Miguel Ángel Andrade
Cuando la noche y sus interrogaciones matutinas
sólo nos dejan en los párpados un licor inútil
y las travesías de los roedores por las calles
terminan arrancándoles la cola
en esas veredas de pavimento
en el vértice de la casualidad
en los sucios ascensores
donde no hay tiempo para una eyaculación precoz
ahí reside el mantenimiento del azar
no en la imagen que llora
y pide versos interrogativos
no en el sonido de eficaz audacia
no en los dados eternos de la caída
no
cada peatón
cada página del aullido tierno que somos
tiene un signo bajo la conciencia
respiramos por imposición del aire
somos víctimas idiotas de la luz
cada sonrisa es la prueba feraz de las mentiras
en vano los mapas intentan confundirnos
cuando buscamos una grieta:
todas las ciudades tienen campana de emergencia.
* Del suplemento Alebrije No. 16, publicado en el periódico Cómo?.
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