
7 de octubre de 2016
de EL ACANTILADO Y EL MAR 1992
Yo, acantilado.
Memoria del mundo,
ojos del mundo,
conciencia del tráfago del mundo,
cristalización del fuego que me dio vida,
observo,
escucho,
muerdo los frutos del enigma,
las preguntas sin cosecha recolecto.
De mi cárcel de los hombres desespero.
Los barrotes del odio nos tienen prisioneros.
Más que el hierro o el fuego,
el egoísmo,
más que el estruendo suicida,
los hornos cremasueños:
la pavorosa incapacidad de amar.
Imagen: pinterest.com
Renée Ferrer. CIINOE Ediciones.
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