
27 de septiembre de 2016
de NOCTURNOS 1987
Nocturno No. 7 de Federico Chopin
Vengo del lugar donde se abren
los misterios promisorios del alma;
del valle original de los destinos.
Vengo del lugar donde germinan
el pulso y la palabra.
De ese espacio primigenio germinan
el pulso y la palabra.
De ese espacio primigenio partí
para llegar
hasta la cima o el abismo
del desvelo.
Guardo el secreto designio de transitar
los inconexos mundos que me habitan,
los múltiples rostros olvidados.
A través de otros cuerpos peregriné
largamente
para amar,
cincelando mis ansias,
los misteriosos recovecos del ser.
Llevo el andamio de la luz
en mi corazón
para pulir las aristas inconclusas
de mi alma.
Soy ansia y carne,
eco, latido
canto, tristeza,
voluntad, fuego,
amor y sueño.
Soy carne y agua,
ahínco, anhelo,
elipse alada estrenando sueños
en las praderas del universo,
en las honduras del universo.
Soy sangre y pulso
camino vietno,
corriente abrupta,
remanso entero
flecha y distancia
sobre la huella puntual del péndulo.
Jirón y herida de amanecidos sueños,
pasión de andar errante,
impenitente,
congoja de latir
y siembre alegre,
mvío, timonel
y espuma suelta,
desaliento, dolor, vuelo resuelto.
Certeza de que la muerte
no se snombra,
y la tumba es portal y otra vez sueño.
Vuelvo adonde despuntan
los brotes encendidos del alma;
del valle donde se acuñan los desvelos;
allí donde se contagia de manantial.
Vuelvo al recinto de la luz,
embriagada de verbo y transparencia,
a cubrirme la frente de absoluto.
¡Oh, plenitud
de retornar
sin vestiduras
a ese lugar;
siendo otra vez
toda de luz,
diáfana,
libre,
inmaterial.
Alma
ataviada
de universo.
Imagen: susurrosdelcorazon2013.blogspot.com
Reneé Ferrer.








