
Al otro lado de la tierra
Donde sé que hay otro,
Réplica del que soy,
En el que yo me miraría
Envuelto en el misterio de la noche,
Se producen trifulcas y revuelos
Por ver llegar la luz, que, ausente
Por temporadas que son siglos,
Se resiste a encontrarse con la bruma,
Señora de esa zona mortecina.
En ese lado que imagino
Colonizando por preguntas
Que no tendrán respuesta,
En ese sitio
En que pululan replicantes,
Algunas veces fui testigo
Del vuelo de la furia.
Vastas eran sus alas,
Gigante su presencia
Y aterradora su intención,
La de exterminio sin motivo.
Yo lo veía, la contemplaba,
Y en los tejidos interiores
Una ansiedad me urgía,
Me empujaba a decirme,
Se diría, a descubrirme
La esencia de la ira.
Vestida con un manto vaporoso,
Hizo presencia la herramienta
Que te ayuda a pensar correctamente.
El replicante dijo para sí:
La furia es tinta sepia,
Y se mueve tras ella otra figura
Más brutal y terrible,
Ubicua en su existencia.
Y no hay un replicante
Que no sea portador de esa figura
Ni incolora ni pálida,
Ni silenciosa ni ruidosa,
Sin corpulencia, pero omnímoda,
Escrutadora y vigilante;
Con la velocidad de un perezoso,
Y, paradoja en movimiento,
Por la velocidad con que hacer presa:
Lengua de camaleón,
Fauces de víbora,
Y ponzoñosa como el escorpión.
Su hibridez no le impide
Parir aquí y allá retoños:
El odio corrosivo,
La destructividad
Ceguera irracional;
Tan poderosa, que no es raro
Que el replicante portador Triture con sus dientes
Sus propios intestinos,
Y vaya carcomiéndose a sí mismo
Hasta morir sin savia,
Ya sin sangre.
Yo era el replicante, y entendí
Que ella vivía por mí
Y al mismo tiempo nos mataba;
Desecaba los lagos,
Marchitaba las flores,
Convertía los néctares en piedras,
Las estrellas en huevos tan oscuros,
Que el vacío tenía eternidad.
El replicante dijo para nadie
Y también para todos:
No hay salvación:
La cargamos tan dentro,
Que estamos condenados a llevarla
Más integrada que la propia piel,
Que a nuestros huesos,
Y a esa sangre que corre en nuestras venas.
La furia, pues, solo es la tinta;
El animal, la sepia, está detrás.
Ella es la envidia.
Ricardo Montes de Oca, The italian coffee, Puebla Pue, 27-4-07








