaden, la tristeza
Y el desencanto de la vida;
La voz brama y desgarra
Los sentimientos contenidos
Cuando el alma se abruma
Por los humos que flotan
En los linderos de los bosques,
En las paredes de las chozas,
En los graneros de la aldea,
Y en las carnes quemadas
De quien no pudo huir de los obuses.
La voz perturba la oración,
Esa expresión mezquina
Que engaña y desactiva
Los enojos, la desesperación,
Y los impulsos
De perseguir al que decreta
Que el sueño de comer es alimento;
La voz, “eco del alma”,
Cuando no vive ociosa,
Va modelando el mundo
Por las orillas de la tierra,
Por los bosques callados,
Conservadores de murmullos
Y de susurros de las hojas;
Va moldeando el sentir
Del que parte la leña,
Del que cocina el pan,
Del que taladra el túnel,
Y del que quema el hierro;
Le va dando contorno
Al que tiene vocación de alfarero
Al que ostenta inclinación de golondrina
Constructora de nidos.
La voz esculpe los cerebros
Y le da cauce a la emoción;
Denuncia los escarnios,
Desenmascara los engaños,
Y desentraña la impostura,
Salvo cuando la callan,
Cuando le imponen el silencio
Por el terror o por la muerte.
La voz, cuando es auténtica,
Cuando no es barbotar
Ni ladrido de perro de presa,
Ni es aullido de hiena o chacal,
Ni chillido de mono saraguato
Es atributo surgido entre las brumas
Del ser, que, vuelto humano,
Miraba las estrellas
Y el paso de la luna,
Y las tomó por guías.
Esto, es lo que yo pienso
En mi humilde saber,
Cerró el Tercer llamado,
El que libaba té con parsimonia,
El que guardó expectante,
En silencio, tranquilo
Ante el Primer llamado,
Ante el Segundo,
Ante toda la audiencia
Que aprobaba con murmullo aquiescente
Los postulados del Tercero,
El que fue bautizado
Por todos: raciocinio.
Ricardo Montes de Oca, The italian cofee,Puebla Pue, 15-5-07









