
31 de mayo de 2017
Ayer fui dada de alta por la clínica de Cáncer de mama del Hospital General.
Ayer... después de un año de numerosos estudios, laboratorios clínicos, mastografías (radiaciones), ultrasonidos de mama, exploraciones, cirugía, segmentación, extracción de tumor, arpón, biopsias, medicamentos, dietas, ejercicio, y cambio en mis hábitos emocionales y de estilo de vida: Apego a situaciones, personas y tóxicos.
Ayer para mí fue uno de esos días que todos alguna vez guardamos celosamente en el bolsillo de la inaccesible felicidad.
¿Haz tenido un día así? Estoy segura de que sí. Hoy abro el cofre de mis victorias guardado bajo mi almohada, una almohada cómplice de lágrimas y oraciones nocturnas, cómplice de silencios desolados, cómplice de mis reproches y juicios lanzados con furia como flecha incandescente al universo, cómplice de mis miedos infernales, cómplice de tanta soledad e incertidumbre. Abro este cofre y comparto contigo su contenido:Mi renovación como mujer, mi aprendizaje y sabiduría a base de confianza y aceptación, mi valor nacido del terror, mis escritos y textos ahora con un renovado y nuevo sentido de vida, pero sobre todo y todas las cosas comparto contigo esta dicha de saberme viva, con más de una y mil oportunidades para trascender, perdonar, amar y ser feliz así como soy.
Feliz con lo que no tengo, con quienes no se encuentran a mi lado, con los rechazos y criticas a mi persona, feliz con el abandono y los juicios lanzados como dardos a mi libertad, ¡feliz! Cautiva quizá, algunas veces en mis propias contradicciones, como la eterna alumna que soy, pero feliz y segura de mis actos. Esta experiencia ha marcado mi vida y mi cuerpo maravillosa y encantadoramente, te diré por qué:
He conocido a mujeres impresionantemente GRANDIOSAS, mujeres en este doloroso camino, mujeres con cáncer, mujeres que aún sin poseer una bella cabellera son más hermosas que las propias sirenas. Mujeres que aún sin un seno o sin ellos reflejan fuerza, magnetismo, entereza; presencia ante la vida. Mujeres con TEMPLE como ninguna. Mujeres que rezan esperanza, reclamo, un lugar en las olimpiadas de la vida y, ¿que crees? se lo han ganado a pulso como las mejores deportistas de alto rendimiento, entrenadas por el dolor, la soledad, el miedo, la incertidumbre y la desolación. Ellas ahora son y serán mis nuevas amigas porque he encontrado en ellas lo que nunca encontré en las "Bonitas, las ricas, las perfectas, las sábelo todo, las guapas... las santas".
Mi cuerpo ahora lleva las cicatrices de la verdad y simpleza de las cosas, un lenguaje que ha quedado eternamente en mi piel para que nunca más olvide que la belleza y la grandeza humana se encuentran en las rutas del dolor, no en las apariencias. En fin me pasaría toda esta tarde al lado de mi música de piano escribiéndote para nunca terminar de compartirte lo que he aprendido, sin embargo, yo creo que tu alguna vez compartirás, si tú quieres, lo grande que eres y también tus lecciones de vida, yo, te estará profundamente agradecida.
Hoy solo quiero decirte que no me iré del todo de la Clínica de mama, que regresaré cada semana a compartir con mis hermanas de vida la más grande lección de Valor que alguien jamás pueda haber recibido de ellas, mis maestras:
Está lección se llama: AMOR A LA VIDA. LA VIDA... Sea como sea.
Gracias por quedarte a mi lado.
Marcel.
Autor: Marcel Moranchel








